afecta el frío a mi coche eléctrico

Cómo afecta el frío y las bajas temperaturas a mi coche eléctrico (y su batería)

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Entrados ya en la temporada otoñal, los cercanos días de frío están también con nosotros, algo que, si se tiene un coche eléctrico, hay que atender muy bien. Como en todo tipo de vehículo, uno de los elementos mecánicos más sensibles al invierno son las baterías, tanto de los coches con motor de combustible como de los vehículos electrificados. De todas formas, es bastante normal que tenga un mayor impacto en nuestro automóvil de nueva generación.

Las olas de frío y las bajas temperaturas afectan a todos los vehículos, de una u otra manera. Independiente del tipo de vehículo que sea, estas condiciones climáticas tienen un mismo sentido en todo lo que es la mecánica y los sistemas funcionales de éste. Aun así, es verdad que el coche eléctrico pueda tener un efecto más considerable con el frío y en función de la temperatura del ambiente.

El coche eléctrico es más sensible al frío

Aunque los fabricantes son reacios a reconocer que sufren consecuencias cuando se enfrentan al frío intenso y a posibles nevadas, a poco que se escarbe se evidencia que hay factores más frágiles que otros. De hecho, es la misma batería la que sí puede presentar diversos problemas tanto de autonomía, más frecuentes, como de recarga.

Huelga decir que los coches de combustión también presentan complicaciones ante el frío. Prueba de ello es lo que ocurrió en España el pasado enero con el temporal de Filomena, donde, según recoge Euromaster, la mayor red de talleres de neumáticos, durante aquellos días se duplicaron las citas previas al taller. Tanto, que donde la batería, el líquido refrigerante y daños en la suspensión y la transmisión por uso de cadenas fueron los principales problemas.

Y en el caso de los que lo hacen con sistemas de baterías y motores eléctricos, más aún. Esto es porque ambos elementos son los más sensibles de este tipo de vehículos, especialmente los primeros, las baterías. Una razón muy clara por la que se convierte en un factor que puede interferir directamente en la duración de los trayectos. Ello puede obligar a programar el recorrido dependiendo de la duración para encontrar un punto de recarga en el camino.

Qué impacto tiene

En la práctica, tanto a mayor frío como mayor calor, la autonomía del vehículo tiende a disminuir, pero ante las bajas temperaturas el coche también puede perder potencia. Esto es debido a que a medida que la temperatura desciende, el líquido del electrolito dentro de las celdas de la batería transcurre más lento. Esto también afecta a los tiempos de carga cuando recargamos un vehículo, que se extienden más. Es un tipo de fallo bastante ordinario en esta clase de coches.

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Es verdad que, en la mayoría de los casos, el frío que pueda afectar a nuestro coche eléctrico tendrá más efecto en condiciones realmente bajas. O lo que es lo mismo: bajo cero o en situaciones extremas (puede perder hasta un 20% de su capacidad). De este modo, estos temples por debajo de cero pueden afectar al consumo de energía, así que se ha de tener en cuenta aunque se trate de un trayecto corto.

Asimismo, la capacidad de la batería puede verse afectada, así que se ha de buscar un punto de recarga para poder evitar un susto en forma de falta de energía para continuar el viaje. Por otra parte, al descender, calefactar las baterías implica usar la propia energía de la batería para esta función, lo que evidentemente reduce la autonomía.

Reducción de la autonomía y una carga menor

La comparativa entre los coches de combustión nos dice, a su vez, que mientras los motores de combustión generan su propio calor para adaptar al motor al ambiente y mantener el espacio cálido, los enchufables deber obtener ese calor de la misma batería. En este caso, no tendrá toda su energía dedicada a mover las ruedas.

Un punto clave es el de mantener el interior del vehículo caliente en invierno, la calefacción, el cual suele ser el mayor desgaste en el rango de este tipo de vehículos electrificados, especialmente cuando la temperatura ambiente desciende por debajo de los 0ºC. Esto, como tal, representa un gasto adicional para la batería, y por lo tanto provoca una disminución agilizada de la propia autonomía.

Por último, y aunque siempre hay que estar atento a ello, en casos de frío la carga de las baterías también suele ser menor, por lo que el coche eléctrico puede verse afectado por la rapidez con la que fluye la energía. Esto provocaría una menor aceleración y un posible aumento en los tiempos de recarga. Además, una batería fría también limita la función de frenada regenerativa, que la recarga de forma parcial en circulación.