Con este 'gadget' de bajo coste nunca más volverás a perder nada

Pasamos de media 168 horas de nuestra vida intentando averiguar dónde aparcamos el coche y 38 días buscando las llaves. Por regla general el ser humano pierde mucho tiempo detrás de objetos que cree haber perdido, pero que en realidad siempre han estado en el mismo sitio. Para combatir este mal, son varios los fabricantes que han lanzado al mercado dispositivos capaces de geolocalizar objetos, aunque la mayoría de ellos con una vida útil muy limitada. En Teknautas hemos probado el G-Tag, un gadget que destaca por su bajo precio y la posibilidad de cambiar la pila.

Ocupa lo mismo que una caja de cerillas. O lo que es lo mismo: 37x37x9.2 mm. Su peso también es bastante ligero. Estamos hablando de 12 gramos. El G-Tag es un localizador que se puede llevar en el llavero, una maleta, ordenador portátil o incluso en el collar de nuestra mascota. Que en todos estos casos pasará desapercibido.

El dispositivo funciona vinculándose con nuestro smartphone mediante una aplicación gratuita, disponible para iOS y Android. Una vez la tengamos descargada sólo es necesario registrarse y emparejarlo. A partir de ese momento podremos ver desde la pantalla de nuestro terminal su ubicación exacta.

G-Tag utiliza bluetooth 4.0 por lo que es necesario tener activada esta función en el teléfono. El rango de acción es de 30 metros aproximadamente. Dentro de esos límites la aplicación nos dice cuánto de cerca estamos del objeto que buscamos. En este caso sugiere que está a nuestro alcance, y dentro de esta opción puede encontrarse Muy próximo, Cerca o Lejos según nos vayamos moviendo.

Si por el contrario nos encontramos demasiado lejos la aplicación mostrará un mapa con la última localización exacta del gadget, gracias al GPS. Algo muy práctico por ejemplo si lo hemos dejado en el coche y no recordamos dónde se encuentra aparcado.

Una alarma para casos de robo

Otra de las peculiaridades de este dispositivo es su opción de alarma. La app del G-Tag ofrece la posibilidad de emitir un pitido en el móvil en el caso de que el objeto salga del rango de alcance del bluetooth. De esta forma nos puede alertar si por ejemplo nos están sustrayendo la maleta o el portátil en un restaurante o aeropuerto.

Gracias a su bajo consumo energético, el fabricante ha asegurado que su pila tiene una vida útil de un año. Su gran ventaja con respecto de la mayoría de gadgets de este tipo es que puede sustituirse por otra. En la parte trasera dispone de tres sencillos tornillos que una vez retirados permiten acceder al interior. En este periódico ya lo hemos visto por dentro y podemos asegurar que no es difícil cambiarla.

G-Tag tiene otra ventaja: cuenta con un grado de protección IP 67. Lo que quiere decir que se puede sumergir en el agua un metro y durante un tiempo máximo de 30 minutos. Por último, cuenta con una función de Lista que recuerda qué cosas importantes debemos llevar en todo momento.

El dispositivo es compatible con teléfonos Android con una versión 4.4 o superior con bluetooth 4.0 y con los iPhone 4S, iPad 3 o iPod Touch 5 o posteriores y con iOS 7 o superior. El precio de cada unidad es de 19,99 euros. Por su parte, la caja de tres unidades cuesta 49,99 euros y la de cinco 79,99 euros. Los colores disponibles son el negro, blanco, rojo, verde y naranja.

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La madre del 'hype' te explica cómo Apple consigue que necesites algo que ni conocías

Poco se sabía del Apple Watch antes de su presentación, ni siquiera su nombre. Pero muchos usuarios tenían bien clara una cosa: lo querían. Mejor dicho, lo necesitaban. Se trata de un claro ejemplo de hype, término que hace referencia a la sobreexpectación que genera cualquier novedad, especialmente en el mundo tecnológico. Todo nuevo producto, desde los DVD hasta los wearables, pasan por una montaña rusa de emoción, resistencia, desilusión y aceptación. Y empresas como Apple, Google y Samsung son expertas en controlar este ciclo en su propio beneficio.

“En realidad el hype va sobre la atracción humana hacia la novedad más que sobre la tecnología en sí misma”, explica a Teknautas Jackie Fenn, vicepresidenta de la consultora Gartner. Esta experta en innovación desarrolló, hace justo 20 años, el ciclo del hype que siguen todo tipo de productos. Sin embargo, según añade Fenn, las compañías tecnológicas pueden influir en él mediante campañas de marketing para desatar el interés de los consumidores.

Este ciclo tiene una parte muy necesaria para la evolución de la tecnología, tal y como aclara Fenn: “Si nadie supiera que las cosas han cambiado, la gente no adoptaría nuevos productos”. La línea puede parecer difusa, pero el control del hype tiene más que ver con marketing que con los vendehúmos. Se pueden pagar campañas de publicidad para potenciar la sobreexpectación y que todo el mundo conozca la tecnología, pero no se puede lograr con dinero que la gente la acepte. No en vano desde Google Glass al móvil de Amazon, la lista de fracasos es larga.

Pero el hype puede ser un arma de doble filo si las empresas empiezan a exagerar sobre sus productos, para atraer la atención del consumidor ante la sobrepoblación del mercado. Fenn explica que es entonces cuando “las expectativas generadas no pueden cumplirse durante las primeras etapas de madurez de la tecnología». Se trata de mantener a un equilibrista entre la realidad y la expectación que si da un paso en falso cae hasta el abismo de la desilusión.

“Se convierte en algo negativo si las empresas se dejan influir todo el rato por el ciclo de la sobreexpectación”, advierte Fenn. La madre del hype aclara que esto sucede cuando se intentan colocar muchos productos en el pico de las expectativas sobredimensionadas para luego abandonarlos cuando caen en el abismo de la desilusión. Según la experta, las compañías deben entender el ciclo como una tubería que hay que atravesar y que es normal que algunas tecnologías se encuentren en pleno hype mientras otras caen.

Para Fenn, el reto al que se enfrentan las empresas que quieran evitar esta caída consiste en “enfatizar las nuevas cualidades del producto sin dejar de ser realistas”. Este equilibrio entre expectativas y realidad es el truco que utiliza Apple para “vender cosas que no sabías que necesitaras”, según las palabras del experto en marketing Larry Chase en The Sydney Morning Herald.

Si las empresas exageran demasiado luego los productos no pueden colmar las expectativas y se cae en la desilusión

Según Chase, lo que hace que compañías como Apple sean mejores a la hora de generar hypes es que “son mejores contando una historia y creando experiencias para el consumidor”. En su opinión, se trata de crear un ecosistema de productos del que el usuario quiera formar parte. Una línea en la que cada vez se mueven más empresas, que lanzan nuevas líneas de productos interconectadas entre sí.

Para Fenn, saber cuándo el mundo está preparado para una nueva tecnología es todo un arte. Así lo demuestra el título de su libro dedicado al manejo del hype: se trata de “elegir la innovación correcta en el momento adecuado”. Por ello, no es difícil oír hablar de productos que se adelantaron a su tiempo.

El acierto de las tablets y el fracaso de Google Glass son un par de ejemplos de esta dificultad. Antes del lanzamiento del iPad, hace ya cinco años, nadie necesitaba uno. Hace poco más de un año las tabletas iban a sustituir y enterrar a los ordenadores personales. Poco después, su venta se estancaba. Subida y caída hasta la normalización.

Tampoco es fácil decidir cuándo ha llegado la hora de resucitar una tecnología que no ha podido salir del abismo de la desilusión, en ocasiones tras varios intentos. El mejor ejemplo actual es el de la realidad virtual, que vuelve a subir lentamente por la montaña rusa del hype acompañada de productos como Oculus Rift. Sólo el tiempo dirá si los consumidores aceptan esta vez la innovación, o vuelve a sumirse en el olvido.

Último informe sobre el ciclo del ‘hype’ de Gartner

El hype de las relaciones de pareja

Apple, Google y Samsung pueden ser genios del hype, pero estas cualidades no son exclusivas de los gigantes. Muchas startups utilizan las redes sociales con sabiduría para generar la necesidad de comprar sus productos como si se tratara del último modelo de iPhone. Es el caso de la empresa de gafas de sol Hawkers, que facturó 15 millones de euros en 2014 vendiendo hype, del que ellos mismos se declaran expertos: “Podríamos haberlo hecho con una taza”, aseguraban entonces.

Compañías como Apple son mejores con los ‘hypes’ porque son capaces de generar un ecosistema de productos del que los usuarios quieren formar parte

Cada verano, la consultora Gartner evalúa las tecnologías existentes y las clasifica según su posición en el ciclo, además de calcular cuándo alcanzarán la estabilidad de la aceptación general. En el último informe, el internet de las cosas se encontraba en la cresta de la ola, con el big data cayendo, el NFC en el fondo del abismo y la realidad virtual en proceso de recuperación. La evolución de los wearables durante este año, que ya empezaban a bajar en 2014, probablemente dependa de los resultados del smartwatch de Apple.

El ciclo del hype no es único de la tecnología, sino que se aplica a muchas otras áreas, incluida la ciencia. De hecho, Fenn asegura  que algunas personas creen que las relaciones personales siguen el mismo patrón. Estamos rodeados de sobreexpectativas, y la experta en innovación considera que “es difícil vencer esa naturaleza innata que hace que nos atraiga y distraiga la novedad y que seamos optimistas ante el potencial de las nuevas tecnologías”. Pero sí cree que conocer cómo se desarrolla el ciclo ayuda a “enfriar” los altibajos de la montaña rusa que las empresas intentan controlar.

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En el futuro los aviones sabrán si estás enfermo o nervioso

Estudiantes de la Delft University of Technology (Holanda) junto con la aerolínea KLM trabajan en un sistema para que los asistentes de vuelo detecten si los pasajeros de un vuelo viajan enfermos o si están nerviosos.

El sistema, según recoge el Daily Mail, se basa en una serie de sensores de frecuencia cardíaca instalados en los asientos de los pasajeros. A través de una aplicación (Flightbeat) la tripulación del avión puede tener acceso a datos sobre el estado de salud físico y mental de las personas. De momento se trataría de un concepto no totalmente desarrollado, pero la tecnología de los sensores para los asientos ya existen y sus autores aseguran que están siendo analizados por uno de los grandes fabricantes de automóviles.

Si llegase a instalarse, la idea es que el sistema sea monitorizado por la tripulación del avión, que podrían así localizar a aquellos pasajeros que necesitasen ayuda de forma rápida y eficaz. Incluso podrían evitar situaciones en las que fuese necesario un aterrizaje de emergencia, un procedimiento que resulta caro para las aerolíneas.

La idea es que el sistema sea monitorizado por la tripulación del avión para localizar a los pasajeros que necesitasen ayuda

La aplicación Flightbeat podría tener también un uso útil en otras industrias. De momento está en fase experimental pero en un futuro podría llegar a comercializarse, algo para lo que será necesaria la intervención de las propias líneas aéreas, ya que todos los componentes del avión deben ser certificados, así como tener un especial cuidado con la privacidad de los datos que se generasen con su uso. 

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Este niño de 9 años gana un millón de dólares al año probando juguetes en YouTube

AutorTeknautasEmail

Fecha08.05.2015 – 05:00 H.

TagsYouTube
Youtubers

Evan es un niño de 9 años y también uno de los youtubers más populares de la red. Está detrás del canal EvanTubeHD, una cuenta que tiene más de un millón de suscriptores y 1.000 millones de visitas.

Su trabajo, y también entretenimiento, consiste en abrir y probar juguetes -sí, el sueño de muchos-. Esto lo ha convertido en uno de los youtubers más jóvenes y con más seguidores.

Evan se unió a YouTube en septiembre de 2011, cuando solo tenía cuatro años, con vídeos stop-motion, y a día de hoy ya cuenta con tres canales: EvanTubeHD, EvanTubeRAW (vídeo blog) y EvanTubeGaming.

Su padre es el encargado de grabar, editar y subir sus vídeos a YouTube y su hermana también suele aparecer en algunos de ellos… jugando, cómo no.

Está claro que esta es una temática que funciona bastante bien, ya que en 2014, el youtuber que más ingresó se dedica exactamente a lo mismo. Concretamente, el canal DC Toys Collector ingresó 4,9 millones de dólares.

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La Bombonera resolverá la trilogía de mayo

La trilogía de mayo, como llaman los argentinos a los tres Boca-River seguidos, ya está lista para escribir el final. Boca ganó el primero, el del campeonato, con un 2-0 rotundo en su casa. River se la devolvió y ganó anoche el segundo, la ida de octavos de final de la Copa Libertadores, con un 1-0 de penalti después de un partido durísimo. Todo se decidirá en La Bombonera el próximo jueves. De esta trilogía saldrá un campeón de la batalla eterna entre los dos grandes equipos argentinos.

River salió a ganar y sobre todo a defender su portería. Eso incluía entradas durísimas, que llevaron a quedarse con diez al final, cuando ya no importaba. Boca, que se creía favorito, pudo marcar varias veces, pero falló. Después de 18 partidos invicto eligió el estadio menos adecuado para su primera derrota de 2015. Un partido donde pudo pasar todo, pero que al final se decidió por un penalti claro y bastante absurdo en el 37 de la segunda parte que marcó Carlos Sánchez. River dominó, sobre todo el primer tiempo, pero no lo suficiente como para estar tranquilo hasta el silbatazo final.

River y Boca, dos estadios, dos hinchadas, dos mundos que empezaron juntos, allá en la Boca, el barrio de los emigrantes, cerca del riachuelo, tan contaminado que nadie quería vivir allí y mandaban a los recién llegados, los que bajaban de los barcos que huían del hambre europea con ilusión, pero sin dinero y solo podían permitirse una habitación compartida en un conventillo. River dejó el sur de Buenos Aires donde nació y se marchó al rico norte. Desde entonces son los millonarios, y no quieren saber nada del barrio en el que nacieron y donde sigue su eterno rival.

El acceso a los dos estadios denota evidentes diferencias. A La Bombonera se llega por descampados llenos de basura. Al Monumental se accede desde la Avenida del Libertador, una de las más caras de Buenos Aires. En La Bombonera todo está encajonado, también los ultras de la 12, encerrados por un cristal blindado que, visto desde el otro lado, ofrece la sensación de estar observando a una criatura peligrosa y llena de vida. En el Monumental todos los espacios son abiertos y entre el público y el campo hay una pista de atletismo, lo que impide esa sensación de peso en la espalda que describen los jugadores en La Bombonera, donde apenas hay sitio para sacar los córners.

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Aparentemente, la hinchada de River no canta mucho menos que la de Boca. Al menos no cuando está el archirrival delante. Es un falso mito. Gritan y tiene canciones largas que canta todo el estadio, como los otros. Pero tienen un gran problema: se escucha mucho menos. Sencillamente sus cánticos se elevan al viento, los de los rivales se aprietan y se notan en el cuerpo por esa caja de bombones inconclusa que es el estadio de Boca. Una caja de resonancia perfecta. Pero los millonarios también gritan, tanto que los aviones que pasan cada cinco minutos para aterrizar en el vecino Aeroparque apenas se escuchan.

Los carteles que llenan el estadio son de los mismos barrios populares que se ven en La Bombonera. Con algunas diferencias, sobre todo por la ubicación norte-sur, los dos equipos son interclasistas, grandes y ricos. Aunque no tanto como sus hermanos en España, Italia o Reino Unido, que se llevan casi desde niños a las mejores estrellas argentinas, dejando el fútbol local en manos de jovencísimas promesas, descartes y estrellas veteranas que vuelven a su tierra a pasar sus últimos años. Para más inri, los dos equipos, que antaño anunciaban cervezas argentinas, ahora llevan en su camiseta a un conocido banco español, uno de los más importantes en Argentina, donde los españoles dominan buena parte del mercado financiero.

A River y Boca les unen otras similitudes, como el nivel de los delitos cometidos por los jefes de sus barras bravas. Los de Boca acaba de crear un conflicto entre el Gobierno y el club porque querían volver al estadio después de cumplir sus condenas. Uno de ellos ha sido procesado por homicidio. El que fue líder de la barra de River, Alan Schlenker, acaba de ser condenado por asesinato.

Ajenos a la guerra en las gradas, River y Boca pasaron una primera parte de tanteo con dominio de River. Era como si tres superclásicos seguidos fueran demasiados y los jugadores estuvieran cansados de tanta presión. Pero nada más empezar la segunda parte volvió la emoción. Boca salió a por todas, y estuvo a punto de marcar dos veces en el primer minuto. Dominaba. Pero ahí estaba la hinchada millonaria.

En todos los estadios del mundo jugar en casa ayuda. Pero en Argentina, donde el público al completo no para de cantar todo el partido, la afición es un jugador clave. Y ahí estaba el Monumental para ayudar a los suyos. “Vamos, millonarios, hay que poner más huevos, esta noche cueste lo que cueste, tenemos que ganar”, gritaban. “Lo único que quiero es salir campeón en La Bombonera”, animaban con un cántico de siempre para el superclásico. Y River reaccionó.

Boca parecía durante un buen rato sin fuelle. Pero River perdonaba. Como sucedió la semana pasada antes de que llegaran los dos goles en los últimos cinco minutos, la cosa parecía encaminada a un empate. Hasta que llegó el penalti y el gol. Y ahí, después del 1-0, River pudo rematar el partido. Pero a Boca le salvó su portero, que logró dejar las cosas listas para que La Bombonera decida. Y allí de nuevo la hinchada hará su parte, que en Argentina es muy superior a la media.

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