LANDVO L500S: el smartphone octa-core más barato del mercado

LANDVO L500S: el smartphone octa-core más barato del mercado

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Los smartphones octa-core no suelen ser baratos, de hecho la mayoría están asociados al sector de gama alta y esto los pone lejos del alcance de muchas personas. Afortunadamente siempre existe alguna alternativa, y como verán a continuación los móviles de ocho núcleos también se pueden encontrar a precios ridículamente bajos. El dispositivo que estamos viendo en las imágenes es el nuevo LANDVO L500S, ya disponible para ser reservado. Como les comentamos en el título, se trata del smartphone octa-core más barato del mercado.

El nuevo LANDVO L500S tiene especificaciones bastante variadas: su pantalla es una WVGA de 5 pulgadas con resolución de 854×480 píxeles, debajo de la cual encontraremos un chip MediaTek MTK6592M de ocho núcleos a 1.4 GHz que además viene acompañado por una GPU Mali-450, una versión mejorada de la conocida Mali-400. El resto de las especificaciones principales del dispositivo son completadas por 1 GB de memoria RAM y 8 GB de memoria interna, aunque no debemos olvidarnos de que en la parte de atrás tiene una cámara de 5 megapíxeles, mientras que la frontal es de 2 megapíxeles.

Cabe mencionar que también dispone de conectividad 3G y GPS, hace uso de una batería de 1800 mAh, soporta hasta dos tarjetas SIM, dispone de ranura para microSD y corre con Android 4.4.2 KitKat como sistema operativo, sin posibilidad de ser actualizado a Lollipop lamentablemente. Como pueden ver este dispositivo claramente pertenece al sector de gama baja, siendo su chip la única característica que podemos destacar.

Lo cierto es que por el precio del LANDVO L500S es difícil conseguir un dispositivo con mejores especificaciones. Si quieren reservarlo entonces les recomendamos pasarse por Gearbest, donde está disponible a solamente $69,99 dólares, un costo sumamente bajo sin lugar a dudas.

Cuéntanos: ¿qué te parece este nuevo smartphone octa-core de bajo precio?

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Publicado en la categoría Móviles, el 28/04/2015

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Nokia dice no tener planes para volver a fabricar smartphones

Nokia dice no tener planes para volver a fabricar smartphones

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En los últimos días han estado corriendo muchos rumores sobre Nokia: la mayoría dicen que la compañía tiene planes para comenzar a vender smartphones una vez más a partir del año que viene, cosa que la finlandesa ha decidido salir a aclarar. Nokia ha indicado que no tienen intención alguna de volver al mercado de los móviles. Un comentario publicado en el sitio de la compañía indica que no hay planes para fabricar o vender smartphones, lo cual se contradice totalmente con una gran cantidad de rumores que se han dejado ver últimamente. De acuerdo con la información que circula en la red, en abril de 2016 Nokia ingresaría al mercado de los móviles una vez más, ya que no puede hacerlo antes debido al contrato que firmó con Microsoft luego de vender su división de Dispositivos y Servicios. Una de las cosas que el gigante del software exigió a la finlandesa fue no volver a fabricar o vender smartphones durante al menos dos años.

Los reportes dicen que Nokia estaría desarrollando nuevos móviles como parte de varios proyectos ambiciosos de tecnología, aunque no a la misma escala que lo hacía antes. De acuerdo con supuestas declaraciones del presidente de Nokia China, la compañía se está preparando para comenzar a vender móviles Android en la región.

Los comentarios en la web de Nokia dejan en claro que los reportes que circulan son falsos y que además se están atribuyendo declaraciones incorrectas a ejecutivos de la compañía.

Recordemos que Nokia recientemente ha estado realizando varios negocios: la compra de Alcatel-Lucent fue fijada en $16.500 millones de dólares, y además se ha reportado que la firma estaría interesada en vender su servicio Here Maps, para el cual por cierto ya tiene varios compradores potenciales como Facebook, Amazon o Alibaba.

¿Tú qué opinas? ¿Crees que Nokia volverá a vender smartphones algún día?

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Publicado en la categoría Noticias, el 28/04/2015

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La otra evolución de las especies

Debemos a Darwin la noción de una evolución basada en la lucha y el egoísmo, en la “naturaleza roja en diente y garra” que cristalizó en el perdurable verso de Tennyson; y desde los diabéticos de la isla de Nauru en la Polinesia hasta los gorilas montañosos del oriente africano confirman cada día ese mecanismo evolutivo ciego y cruel como un algoritmo psicópata. Pero hoy sabemos que hay otros caminos basados menos en la competición que en la colaboración, menos en la muerte que en la innovación. Estas estrategias no ganan al peso, pero han protagonizado algunas de las invenciones más raudas y brillantes de la historia de la vida.

Toby Kiers, de la Universidad de Vrije en Holanda, y Stuart West, de la de Oxford en Reino Unido, revisan ahora en Science las evidencias sobre nuevas especies generadas por simbiosis, o a partir de la asociación oportunista de dos especies preexistentes, cada una aportando a la sociedad unos talentos muy convenientes para la coyuntura que les toque en ese momento. La biología ha identificado casos de todo el proceso que lleva a dos especies separadas por miles de millones de años de evolución a formar una especie única con lo mejor de dos mundos.

Hoy sabemos que la evolución usa otros caminos basados menos en la competición y más en la colaboración

“Las asociaciones simbióticas son una importante fuente de innovación evolutiva”, explican los científicos. “Han dirigido diversificaciones rápidas de los organismos, han permitido a los huéspedes emplear nuevas formas de energía, y han modificado radicalmente los ciclos de nutrientes de la Tierra”. La evolución de nuevas especies por simbiosis es un fenómeno relativamente infrecuente, pero tiende a producir invenciones brillantes y veloces, al menos según las parsimoniosas escalas de los geólogos y paleontólogos.

Tomemos al platelminto Paracatenula, un gusano plano de un milímetro que campa por los sedimentos arenosos de los océanos tropicales y templados, y que ha dejado atónitos a los zoólogos de medio mundo por haber perdido la boca y el tubo digestivo. Ya no le hacen falta, porque han incorporado una bacteria (Riegeria galateiae) que obtiene su energía por métodos químicos: oxidando el sulfuro del medio a sulfato. La bacteria coloniza todo el cuerpo del gusano y se transmite de padres a hijos como cualquier otro grupo de genes. Paracatenula se considera por tanto una especie radicalmente nueva: un gusano sin boca capaz de alimentarse sin comer oxidando sulfuro.

Otro ejemplo son las cigarras, o chicharras, que han incorporado en sus células no ya una, sino dos bacterias simbióticas: Hodgkinia y Sulcia. Estos endosimbiontes (simbiontes que viven dentro de las células del huésped) ayudan a la cigarra a sacar provecho de su magra dieta de vegetales, y a subsistir durante los largos periodos (hasta 17 años) que estos insectos pueden permanecer latentes en su estado de ninfas, o cícadas. Como en el caso del gusano Paracatenula, tanto el huésped como las bacterias simbióticas han experimentado modificaciones genómicas complementarias que convierten su unión en indisoluble. También son, por tanto, nuevas especies originadas por simbiosis.

Las asociaciones simbióticas son una importante fuente de innovación evolutiva”, explican los científicos

Para entender el proceso, quizá los casos más ilustrativos son aquellos en que la transición hacia una nueva especie no se ha completado: he aquí la evolución capturada con las manos en la masa. El gusano marino gigante Riftia, por ejemplo, carece de sistema digestivo y depende para alimentarse de una bacteria simbiótica (en la foto). Pero la bacteria no se transmite de padres a hijos: tiene una vida libre independiente y el gusano la engulle durante su fase larvaria. La integración de las dos especies no es completa y puede que esté en una situación de transición.

Un caso de transición más célebre es el de las legumbres, las únicas plantas de cultivo que no necesitan nitratos: pueden obtenerlos directamente del nitrógeno atmosférico gracias a la bacteria rhizobium que se aloja en unos nódulos especiales de sus raíces. Este es el principio que subyace a la práctica tradicional de alternar los cultivos de cereales y de legumbres: los primeros emplean los nitratos que las segundas han depositado (fijado, en la jerga) en el suelo durante la temporada anterior. Un método de abonado verdaderamente sostenible.

Y no olvidemos al calamar bioluminescente. Estos calamares obtienen los asombrosos diseños de luz y color que utilizan para camuflarse de unas bacterias luminescentes simbióticas. Pero, tanto en este caso como en el de las legumbres, las bacterias simbióticas tienen también una vida libre independiente, y son adquiridas por los huéspedes a lo largo de su vida, y no transmitidas de padres a hijos. No se pueden considerar nuevas especies, sino candidatos en transición.

“La interacción entre la teoría evolutiva y la investigación genómica nos permitirá entender la evolución de la complejidad organísmica en un solo marco unificado”, concluyen Kiers y West. La simbiosis es un mecanismo de generación de nuevas especies rápido, pero solo en las escalas de los geólogos. Sus engranajes internos están repletos de finos ajustes que siguen necesitando de la selección natural darwiniana. No hay conflicto en el evolucionismo.

Estudio

Evolving new organisms via symbiosis

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Los nuevos ‘inquisidores’ acechan en la red

El 19 de agosto de 2014, una joven periodista y escritora se decidió a publicar en Twitter sus impresiones sobre el machismo vigente en la sociedad española y empezó a enumerar situaciones de su «día a día» que le parecían sexistas. Arrancó: «He ido a la biblioteca a estudiar como todas las mañanas y el chico de enfrente me ha dicho que si quería tomar un café». La shitstorm («tormenta de mierda», como la denominan los expertos) que provocó es de las más agobiantes que se recuerdan. «Eres demasiado fea para invitarte a café», «Menos biblioteca y más médicos para tratar tu retraso», «Tranquila, a ti nadie te va a violar», «Invitarte a un café no lo sé, pero tirarte cacahuetes seguro», «¿Cómo se conocieron tus padres? La única hipótesis que barajo es que sean hermanos»… Son solo algunos de los ejemplos menos ofensivos de entre las barbaridades que le dijeron durante los siguientes días: millares de tuits, algunos con imágenes desagradables y de sexo explícito. Ella borró su publicación pasados unos días, pero en su lugar seguiría circulando el pantallazo de sus palabras, para poder mantener la orgía de chascarrillos aunque ella no quisiera permanecer en el ojo de ese huracán.

Cuando la jauría digital se desata, es imposible frenarla y la sentencia te acompaña para siempre

Al margen de si su percepción era exagerada o no, se desató una violencia verbal contra esta joven que todavía no se ha diluido. Ella ya no quiere ni hablar del tema. Aquel tuit significó convertirse en el pimpampum de los más cutres y pertinaces machistas de la Red; días, semanas y meses de chistes sexistas. No es casual que estos linchamientos tengan un sesgo claramente machista: aunque las mujeres representaban el 53% de los usuarios de Twitter a comienzos de 2013, estudios posteriores muestran un declive de esa proporción en favor de los hombres, quizá porque el ecosistema de internet sigue rezumando demasiada testosterona. El 72,5% de los casos de ciberacoso los sufren mujeres, según la organización Trabajando para Detener el Abuso Online (WHOA, por sus siglas en inglés). Las periodistas reciben el triple de mensajes abusivos que sus colegas hombres, según Demos, y hasta la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) se mostró «alarmada» en febrero por el creciente número de amenazas hacia mujeres periodistas en entornos digitales. Como explicaba recientemente un artículo en el Washington Post, son muchas las voces feministas que están dando un paso atrás en internet para huir del clima irrespirable. La mayor shitstorm de la historia probablemente sea el Gamergate, que estalló también en agosto pasado, en el que los hombres de la comunidad de videojuegos cargaron salvajemente contra las mujeres que criticaban el sexismo del sector.

Cuando Twitter empezó a tener éxito en España, comenzaron a darse razias en las que el traspiés de un famoso congregaba a una multitud que se abalanzaba sobre él y, tras disfrutar de un rato de vapuleo entre chanzas, insultos y hashtags, la manada se disolvía tan fugazmente como había caído sobre la presa. Un caso de libro fue cuando David Bisbal escribió durante la Primavera Árabe: «Nunca se han visto las pirámides de Egipto tan poco transitadas, ojalá que pronto se acabe la revuelta». El cachondeo que desató todavía resuena en los confines de la galaxia internetera. Esos mismos días, unos tuits parodiando el antisemitismo dejarían al director de cine Nacho Vigalondo sin su blog en este periódico. Los medios empezaron a colocar entre las noticias más vistas estos tropezones que incendiaban las redes sociales, generando un ciclo de retroalimentación con los usuarios. Pero de un tiempo a esta parte el fenómeno se está haciendo cada vez más indiscriminado: no importa que seas un político, un personaje popular o un don nadie. No estamos dispuestos a tolerar un desliz; ni siquiera se tolera el arrepentimiento. Hacemos un pantallazo de todo para que no puedas esconder tu error borrándolo, aunque este gesto equivalga a reconocer de forma bastante explícita la equivocación.

¿Cómo se hace dinero? Clics. Estamos en un ciclo alarmante y alguien gana dinero con el sufrimiento de otras personas”, dice Monica Lewinsky

Es algo que está pasando en todo el mundo y quizá el ejemplo más paradigmático sea el que sufrió Justine Sacco. Su vida descarriló para siempre por culpa de un tuit estúpido, un mal chiste fuera de lugar que provocó una de las mayores escenas de linchamiento digital que se recuerdan. En apenas unas horas, esta joven relaciones públicas con una exitosa carrera en Nueva York pasó del más apacible de los anonimatos al estrés postraumático, a noches de pesadillas y porqués. Solo fueron 65 caracteres, no hizo falta usar los 140 que permite Twitter. Sacco publicó estas palabras justo antes de embarcar hacia Sudáfrica para pasar la Navidad junto a su familia: «De camino a África. Espero no coger el sida. Es broma. ¡Si soy blanca!». Era el último tuit de una ristra de chascarrillos malos y poco correctos. Durante media hora, hasta que apagó su móvil dentro del avión, estuvo refrescando su pantalla pero nadie hizo ni caso. Tampoco le extrañó que su tuit pasara tan desapercibido como los anteriores; solo tenía 170 seguidores, garantía de escaso impacto. Por lo general, un tuit que no ha recibido ninguna interacción en ese tiempo, caerá en el pozo del olvido para siempre.

No fue así. Nada más aterrizar, al encender el móvil, tenía un mensaje de alguien a quien no veía desde el colegio: «Siento muchísimo ver lo que está pasando». El tuit no sólo no había pasado desapercibido sino que se convirtió en la diana de cientos de miles de mensajes indignados por el racismo que destilaba. El asunto fue el más comentado en esta red social durante horas y su autora fue de inmediato juzgada, condenada y sentenciada mientras dormía una siesta a 10.000 metros de altura: Sacco era una «pija blanca racista que se burlaba del sufrimiento en África». Numerosos tuits pedían su muerte, le deseaban violaciones que le contagiaran el sida y exigían que su empresa la despidiera. Este último objetivo se cumplió de inmediato, después de que todas las cabeceras informativas contaran cómo las redes sociales habían descubierto el racismo de la relaciones públicas de una importante compañía editorial. Todo esto pasó durante las 11 horas del vuelo de Sacco, sin que la joven pudiera explicarse o disculparse, borrar su tuit o eliminar sus perfiles de otras redes sociales que fueron convenientemente destripados por la jauría. Nadie se puso de su parte, nadie publicó que quizá se estaba exagerando. El fenómeno fue tal que incluso hubo quien se acercó al aeropuerto de Ciudad del Cabo para fotografiar el momento en que Sacco llegaba, para informar al mundo.

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«Y entonces mi teléfono empezó a explotar», recuerda la propia Sacco en el libro que el periodista Jon Ronson acaba de publicar (So you’ve been publicly shamed, Pilcador) y que es el resultado de tres años dedicados a descubrir lo que queda de las personas que, como Sacco, han pasado por este terrible proceso de deshonra y vejación, una especie de lapidación en la plaza pública global que deja cicatrices en forma de resultados en Google. Sacco le explica a Ronson que su tuit solo pretendía parodiar esa mentalidad tan de estadounidense blanco que cree vivir en una burbuja que le protege. Pero ya da igual. Una vez la jauría digital se desata es imposible frenarla y la sentencia te acompaña para siempre: cada vez que alguien te busque en internet, tu imagen devolverá ese retrato deforme y monstruoso creado con retales de titulares sensacionalistas, frases sacadas de contexto y fotos de tu pasado rescatadas para humillarte.

«Justine Sacco es la primera persona que entrevistaba que había sido destruida por nosotros«, escribe Ronson. También se puso en contacto con Lindsey Stone, una joven que compartía con una compañera una afición bobalicona: fotografiarse desafiando carteles. Fumando delante de carteles de «Prohibido fumar», por ejemplo. Hasta que en un viaje de trabajo fueron a visitar al célebre cementerio de Arlington, en Washington DC, en el que descansan los caídos por EE UU. Allí, junto a un cartel que pedía «Silencio y Respeto», Stone se fotografió haciendo una peineta con el dedo y fingiendo gritar. Y su amiga la subió a su muro de Facebook. Un amigo veterano de guerra les dijo que la foto era desagradable, pero Lindsey le explicó que se trataba de un chiste habitual y que no pretendía ser ofensiva. La foto cayó en el olvido hasta que, cuatro semanas después, comenzó a recorrer foros y redes a lomos de la indignación de los más patriotas. De nuevo, amenazas de muerte y de violación, a las que se sumaron los insultos vejatorios por su sobrepeso. Y de nuevo, un deseo cumplido de inmediato: que la joven perdiera su trabajo. El buzón de Life, la ONG para cuidar adultos con discapacidad intelectual en la que trabajaba Lindsey Stone, se inundó de rabia contra su empleada. «Literalmente, de la noche a la mañana perdí todo lo que conocía y amaba», explicaba tiempo después la joven, que pasó un año sin salir de casa, sumida en una depresión, con noches truncadas por pesadillas.

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La turba nace en las redes pero puede convertirse en algo muy real. En mayo del año pasado, una tragedia sacudió Colombia cuando 33 niños murieron abrasados en un accidente de autobús. Antes de entrar en clase en su facultad, Jorge Alejandro Pérez Monroy comenzó a tuitear chistes muy desagradables sobre la desgracia. Cuando salió de clase, una multitud pedía su cabeza frente a su aulario, dispuesta a lincharle. Sólo pudo salir de allí después de que los antidisturbios cargaran contra la muchedumbre y vistiendo como uno de ellos. Tuvo que cambiar de móvil, de facultad, de carrera y hasta de nombre.

«En estos casos se activa un componente de supuesta justicia, en el que los linchadores se agarran con rabia a algún elemento moral que lo justifique», explica el sociólogo Javier de Rivera, especialista en redes sociales, coincidiendo con las conclusiones que el propio Ronson alcanza en su relato. Los justicieros de la Red creen estar haciendo el bien, poniendo las cosas en su sitio, y la única forma de hacerlo es mediante esa humillación pública. Ronson recuerda que en 1787 se inició un movimiento cívico en EE UU para acabar con el castigo de la deshonra pública, considerado más cruel que los castigos físicos, más ajustados y que debían infligirse en privado. De Rivera considera que se reproducen las normas de agresión básicas de la antropología: deshumanizar y justificar. En Twitter, con sus 140 caracteres y sus pequeñas fotos de perfil, es fácil ignorar la empatía si no queremos estropear el espectáculo. Porque en todos estos casos, fueron pocos los aguafiestas que se atrevieron a decir: «Nos estamos pasando».

Los justicieros de la Red creen estar haciendo el bien y la única forma de hacerlo es mediante la humillación pública

Funciona el linchamiento como espectáculo, como lo fue siempre. Pero además, se suman otras dinámicas digitales: «Quizás lo diferente sea que en redes sociales debemos de ser conscientes de que lo que hagamos puede acabar siendo criticado en cualquier parte del mundo y por mucha gente. Mucha más de la que nos esperamos. Por eso el linchamiento digital tiene una dimensión, alcance y velocidad que no esperamos», explica Esteban Moro, experto en redes sociales de la Universidad Carlos III. En cualquier caso, el ecosistema digital español parece menos propicio para una terrible tormenta perfecta contra un usuario porque está tan polarizado que cualquier tuit ofensivo para muchos es rápidamente defendible por otros tantos. Para los que se enzarzan más habitualmente en estas riñas las reglas de la turba y sus peligros son bien conocidos, al contrario de lo que ocurrió con las incautas de los casos anteriores. Todos los tuiteros peleones son bastante conscientes de lo que hacen cuando retuitean barbaridades de otros y cuando desean que quede constancia en Google de su error, para perjudicar tanto ahora como en el futuro.

Quizá todo este clima de acecho haya provocado la aparición de una espiral de silencio en las redes sociales, como mostraba un reciente estudio de Pew Research: los internautas temen abordar determinados temas o posturas porque saben que pueden generar una respuesta negativa en su contra. Y ya no es solo una mala contestación de un amigo o conocido, pueden ser miles de personas desde cualquier punto del globo quienes te afeen una opinión. El problema es tan grave que incluso el propio jefe de Twitter, Dick Costolo, reconoció abiertamente en un informe interno filtrado a la prensa: «No es ningún secreto y todo el mundo habla de ello, perdemos usuario tras usuario por no afrontar el tema de los acosadores. Apestamos en nuestra forma de afrontar los abusos y hemos apestado durante años». En marzo, la plataforma incluyó nuevas opciones para que los usuarios puedan denunciar con más facilidad los abusos. Sin embargo, como señala una de las víctimas del Gamergate: «Tal y como está actualmente diseñado, Twitter gana durante las campañas de acoso y nosotras perdemos».

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¿Y después? Los buscadores se convierten en una cicatriz monstruosa en el currículum de las víctimas de los linchamientos digitales. Sacco y Stone generan cientos de miles de resultados en Google (la primera fue objeto de 1,2 millones de googleos en aquellos días). Personas corrientes se ven obligadas a hacer un máster apresurado de gestión de crisis y de defensa de su imagen pública. «En el momento, lo mejor es no hacer nada. Cualquier intento va a ser visto con malos ojos, como un acto de censura, y va a generar más problemas», explica el abogado Samuel Parra, de ePrivacidad.es, un despacho especializado en solucionar estos problemas. Estas personas anónimas deben asistir silentes a su descuartizamiento público y, después de semanas o meses, tratar de recomponer discretamente los pedazos. Aquí, como en el caso de los políticos corruptos, no aplica el tan de moda «derecho al olvido», torpedeado por Google y que en realidad solo se concede en contadísimos hechos, poco noticiosos y que ocurrieron hace décadas.

La única forma de rescatar tu imagen de las arenas movedizas de Google es tratar de cambiar personalmente los resultados, un «derecho al olvido» de pago para los que se lo puedan permitir. Recurrir a especialistas que eviten que lo más horrible aparezca entre las primeras respuestas del buscador. Parra, por ejemplo, consiguió años después que todas las webs que publicaron un topless de Interviú lo borraran de sus servidores, logrando que desapareciera del buscador. «Somos dueños de nuestra imagen, nadie puede hacer circular una foto nuestra sin nuestro consentimiento», explica. A veces, la mejor estrategia es crear contenido para empujar hacia abajo los malos resultados -el 90% no mira más que los primeros enlaces que devuelve Google-, como hacen en Eliminalia: «La gente puede llegar a traumatizarse por el miedo a que su imagen online les impida encontrar trabajo», explica su presidente, Didac Sánchez. Esta empresa, según Sánchez, ha ayudado a un hombre que fue acosado tras declararse antiaborto en redes sociales y a un joven perseguido después de subir a YouTube un vídeo de denuncia de brutalidad policial en Cataluña.

No obstante, Parra no ve que seamos más conscientes de este peligro: «La gente se preocupa únicamente cuando llega la catástrofe, no hay prevención». Los internautas deberían aprender a manejarse con cuidado, a conocer las opciones de privacidad de cada plataforma pero ¿es una responsabilidad exclusiva de los usuarios? Twitter reconoce que «apesta» a la hora de hacer frente a los acosos. En el caso de Lindsey Stone, la joven admite que no sabía cómo estaban configuradas sus opciones de Facebook: la foto era pública, porque así lo había dispuesto por defecto la plataforma, pero ni ella ni su amiga eran conscientes. «He pensado mucho en eso estos meses. Facebook funciona mejor y gana más dinero cuando todo el mundo comparte», dice en el libro de Ronson, que calculó que las búsquedas relacionadas con Justine Sacco proporcionaron a Google cientos de miles de dólares de beneficio. Todos sumamos nuestro granito de arena en cada humillación pública, pero sin duda hay una responsabilidad compartida por estas empresas que son el ruedo en el que se suceden estos linchamientos. Cada vez que se enciende la pira de los inquisidores 2.0, hay una cuenta de beneficios creciendo al calor de las llamas en Silicon Valley.

Monica Lewinsky lo resume perfectamente, ahora que acaba de romper un largo silencio que ha durado 17 años, en los que estuvo luchando por recuperar las riendas de su vida, tras cometer un error de juventud: enamorarse de la persona equivocada, tener una aventura con el presidente Bill Clinton mientras era becaria en la Casa Blanca. El 19 de marzo realizó una charla conmovedora y combativa en la que relató el infierno que casi la empujó a quitarse la vida mientras los demás bromeábamos con vestidos manchados. Para ella, el horror se desató antes de la era de las redes sociales, pero gracias a foros y emails fue víctima del ciberbulllying antes incluso de que el concepto se hubiera inventado. Lewinsky habla porque quiere luchar contra esta «cultura de la humillación» que se ha instalado en la sociedad. «La humillación pública es una mercancía y el oprobio una actividad económica. ¿Cómo se hace el dinero? Clics. A mayor humillación, más clics. Cuantos más clics, más ingresos por publicidad. Estamos en un ciclo alarmante (…) y alguien está ganando dinero con el sufrimiento de otras personas». Para que la «humillación como deporte» desaparezca, Lewinsky -licenciada en psicología social por la London School of Economics- propone compasión y empatía, ponerse en el lugar de la persona que recibe tuits y titulares.

«Hay que fomentar el aprendizaje digital, integrar su manejo en nuestros valores, para generar otras dinámicas menos destructivas», sugiere el sociólogo De Rivera. Los usuarios de las redes sociales deben ser conscientes de que detrás de cada perfil hay una persona que, por muy grave que sea su error, puede sufrir las consecuencias mucho más allá del entorno digital y mucho más allá del aquí y ahora. Una demostración ejemplar de empatía la realizó la historiadora británica Mary Beard, acosada online por sus charlas feministas. Al principio, sometía a sus acosadores a la ignominia para darles una lección, aprovechando sus muchos seguidores en las redes. Pero más tarde comprendió que esto les podría perjudicar personalmente y comenzó a entablar conversaciones privadas con ellos e incluso a escribirles cartas de recomendación. «Aunque era muy tonto, imprudente y en ese momento no muy agradable, no creo que un tuit deba arruinar sus perspectivas de empleo», explicaba Beard sobre su acosador. Una verdadera lección vital.

Después de hablar con una docena de personas que pasaron por este tormento, el periodista Jon Ronson compara su impresiones, después de haber mirado a los ojos de los linchados, con las que le llevaron a hacerse vegetariano: «Echaba de menos los filetes, pero no podía olvidar el matadero».

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‘Maglev’, el tren que vuela

Ajeno y lejano a las polémicas electorales sobre el AVE, otro tren de alta velocidad atravesaba el pasado martes el plácido paisaje del monte Fuji. Al símbolo del Japón inmemorial lo vuelve a retar un ingenio humano, un tren de levitación magnética o maglev, que acaba de batir el récord mundial al alcanzar un pico de velocidad de 603 km/h y mantenerse durante 11 segundos por encima de los 600. Un periodista de la agencia France Press que viajaba en uno de sus once coches comparó el vértigo que sintió con el acelerón al de un despegue. Y no es eso lo único en lo que este tren se parece a un avión.

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El tren más rápido del mundo.

¿Cómo se consigue que un tren corra a esa velocidad? Haciéndole volar, literalmente. El SCMaglev L0, que así se llama el maglev japonés, levita a 10 centímetros sobre su base. Tren y ferrocarril no son ya sinónimos: ahora se prescinde de las vías; el rozamiento con ellas haría imposible alcanzar esas velocidades. En su lugar, el tren se desplaza dentro de una guía-viga de hormigón con forma de u. Lo encauzan, lo propulsan y lo sostienen en el aire unos potentes electroimanes: “La tecnología está basada en el simple principio de atracción y repulsión magnética: los dos polos de un imán se atraen si son de distinto signo y se repelen si son del mismo. En el fondo, el funcionamiento de cualquier motor eléctrico está basado en el mismo principio, pero aquí se aplica de otra forma”, explica Iñaki Barrón, director de Alta Velocidad de la Unión Internacional de Ferrocarriles.

A mayor electricidad, mayor campo magnético se crea. El maglev necesita uno 100.000 veces más potente que el de la Tierra. Para sacarle el máximo a la costosa y abundante energía que precisa, en el ‘maglev’ se utilizan materiales superconductores, que transmiten mejor la electricidad cuando su temperatura desciende a 269ºC bajo cero.

Unos electroimanes lo encauzan, lo propulsan y los sostienen en el aire

Otra peculiaridad estriba en que esa electricidad se transmite por los laterales de la guía de hormigón. Es como si el motor del tren, en lugar de estar en el interior de la máquina, estuviera en las guías. En su base, otros imanes hacen que el tren flote cuando alcanza al menos 100 km/h. Mientras acelera, unas ruedas lo sostienen. Se retiran en cuanto el tren flota. He aquí una nueva semejanza con los aviones y sus trenes de aterrizaje. En cambio, el aire aquí no es de ayuda: que el maglev no vuele aún más rápido se debe en gran medida al aire, que lo roza y lo frena.

Un pionero que necesita competir

Si el movimiento se demuestra andando, la tecnología de Japón se manifiesta corriendo. Y cuánto. Ya en 1964, para honrar los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964, Japón fue pionero con su famoso tren bala, el Shinkansen, que hoy recorre las principales ciudades del país a velocidades máximas de 300 km/h.

La tecnología del Shinkansen se ha exportado a Taiwán, China, incluso al Eurotúnel, pero con el maglev y la competencia de los alemanes el país parece dañado en su orgullo. Las compañías Siemens y ThyssenKrupp consiguieron el contrato de la única línea de este tipo —aunque basada en otra tecnología— que ya está en uso comercial para unir los 34 kilómetros que separan el aeropuerto de Shanghái de uno de los extremos de su red de metro.

El país compite por vender su ingenio fuera. Sobre todo, a Estados Unidos, que recupera su tiempo perdido construyendo una red de la alta velocidad a la que España también quiere hincar el diente. El primer ministro japonés, Shinzo Abe, ha ofrecido a los estadounidenses ahorrarse los costes de licencia con tal de que escojan a empresas de su país para unir por alta velocidad, convencional o maglev, Washington y Baltimore, a 60 kilómetros de distancia, y más adelante para llegar a Boston.

La seguridad a 600 km/h

¿Es seguro viajar en un vehículo que casi dobla la velocidad máxima de un fórmula uno? El maglev alemán ya dio un disgusto, aunque no por problemas intrínsecos de su tecnología. En 2006, en Lathen (Alemania), murieron 23 personas al chocar uno de estos trenes, en pruebas, contra un vehículo de mantenimiento. Para el director del centro de testeo del tren en Japón, Yasukazu Endo, no es el caso del tren de Japón: “cuanto más rápido corre, más estable se vuelve”. Así lo declaró a la agencia Reuters tras el récord del pasado martes. Solo doce días antes ya había alcanzado sin problemas los 590 km/h, su primer récord desde 2003, cuando logró los 581 km/h. Los récords pueden sucederse cada vez más rápido.

Prescinde de las vías; el rozamiento con ellas haría imposible alcanzar esas velocidades

Un tren que necesita vigas con superconductores en lugar de vías de hierro y una red eléctrica increíblemente potente no resulta un capricho barato. Por el momento, Japón cuenta con solo 42 kilómetros de línea construida, la que se ha usado para las pruebas, pero el país pretende que el tren una la capital con la ciudad de Nagoya, a 286 kilómetros, para 2027. Es necesaria una inversión de 100.000 millones de dólares (91.954 millones de euros) y la fecha ya se ha pospuesto varias veces. Aun así, el proyecto pone sus miras más allá en el tiempo y ambiciona para 2045 la conexión de Tokio y Osaka en poco más de una hora.

Tienen la palabra los gabinetes económicos del gobierno y de las compañías ferroviarias japonesas, pero también los ingenieros. De circular en un tubo al vacío, un maglev multiplicaría por diez la velocidad de récord con la que ahora ha deslumbrado. Veremos más y mejores diseños enemigos del aire.

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La sonda ‘Messenger’ está a punto de estrellarse en Mercurio

La Messenger, una sonda espacial que partió de la Tierra en 2004 y que ha estado cuatro años en órbita de Mercurio, ha consumido ya todo su combustible por lo que la NASA ha dado por concluida la misión en el planeta más cercano al Sol. Los ingenieros de control enviaron a la nave en las últimas semanas las órdenes pertinentes para realizar correcciones de órbita (la última el viernes pasado) de manera que impacte en la superficie de Mercurio probablemente el próximo 30 de abril. El choque se producirá en la cara del planeta no orientada hacia la Tierra, por lo que no se verá en tiempo real. Sin combustible, “la sonda no será capaz de luchar contra el tirón de la gravedad del Sol”, explicó Daniel O´Shaughnessy, ingeniero de sistemas de la misión. La sonda irá a 3,91 kilómetros por segundo en el momento del impacto.

La nave, sin combustible para hacer correcciones de órbita, acabaría estrellada en la superficie del planeta de cualquier manera, pero los responsables de la misión han preferido dirigir el impacto con la esperanza de fotografiar en el futuro el cráter (de unos 16 metros de diámetro) que provoque y obtener información sobre el material expuesto comparando el antes y el después.

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Ilustración de la sonda espacial ‘Messenger’ sobre la imagen de la superficie del planeta Mercurio. / NASA/Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory

Antes de la Messenger, solo una nave espacial se había acercado a Mercurio: la Mariner 10, de la NASA, que pasó tres veces cerca de ese planeta en 1974-1975. Y ahora habrá que esperar casi una década para volver: será con la misión BepiColombo que prepara la Agencia Europea del Espacio (ESA), con la participación de la japonesa JAXA, con dos sondas que está previsto lanzar en 2017 para que lleguen a ese pequeño planeta en 2024. La misión europea lleva el nombre del matemático e ingeniero Giuseppe (Bepi) Colombo que fue quién sugirió a la NASA cómo utilizar una maniobra gravitatoria en torno a Venus para colocar la Mariner 10 en una órbita solar que permitiría sobrevolar Mercurio tres veces, recuerda la ESA.

Mercurio es un planeta complicado para la exploración espacial dado que, por su proximidad a la estrella, las órbitas allí tienden a ser inestables. De hecho, la Messenger que ahora se ha agotado, fue la primera en colocarse en órbita de ese planeta de 2.440 kilómetros de radio (frente a los 6.371 de la Tierra y los casi 70.000 de Júpiter) y que gira en torno al Sol a una distancia media de 58 millones de kilómetros del Sol, frente a los 150 millones de nuestro planeta.

La Messenger, de 485 kilos en el lanzamiento, hizo un viaje de 7.900 millones de kilómetros, incluyendo 15 vueltas al Sol y sobrevuelos de la Tierra (una vez), Venus (dos veces) y Mercurio (tres veces) antes de ponerse en órbita del pequeño planeta, en marzo de 2011. Con sus cámaras e instrumentos de a bordo ha tomado datos de alto interés científico y ha enviado 256.000 imágenes de Mercurio, a cuya superficie se ha acercado hasta unos 100 kilómetros, informa la NASA. El coste de la misión, que ha desarrollado y operado el Laboratorio de Física Aplicada (APL) de la Universidad Johns Hopkins (Maryland, EE UU), asciende 414 millones de euros. Su operación ha sido prorrogada dos veces, sobre el plazo de inicialmente previsto, dado el buen estado de sus instrumentos científicos y las reservas de combustible que tenía. Al final han sido casi cuatro años de exploración de Mercurio.

“Por primera vez en la historia, tenemos ahora conocimiento real acerca del planeta Mercurio, mostrando que es un mundo fascinante de nuestro diverso Sistema Solar”, comentó la semana pasada John Grunsfeld, director adjunto de la NASA para ciencia, al dar por concluida la misión. “Mientras las operaciones de la nave espacial terminan, nosotros celebramos Messenger como algo más que una misión de éxito: es el comienzo de un largo viaje de análisis de los datos que van revelando los misterios científicos de Mercurio”.

La NASA destaca, entre los hallazgos más destacados de la Messenger, las pruebas que apoyaron, en 2012, las hipótesis de que el planeta tenía abundante agua helada y materiales volátiles en los cráteres permanentemente a la sombra de las regiones polares. Los datos tomados por la sonda indican que el hielo en esas regiones polares, si se extendiera por un área del tamaño de Washington, tendría un grosor de más de tres kilómetros. Una capa oscura de material orgánico lo cubre. “El agua ahora almacenada en depósitos de hielo en el suelo permanentemente sombreado de los cráteres de impacto de Mercurio muy probablemente llegó al planeta más interior [del Sistema Solar] por impactos de cometas y asteroides ricos en volátiles”, afirma Sean Solomon, investigador principal de la misión. “Esos mismos impactos también habrían llevado el material orgánico oscuro”, añade.

Además de los hallazgos científicos, la NASA destacó la semana pasada los logros tecnológicos que ha supuesto la Messenger, en concreto el desarrollo de su parasol térmico altamente reflectante, hecho de un material cerámico, que ha aislado los instrumentos de la sonda y su electrónica de la radiación solar directa, algo esencial en este caso dada la operación tan cerca de la estrella. “La cara del escudo orientada rutinariamente al Sol ha soportado temperaturas superiores a los 300 grados centígrados, mientras que la mayoría de los componentes de la nave han estado operando a unos 20 grados centígrados”, explicó Helene Winters, jefa del proyecto en el APL. “Esta tecnología para proteger los instrumentos de la sonda espacial ha sido clave en el éxito de la misión”, recalcó.

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El primo vegetariano del tiranosaurio

La familia de los feroces tiranosaurios acaba de hacerse un poco más grande y algo menos terrorífica. Un equipo de paleontólogos y geólogos han encontrado una nueva especie de dinosaurio en el sur de Chile que, a pesar de ser pariente de los grandes carnívoros, presenta una inigualable mezcla de rasgos de otros dinosaurios. Lo más llamativo, dicen, es que el Chilesaurus diegosuarezi nunca comía carne.

La nueva especie se ha hallado en la patagonia chilena, al sur del país. Su nombre se debe a Diego Suárez, un niño de siete años que andaba buscando piedras llamativas por Aysén cuando se topó con un hueso del dinosaurio. Los padres del muchacho, los geólogos chilenos Manuel Suárez y Rita de la Cruz, describen ahora el hallazgo en la revista Nature junto a otros expertos de de Argentina, Chile y Reino Unido . En total se han recobrado más de una docena de especímenes, entre ellos cuatro esqueletos completos. La mayoría eran del tamaño de un pavo, pero algunos huesos indican que algunos llegaban a medir tres metros de largo.

Sus descubridores lo comparan con un ornitorrinco, ese mamífero con pico que pone huevos y que parece estar hecho con partes sueltas tomadas de otros animales. El chilesaurio también era una especie de rompecabezas evolutivo. Perteneció al grupo de los terópodos, en su inmensa mayoría formado por dinosaurios carnívoros con espectaculares denticiones y una fuerza brutal como el tiranosaurio o el carnotaurus. Pero el cráneo y los pies del chilesaurio son más parecidos a los de dinosaurios herbívoros. También sus mandíbulas y dientes son característicos de animales jurásicos que no cazaban ni comían carne.

Es uno de los casos más “extremos” de evolución en mosaico, dicen sus descubridores. Mientras sus parientes continuaban perfeccionando su fisonomía hecha para cazar y desgarrar a sus presas, el chilesaurio comenzó a adaptarse a una vida y una dieta de pacífico herbívoro y desarrolló por su cuenta partes de su cuerpo similares a las de dinosaurios con los que no estaba emparentado.

El primero en Chile

Hasta ahora se pensaba que la aparición de los primeros dinosaurios herbívoros dentro de los terópodos fue muy reciente, es decir, cercana a su extinción en masa hace unos 65 millones de años. Pero el chilesaurio tiene 145 millones de años, lo que demuestra que el modo de vida herbívoro surgió en la familia del tiranosaurio y el velociraptor mucho antes de lo que se pensaba.

“Chilesaurus muestra cúantos datos ignoramos aún sobre la diversificación temprana de los grandes grupos de dinosaurios”, explica Martín Ezcurra, investigador de la Universidad de Birmingham y coautor del estudio. Se trata del primer dinosaurio completo del Jurásico que se ha hallado en Chile y uno de los más completos de todo el hemisferio sur, enfatiza Fernando Novas, del Museo Argentino de Ciencias Naturales (MACN) y también autor del trabajo.

Luis Alcalá, paleontólogo de la Fundación Dinópolis, aporta una opinión independiente sobre el descubrimiento. “Este dinosaurio presenta un ejemplo muy interesante de evolución en mosaico, con rasgos tan diferentes unos de otros que al principio el equipo creyó haber hallado varios tipos de dinosaurios”, explica. “Lo que más sorprende es que sea tan antiguo”, resalta. De hecho, los investigadores piensan que el chilesaurio era el dinosaurio más abundante en esta parte de la Patagonia, donde posiblemente convivió con los feroces depredadores de los que era pariente.

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El teclado sirve para diagnosticar enfermedades neurodegenerativas

Un acto tan mecánico y breve como es el de pulsar una tecla tras otra puede servir para detectar enfermedades neurodegenerativas. Eso es lo que ha demostrado un grupo de investigadores, que han creado un sistema que analiza patrones al teclear en el ordenador, detectando el deterioro en las habilidades psicomotoras. Ya lo han probado con personas sanas y ahora lo están investigando con enfermos de párkinson.

La forma que tenemos de usar el teclado es tan personal que se ha convertido en una de las maneras más seguras de identificar a una persona. Son muchos los elementos que forman la huella biométrica del que teclea: la velocidad de tecleo, repetición de errores, la fuerza con la que se golpea el teclado o lo rápido que se libera cada tecla. Toda esa información se puede registrar para detectar patrones únicos. Un cambio en ese patrón puede indicar que alguien está usurpando una identidad. Pero también puede revelar que el sujeto podría estar enfermo.

Pulsar la tecla es la más breve de esas métricas, sin embargo, también puede ser la más informativa. La acción se puede descomponer en tres fases: impacto del dedo en la tecla, comprensión de la yema del dedo y liberación de la tecla. Estudios de la neurobiología del teclear han mostrado que todo el proceso no dura más de 100 milisegundos y la mayor parte del tiempo (el 77%) es para la liberación. A pesar de su brevedad, cada pulsación activa la corteza motora primaria, el área motora suplementaria, los ganglios basales y el cerebelo.

«Es la métrica más robusta e independiente de tus habilidades previas de tecleo», dice el neurólogo del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) Álvaro Sánchez. A diferencia de la destreza al escribir o si se hace con dos dedos o todos, la pulsación de la tecla es una mejor ventana a lo que pasa en el cerebro. Lo que han hecho Sánchez y un grupo de ingenieros de software y telecomunicaciones es crear una serie de algoritmos para modelar matemáticamente las pulsaciones «por su capacidad para detectar un deterioro en las habilidades motoras tan determinantes en enfermedades como el párkinson», explica.

Pulsar una tecla apenas dura 100 milisegundos pero en la acción intervienen varias partes del cerebro

El resultado es un programa llamado neuroQWERTY. Fruto del consorcio M+Visión, en el que participan varias instituciones y empresas madrileñas junto a la universidad estadounidense, este programa registra las pulsaciones en el teclado y las analiza buscando cambios que puedan indicar un deterioro en las habilidades psicomotoras. La idea es tan nueva que, como dice el neurólogo, han tenido que construir la forma de medir su eficacia desde cero. «Con la fiebre, podemos saber que algo pasa cuando se pasa de 36º a 38º, pero nosotros hemos tenido que inventarnos nuestro propio termómetro», comenta.

Para probar la validez de neuroQWERTY, los investigadores usaron el programa con un grupo de personas sanas. Primero les hicieron escribir un párrafo durante el día. Después, para inducir un estado de deterioro de sus habilidades, los levantaron en mitad de la noche para que volvieran a escribir. El experimento, realizado con 14 personas de distintos países y lengua materna, se repitió pasados unos días.

La gráfica muestra el patrón de escritura de tres sujetos durante el día (izquierda) y tras levantarlos en mitad de la noche (derecha). Cada píxel es una pulsación del teclado. / Giancardo et al.

Aunque los resultados no se pueden expresar en un porcentaje de pérdida de habilidad, tal y como muestran en la revista Scientific Reports, los investigadores comprobaron que, en el estado de inercia del sueño, los voluntarios se volvían hasta un 15% más torpes.

En un segundo estudio ya en marcha, los participantes son una veintena de enfermos de Parkinson en fase precoz y, como grupo de control, una quincena de familiares. «Los primeros resultados muestran también este mismo patrón de pérdida», comenta Sánchez.

Una de las ventajas del programa es que trabaja sin afectar al uso cotidiano del teclado. NeuroQWERTY registra las pulsaciones y envía sus datos a los servidores del proyecto donde se modelan matemáticamente. Ahora mismo cualquiera puede instalarlo y ayudar a afinar el modelo. A medio plazo, sus autores quieren crear una interfaz gráfica para que el propio usuario pueda monitorear su forma de teclear.

El conjunto de algoritmos que forman neuroQWERTY, que ya ha sido patentado, podrían servir para probar la eficacia de los medicamentos que se administran a enfermos de párkinson. Pero, el objetivo final es detectarlo en personas de riesgo antes de que sea tarde.

«Ahora nos centramos en el párkinson porque es una enfermedad de mucho impacto, pero neuroQWERTY podría servir para cualquier enfermedad o situación donde se presente una alteración motora», recuerda Sánchez. El tecleo podría así, ayudar en otras enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer o la artritis reumatoide, pero también a detectar estados alterados en personas que tengan responsabilidades tras un teclado.

En esta noticia

Documento: ‘Psychomotor Impairment Detection via Finger Interactions with a Computer Keyboard During Natural Typing’
Ciencia en Español

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