Florentino se aferra al baloncesto y al sueño de la Novena para no llevarse otro disgusto

Las penas duran lo que tarda en llegar un nuevo motivo para ilusionarse. En el caso del madridismo, lo que va de una semifinal de la Champions League a una de la Euroliga; del fútbol al baloncesto; de la esquiva Undécima al sueño de la Novena. El Real Madrid vuelve a estar donde quería y donde estaba obligado a estar, en la Final Four, igual que en los dos años anteriores, cuando perdió en las dos ocasiones a pesar de llegar como favorito.

En esta edición, en la que debuta contra el Fenerbahçe (21:00 horas), la presión para el Real Madrid es triple. Primero, por los 20 años que lleva sin ganar la Copa de Europa, demasiados para el club más laureado del continente. Segundo, por las dolorosas derrotas de 2013 y 2014, muy presentes. Y tercero, porque juega en casa, con mayoría madridista en las gradas. Pero encima hay un elemento extra que se suma a esos tres: la eliminación del equipo de fútbol, que hace que todos los madridistas que no suelen prestar tanta atención al baloncesto, Florentino Pérez entre ellos, acudan al Palacio de los Deportes con la esperanza de no cerrar la temporada sin un gran título.

Desde la llegada de Laso, el Madrid ha jugado llegado tres veces a la Final Four (Efe)

«La eliminación es un palo muy duro para el madridismo, pero nosotros ya teníamos presión por jugar en casa. No creo que porque el fútbol haya perdido ayer (por el miércoles), haya más presión. Sabemos lo difícil que es llegar hasta aquí y ganar la Euroliga. Nos da igual lo que nos digan desde fuera, nosotros seguimos trabajando y sabemos que nos quedan dos grandes batallas», dice el capitán, Felipe Reyes.

La historia no juega partidos

«Llegar aquí es complicadísimo», afirma Pablo Laso, que reivindica la trayectoria del equipo en los últimos años. «Muchas veces te quedas con el título que has ganado, todo eso está muy bien, y los títulos muchas veces refrendan el trabajo, eso lo sabemos todos y nosotros aspiramos a esos títulos, pero cuando en el tiempo ves que el equipo ha sido capaz de competir a este nivel en Euroliga y llegar a tres Final Four consecutivas, siginifica que ha estado haciendo muchas cosas bien y debes sentirte orgulloso por ello»,explicaba el técnico madridista a los periodista antes del entrenamiento de este jueves.

Desde que está en el Madrid, Rudy siempre ha llegado a la Final Four (Efe)

Laso insiste en lo que dijo por Vassilis Spanoulis cuando le preguntaron por los enfrentamientos pasados entre el CSKA y el Olympiacos: «La historia no juega partidos. El pasado es pasado». El entrenador del Real Madrid es menos cotundente, pero igual de claro: «Para mí el gran mérito es haber jugado dos finales, sirve como experiencia, pero el pasado no juega partidos. Estamos muy orgullosos de las dos temporadas anteriores, pero ahora mismo estamos con otra historia».

En la última Copa de Europa del Madrid, en 1995, hay una escena que casi vaticina la sequía que durante estas dos décadas (sólo ha ganado una Recopa y una Eurocup). En mitad de la celebración, el periodista de TVE Nacho Calvo le pregunta a Ramón Mendoza, presidente por aquel entonces, si aquel título iba a relanzar la sección. «Va a seguir igual. Esto es un premio al esfuerzo de una sección con muy mala suerte, muy maltratada en la vida muchas veces», contesta Mendoza. Calvo insistió, pero la respuesta fue más o menos la misma: «Todo va a seguir igual, no va a pasar nada».

Y así fue. Nada cambió y todo fue a peor. Menos de una década después, la sección atravesó uno de sus peores momentos. Era un equipo incapaz de competir por colarse entre los mejores de Europa, la verdadera barra de medir el éxito de un club que se considera a sí mismo uno de los más grandes de la historia del baloncesto europeo, si no el que más.

Le costó entrar en el siglo XXI y perdió mucha distancia con sus competidores. Le costó recuperar terreno, incluso se llevó por delante a un entrenador como Ettore Messina, pero el Madrid consiguió regresar al primer nivel del baloncesto europeo con el buen trabajo de Alberto Herreros en los despachos, con el acierto de la contratación de Pablo Laso y con una gran generación de jugadores (Rudy Fernández, Sergio Llull, Sergio Rodríguez, el eterno Felipe Reyes).

El Madrid ha recuperado una identidad propia, ha sido elogiado sin parar durante los últimos tres años y ha vuelto a luchar por todos los títulos. Pero se le sigue resistiendo la Euroliga. Y todos en el club, desde el jugador menos importante al presidente, saben que eso es lo que les falta entrar en la historia.

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