bóveda del fin del mundo

Bóveda del fin del mundo

Bóveda del fin del mundo. Vivimos en un mundo donde existen varios riesgos que comprometen la estabilidad de nuestra civilización. Hablamos, por lo general, de eventos catastróficos naturales, como el supervolcán de Yellowstone, artificiales, como un posible «invierno nuclear», o espaciales, como la caída de un meteorito semejante al que provocó la extinción de los dinosaurios. Si tienes alguna inquietud recuerda contactarnos a través de nuestras redes sociales, o regístrate y déjanos un comentario en esta página. También puedes participar en el WhatsApp. Si usas Telegram  ingresa al siguiente enlace.

Ante este escenario, hace tiempo que nos venimos preparando para hacer frente a sus posibles consecuencias devastadoras. Están quienes han creado guías sobre cómo sobrevivir a una bomba atómica, quienes apuestan a salvarse dentro de búnkeres de lujo, y proyectos generales como el de la «Bóveda del fin del mundo» que busca preservar semillas.

Lo cierto es que, además de las necesarias semillas, no sería mala idea guardar para las futuras generaciones algo de nuestra cultura. En este sentido ha surgido Global Music Vault (Bóveda mundial de música), una iniciativa que tiene como objetivo preservar algunas de las piezas musicales más importantes de todos los tiempos por 1.000 años.

Almacenando música en cristales de cuarzo

En la actualidad, gran parte de nuestro patrimonio musical se almacena en soportes digitales que pueden

estar expuestos a algunos de los riegos que mencionamos anteriormente. Ya sea por la falta de robusteza del hardware o por las dificultades para conectarnos a internet. Entonces, ¿qué alternativas tenemos para conservarlos frente a un escenario devastador?

Con el tiempo hemos aprendido que almacenar datos a largo plazo en soportes como DVD’s es una mala idea. En el otro extremo tenemos los discos de oro, como los que llevan las sondas Voyager, pero tampoco parece ser una buena alternativa, aunque, hablando del espacio, hay a quien se le ha ocurrido poner servidores en la Luna.

La solución, según Microsoft, que es uno de los socios de este nuevo proyecto, está en almacenar las pistas musicales en obleas de cuarzo. Estas, según se explica en una página web oficial, pueden soportar condiciones extremas, como inundaciones y altas temperaturas sin comprometer la integridad de los datos. Además, no se deterioran fácilmente con el tiempo, lo que las convierte en un soporte muy fiable.

De esta forma, Global Music Vault se cimentará en Project Silica de Microsoft, una tecnología diseñada para almacenar datos a largo plazo en cuarzo mediante el uso de láseres de femtosegundo, una tecnología avanzada que permite crear grabados a nanoescala. Para leer los datos se utiliza luz polarizada a través de cristal.

Project Silica es un proyecto bastante reciente. Nació en 2016 como un nuevo sistema de almacenamiento en frío para datos que rara vez necesitan ser consultados. Es decir, en este caso, no consultaremos la música grabada en este soporte con frecuencia, sino que lo volveremos a hacer después de cientos de años.

Los de Redmond han estado probado esta tecnología durante todos estos años y han llegado a la conclusión

que estamos ante un sistema cuyas características principales son la longevidad y la estabilidad. Una de las pruebas más recientes,

en en acuerdo con Warner Bros., consistió en almacenar la película original de ‘Superman’ en un cristal que mide 7,5 cm x 7,5 cm x 2 mm y contiene 75,6 GB de datos.

 

Por ahora, Project Silica se encargará de preservar una amplia variedad de expresiones musicales de todo el mundo con Global Music Vault. La bóveda estará ubicada en la isla de Spitsbergen en el archipiélago de Svalbard, Noruega, es decir, en la misma zona en la que se encuentra la bóveda de semillas. Se trata de un lugar desmilitarizado por 42 naciones, considerado como «uno de los lugares más seguros de la tierra», aunque ha sufrido algunos percances, como una inesperada inundación.

Los responsables del proyecto indican que a partir del año que viene empezarán a añadir música.

En la primera tanda incluirán el trabajo de la artista británica Beatie Wolfe, canciones del Polar Music Prize de Suecia, la Biblioteca musical de Alexander Turnbull de Nueva Zelanda y la Biblioteca Internacional de Música Africana. Si todo sale bien, este pequeño fragmento de nuestra cultura debería preservarse por cientos y cientos de años.