Con la lengua de señas, todos están incluidos

“Mi mamá me decía que no hiciera señas porque nos veían y se burlaban”. Ese es uno de los recuerdos que entristecieron la infancia de Vinicio Baquero, quien hoy, a sus 39 años, es el presidente de la Federación Nacional de Personas Sordas del Ecuador (Fenasec).

Con la ayuda de una intérprete, Vinicio cuenta a este Diario que al principio sus padres no sabían qué hacer y le enseñaron a pronunciar palabras y a leer los labios, lo cual se denomina “oralista”.

En su familia solo tenía una tía sorda, pero ella no tuvo acceso a educación. Como su madre vivió de cerca esa realidad buscó ayuda y lo matriculó en el Instituto Nacional de Audición y Lenguaje (INAL) donde al fin aprendió su idioma materno: la lengua de señas.

Con el paso del tiempo, su mamá y una hermana también aprendieron a comunicarse con señas. Para él en ese momento se inició una auténtica comprensión. “La verdadera inclusión para los sordos es que nos entiendan y se comuniquen con nosotros”, explica con sus manos.

Un grupo de sordos se capacita gracias al SIL de Fenedif para tener trabajo. (foto)

Un paso para romper esta barrera se cumple hoy al celebrar por primera vez el Día Internacional de las Lenguas de Señas, declarado por la ONU. La meta es concienciar sobre la importancia de la lengua de señas para la realización de los sordos. El lema es: “con la lengua de señas todos están incluidos”.

En Ecuador, según el Consejo Nacional para la Igualdad de las Discapacidades (Conadis), hay 62.921 sordos registrados, un 56% son hombres y el 44% mujeres. En el mundo la cifra asciende a 72 millones que usan 300 lenguas de señas.

La “verdadera inclusión” que sustenta Vinicio tuvo un hito en el 2012, con el lanzamiento del Diccionario de lengua de señas ecuatoriano Gabriel Román. El texto se dio gracias al apoyo conjunto del Conadis, Fenasec y la Universidad Tecnológica Indoamérica. Cuenta con alrededor de 5.000 palabras y una versión web, donde cada frase se explica en videos.

Antes de este diccionario, la lengua de señas estaba dispersa en Ecuador y tenía variaciones por la edad y regiones geográficas del país. Así lo señala el Informe de encuesta sociolingüística de la comunidad sorda ecuatoriana, del Instituto de Lingüística de Verano, SIL Internacional, en 2012.

Antes de este diccionario, la lengua de señas estaba dispersa en Ecuador y tenía variaciones por la edad y regiones geográficas del país. Así lo señala el Informe de encuesta sociolingüística de la comunidad sorda ecuatoriana, del Instituto de Lingüística de Verano, SIL Internacional, en 2012.

El mismo estudio afirma que la lengua de señas ecuatoriana tiene una significativa influencia histórica de antiguos signos usados en el territorio del país, así como grandes aportes de las lenguas de señas de Estados Unidos y España.

Con el lanzamiento del diccionario surgieron también los cursos de lengua de señas dictados por la Fenasec y sus filiales en el país. En los últimos 4 años, unos 6.000 oyentes ya han aprendido el idioma y la cultura sorda.

Una de ellas es Micaela Ayala. Ella está en el tercer nivel de 4, en el Consejo Provincial, lo cual quiere decir que ya puede mantener una conversación fluida. “Me decidí a estudiar la lengua de señas porque es como aprender otro idioma. Es útil para mi perfil profesional y a la vez me permite conocer y entender a los sordos”, dice la fotoperiodista, de 44 años.

Édison Velásquez en cambio aprendió cuando tenía 20. Por su religión, testigo de Jehová, enseñaba la Biblia a las personas sordas y así se familiarizó con los gestos que acompañan cada palabra y con el movimiento de las manos y los dedos.

Eso le sirvió unos años más tarde cuando, por el artículo 37 de la Ley de Comunicación, se estableció que los medios debían incorporar lengua de señas y subtítulos para dar acceso a las personas con discapacidad.

Así aplicó y fue uno de los primeros intérpretes en la televisión nacional. Empezó en Gama TV y ahora trabaja en la pantalla de Ecuador TV. Él estudió Programación de Sistemas, pero la pasión que siente por la lengua de señas lo llevó a dedicarse 100% a la interpretación. Para profundizar sus conocimientos ha participado en talleres en Colombia y Panamá.

“Antes las personas sordas requerían de sus familiares para ver las noticias. Ahora me siento feliz de ser el puente de comunicación que las mantiene informadas”.

La Federación Mundial de Sordos, WFD por sus siglas en inglés, asegura que “mediante la promoción y el acceso al lenguaje de señas las vidas de millones de personas sordas que se enfrentan a la desigualdad cotidiana sí están mejorando”.

Carolina Urbano, profesora de lengua de señas en el Consejo Provincial, confiesa que tener discapacidad auditiva en Ecuador es un desafío.

Ella reconoce que, si bien por parte del Gobierno se han logrado varios avances que benefician a las personas con discapacidad, el camino por recorrer aún es largo.

Persisten las barreras. Piensan que somos ‘sordomudos’ o ‘tontos’ y aunque no escuchemos somos capaces, somos sujetos de derechos, y merecemos mejor educación y acceso a plazas laborales”.

Precisamente la Federación Nacional de Ecuatorianos con Discapacidad Física, Fenedif, a través del Sistema de Inserción Laboral, realiza talleres y charlas periódicas en idioma de señas para que los sordos puedan acceder a un trabajo digno. En el país, según el Conadis, 11.114 sordos están empleados.

En la actualidad, el modelo de educación para sordos también ha variado para hacerles más competentes. En el INAL la malla curricular es la misma que exige el Ministerio de Educación, pero adaptada al modelo de Enseñanza Bilingüe Bicultural que consiste en formar a los sordos en señas ecuatoriana y en español escrito, así lo explica Silvana Moreno, máster en Educación y primera rectora sorda del INAL. Ella además, es la esposa de Vinicio.

“Los graduados saldrán con un nivel cada vez más competitivo y podrán acceder a la universidad”, indica la latacungueña. En el INAL hay 139 estudiantes desde inicial 1 a tercero de bachillerato. De ellos, el 30% son hijos de padres sordos y el 70% de oyentes.

Por esa razón, el aprendizaje de la lengua de señas es un requisito para los tutores de los menores.

Vinicio asegura que poco a poco se darán más progresos para las personas sordas en Ecuador. Con Silvana tienen un hijo, de 7 años, que también nació sordo. “Queremos que él crezca contento en un país más unido donde la lengua de señas cada vez más incluya a todos”. (I)