Fernanda y su esposo, Rubén, vencieron los prejuicios

A sus 31 años, Fernanda Quiroz mide 1,25 metros de altura y su esposo 1,68 metros. Ella vive con osteocondrodisplasia tipo Smith o síndrome de talla baja.

La estatura de Fernanda no impidió que Rubén Delgado se fijara en ella. El hombre que este año cumplirá 31 años recuerda que cuando su esposa estaba en el colegio él le iba a ver todos los días a la salida de clases. Le acompañaba a su casa. Ambos vivían en Machachi, en el sur de Quito.

En ese tiempo lo que le llamó la atención de Fernanda fue su forma de ser: alegre y acolitadora, dice. De eso han pasado 15 años y esas cualidades siguen intactas en su esposa, comenta Rubén.

Él, a diferencia de ella, sostiene que, en la calle, no ha sentido ningún tipo de discriminación cuando camina de la mano de su esposa. La percepción de Fernanda es distinta. Ella siempre ha sentido que la gente les mira “raro” cuando les ven juntos. Agrega que ha escuchado comentarios como: parece su hija o es demasiado pequeña para él.

La pareja se casó en enero de 2007 y su primera hija, Camila, nació en noviembre de 2006. Por su condición genética, sus órganos son proporcionales a su tamaño. Por ello su embarazo fue de alto riesgo y su hija nació prematura (32 semanas).

A los nueve meses de edad, Camila fue diagnosticada con la misma enfermedad rara que padece su mamá. La adolescente que se forma en la Unidad Educativa Municipal Sebastián de Benalcázar también ha escuchado comentarios hirientes por su condición. Sin embargo, su mamá le ha enseñado a ser fuerte y no dejar que esas actitudes afecten su autoestima.

Cuando Camila tenía 4 años nació su hermano Emiliano. Esta vez la vida de su mamá corrió más peligro, pues el infante nació con una estatura y peso normal. Durante la gestación el vientre de su mamá creció a tal punto que no podía extenderse más. Por ello le indujeron el parto. La mamá de Camila y Emiliano recuerda que en sus dos partos los médicos no sabían cómo tratarla, si colocarle anestesia para niños o para adultos. Después de su segundo parto tuvo complicaciones para caminar.

Fernanda no tiene complejos sobre su estatura, pero reconoce que existen limitaciones en cosas pequeñas, que afectan, de cierta forma, su autoestima. Para vestir una indumentaria de mujer adulta o que sea llamativa debe acudir a una costurera, pues los únicos vestidos y tacones que encuentra son para niñas que tienen su misma talla.

Rubén asegura que no se fija en esos detalles, y que lo que le mantiene junto a su esposa y madre de sus hijos es la complicidad que ambos han desarrollado a través de la convivencia. “Ella es mi compañera. Siempre me apoya, me da consejos y hace que me sienta seguro”.

Ambos coinciden en que no han experimentado inconvenientes durante su vida de pareja y disfrutan plenamente de su sexualidad.

Fernanda sostiene que no es una persona que se aferra a alguien, pero está agradecida del apoyo que recibe a diario de su esposo Rubén. (I)