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Juega el Valencia, gana el Barça

El Barça perdió sensibilidad y ha ganado dureza y, sobre todo, tiene una admirable capacidad de supervivencia, expresada en circunstancias tan sorprendentes como la de marcar un gol en el primer minuto y el otro en el último, superior en las áreas y desbordado en la divisoria, ayer tomada por el Valencia. Hubo un momento en que pareció que al Barcelona le sobraba el balón, la cancha y el partido, y se abandonaba a la fortuna propia y a la desdicha ajena, tanto da, como quedó constancia en el penalti fallado por Parejo o parado por Bravo. El Barcelona se parece más que nunca a Luis Enrique.

El asturiano siempre fue un jugador extremadamente competitivo e indetectable para los defensas y hoy es un ciudadano aficionado a las pruebas extremas y un entrenador seguro de sí mismo, hasta cierto punto desafiante, dispuesto a desmentir a los que filosofan con el fútbol, siempre directo, resultadista a mucha honra, para nada ruborizado sobre el qué dirán sobre su equipo, si ya no seduce y solo gana, si es más guerrero que artista, si la bola puede ir de área a área y no de pie a pie, todos a una, como hace hoy por ejemplo el Valencia, abatido cruelmente por la puntera Luis Suárez y la bota de Messi.

El partido lo perdió el Valencia; no lo ganó el Camp Nou, un estadio de mosaicos más que de tambores, de cánticos y pancartas, siempre expectante, más crítico con el árbitro que intimidador con el contrario, por más que mediara la invocación de Luis Enrique. El técnico pidió que temblara el campo y llevara en volandas a sus jugadores y al final hubo muchos aficionados que ni siquiera vieron los goles porque acostumbran a llegar tarde y a retirarse antes de hora para evitar atascos en Barcelona. Así que el mérito de cuanto pasó para bien y para mal, de los tramos buenos y malos de costumbre, fue del Barça y de Luis Enrique.

El Barcelona, duro,  desafiante y competitivo, se parece más que nunca a Luis Enrique

El Valencia tiene la ideología, y también las costuras del mejor Barcelona, sobre todo por la valentía con la que afronta los partidos, la autoridad con que gobierna el juego, y más si el escenario es de la talla del Camp Nou. El equipo de Nuno nunca miró al marcador sino que se fijó en la pelota y en la portería de Bravo. Y si el resultado se puso de parte del Barça a los 55 segundos fue porque Luis Suárez acabó la jugada que había iniciado Parejo: Piqué se interpuso ante el centro del volante y armó un contragolpe vertical, muy bien conducido por la velocidad de Messi y rematado por el 9.

No sabían jugar los azulgrana con ventaja, seguramente porque se han olvidado de descansar con el balón, pendientes de ser más intensos que precisos, sometidos por la excelente presión del Valencia. El Barça solo ganó un duelo de los planteados: Messi le pudo a Orban en la acción del 1-0. No tenía más futbolista el Barça que al 10, asistente al inicio, después aglutinador del juego, siempre bien puesto en la cancha, tanto cuando daba salida al cuero desde la cancha propia como en el momento en que enfrentaba a la zaga comandaba por Otamendi y Mustafi. El fútbol y las oportunidades eran del Valencia. Bravo le paró un penalti a Parejo después que Piqué tirara a Rodrigo a la salida de un fuera de banda, Paco Alcácer remató a la base del palo y el portero le sacó dos balones de la bota al 9 de Nunes. Atrevido, armónico y bien armado, el Valencia fue el único protagonista hasta el descanso, cuando la hinchada salió disparada en busca de un buen trago para reponerse del susto, sorprendido por la vulnerabilidad del Barça, por la exuberancia del Valencia y por el arbitraje crispante de González González, incapaz de atender tanta tralla y de entender a Messi.

Atrevido, armónico y bien armado, el Valencia fue el único protagonista hasta el descanso

El 10 descifró las pocas jugadas que dibujó el Barça y marró también el 2-0 en un remate con la derecha ante Diego Alves. Los azulgrana solo sobrevivieron en las porterías, faltos de pausa y de control, desbordados por los dos costados, el de Alves y el de Adriano, confundido en la medular por la presencia de Busquets como interior y de Mascherano, igual que ya ocurrió en Mestalla. Apremiado por un calendario agotador y exigente, Luis Enrique cambió a un futbolista por línea y el Barça quedó a merced del Valencia. Mal organizado, perdía la pelota continuamente, no tenía salía desde su cancha y concedía ocasiones continuamente.

El Valencia acentuó su determinación con el cambio de un lateral defensivo por uno de ataque (Gayà-Orban) mientras el Barça se corrigió estructuralmente: dejó en la caseta a Adriano para que entrara Rakitic y Mathieu pasó al costado izquierdo de la defensa, como ya pasó en el Bernabéu. Apareció Xavi y el equipo se entregó a posesiones muy largas, dispuesto a calmar la contienda y a domar al Valencia. Ocurre que no todos los futbolistas tienen la misma concepción del juego: unos aceleran, otros retienen, los hay que pasan y también quienes regatean, los diez pendientes del decisivo Messi.

No tenía más futbolista el Barça que a Messi, asistente al inicio y después aglutinador del juego

Mejoró la mecánica del Barça. Jugaban al menos centrocampistas en el centro del campo y se estabilizó el juego para desdicha del Valencia, que desfalleció poco a poco, reventado y desengañado, contrariado porque se le negó el gol durante el meneo que ofició en el primer tiempo mientras los azulgrana acabaron cantando dos en tres remates, el último de Messi en un mano a mano con el portero después de lanzar una falta a la cruceta de Diego Alves. El 10 metió el gol 400, el 46 de la temporada, y Luis Suárez, el 19º, 12 en los últimos 12 partidos, algunos decisivos como los de París.

La efectividad azulgrana fue tan rotunda como la esterilidad del Valencia, un señor equipo, 10 partidos invicto hasta ayer, más consistente que el Barça, de nuevo ganador sin discusión: 2-0. Palabra de Luis Enrique. A ver quién le lleva la contraria.

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Narices de coliflor

Aparte de que el dueño es un siniestro magnate ruso, el entrenador es un payaso maquiavélico, el capitán es un personaje singularmente repelente, el equipo increpa a los árbitros con más deliberado cinismo que cualquier otro de la Premier League y, encima, va primero en la tabla, cuesta entender porqué el Chelsea es el equipo que más insultos recibe a través de las redes sociales ingleses.

Una organización llamada Kick It Out dedicada a combatir la discriminación en el fútbol publicó esta semana un análisis estadístico de los mensajes abusivos dirigidos a equipos y jugadores de la Premier vía Twitter, Facebook y varios foros o blogs en internet. Descubrió que desde el comienzo de la temporada actual hubo 134.400 mensajes de esta naturaleza, la cuarta parte de ellos de corte racista, la quinta parte, homófoba. También hubo referencias groseras a las mujeres, al Islam, a los judíos, a los discapacitados, a la gente mayor y a los transexuales. Las principales víctimas fueron el Chelsea, que recibió 20.000 de estos mensajes, y el jugador del Liverpool Mario Balotelli, primero en la lista individual con 8.000.

Se supone que todo esto es motivo de alarma social. Según Kick It Out, “el nivel de abuso es asombroso. Debemos hacer todo lo que podemos como colectivo para proteger a aquellos que reciben estos insultos discriminatorios”. Pero ¿realmente es tan grave la situación? ¿No podría uno argumentar que lo asombroso de estas estadísticas es más bien que son tan pocos los que insultan?

Desde agosto hubo 134.400 mensajes insultantes en las redes, la cuarta parte racistas

En Reino Unido hay diez millones de personas que usan la red social Twitter, 24 millones que están en Facebook. Si suponemos que aquellos 134.400 mensajes abusivos provienen de, digamos, 50.000 individuos (aunque seguramente la cifra real sea más baja), estamos hablando de un pequeñísimo porcentaje de la población que utiliza los medios sociales. Podemos afirmar con bastante seguridad que más de un 99% no lanza insultos feos nunca, lo cual, invirtiendo la lógica de los de Kick It Out, sugiere que el mundo futbolero inglés es, contrario a todo lo que uno suponía, admirablemente civilizado.

Que tanta gente haya reprimido la tentación trolera de escupir barbaridades al equipo de Roman Abramovich, José Mourinho y John Terry o al jugador negro italiano Balotelli (que, por cierto, tiene cierta fama de provocador en las redes) es realmente lo que más llama la atención del estudio que ha hecho Kick It Out.

Quizá deberíamos tener otras prioridades. Como combatir la pobreza, la malaria, el paro

En cuanto a la afirmación de que le incumbe al colectivo de la sociedad “proteger” al Chelsea, Balotelli y compañía, la pregunta es ¿protegerles de quién? ¿De un sector vomitivo pero minúsculo de la sociedad definido por Andrew Marr, célebre periodista político de la BBC, como un grupo de “jóvenes ineptos sociales, solteros, calvos, rancios, con granos en las caras y narices de coliflor sentados en los sótanos de las casas de sus mamás”?

Quizá deberíamos tener otras prioridades. Como combatir la pobreza, la malaria, el paro, el Estado Islámico, Goldman Sachs, Putin o la dinastía Clinton-Bush. En el ránking de los desprotegidos de la tierra el colectivo multimillonario del fútbol profesional inglés no ocupa el primer puesto. Ni los primeros 100.000. Cualquiera que se dedica a entrenar o a jugar al fútbol al máximo nivel sabe que recibir insultos viene incluido en el precio que debe pagar por el enorme salario que recibe. Es lamentable, por supuesto, que de los 8.000 insultos tuiteros o facebookeros que recibió Balotelli en los últimos nueve meses, la mitad hubieran hecho referencia al color de su piel, pero esto no significa que exista un grave problema de racismo en Inglaterra. Racistas siempre va a haber y que, según estas cifras, sean tan pocos es motivo de bastante consuelo. Un consuelo menor es que los tristes frustrados que no tienen nada mejor en sus vidas que tuitear estupideces al menos poseen el mínimo criterio moral como para señalar al Chelsea como el equipo inglés que más improperios se merece.

Pero lo mejor, repetimos, es que haya una mayoría tan abrumadora de futboleros que se resista a sucumbir a semejantes sandeces. Incluso hay gente que dice cosas muy bonitas, como el delegado de la Concacaf, la asociación de fútbol que representa a Norteamérica, Centroamérica y el Caribe, que declaró esta semana que Sepp Blatter, el presidente de la FIFA, era una figura comparable a Jesucristo, Mandela, Churchill, Lincoln, Luther King y el profeta Moisés. Indudablemente, el ejemplo a seguir.

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Siesta con susto para el Atlético

Sesteó el Atlético en el solete sabatino gallego, plegó alguna vela cuando ya enfilaba el horizonte de su reto continental de la semana entrante, marró la sentencia, seguramente se creyó con ella en el bolsillo y acabó apretado por un Deportivo con más ardor que fútbol, capaz sólo con eso de descontar en el marcador y abocarlo a un final de partido en su área. Cantó victoria al final el equipo de Simeone, expulsado de nuevo por Fernández Borbalán, el mismo árbitro con el que había tenido un encontronazo en la última Supercopa. Suma en definitiva el Atlético, que se aleja del Valencia y blinda su tercera plaza en el campeonato a costa de un rival que cae a puestos de descenso por primera vez desde la jornada 14, eso si se considera la clasificación de la Liga de Fútbol Profesional porque la de la Federación dice que es el Almería el que está abajo con tres puntos menos por sanción. Así de delirante es la situación a seis jornadas del final del campeonato.

Hay cuestiones que cuando te examinas contra el Atlético ya debes traer aprendidas de casa, por ejemplo la de limitarle las opciones de exhibir su catálogo a balón parado. Pues bien, al cuarto minuto el Deportivo ya le había dejado mostrar tres veces el género. Y el paño viste a los rojiblancos con sus mejores galas. Hay trabajo detrás, categoría en el golpeo, pero también es una cuestión mental. El Atlético acude con fe a esas acciones, el rival palidece porque se sabe amenazado. Y por ahí asoma el despiste y el gol. Marcó Griezmann con un bellísimo remate en esa tercera oportunidad porque Oriol Riera, un delantero, se quedó enganchado en labores defensivas, remiso para salir de la cueva y habilitó al punta galo. Y todo se le puso cuesta arriba al Deportivo, que se había mostrado de inicio trabajador en la presión, con un punto de intensidad que trataba de incomodar al Atlético en el manejo, pero al que le faltó el empuje que otorga el viento a favor.

Recién llegado a un club dolorido por su mal juego y la escasez de triunfos, Víctor asegura que tiene un plan para cada partido que le queda al Deportivo esta campaña. El primero en Anoeta se trazó desde la posesión, el segundo, ante un rival muy superior, buscó la mezcla, pero en bastantes situaciones el recurso al centro y el balón en largo para encontrar el entendimiento entre Toché y Oriol Riera, dos delanteros entre centrales sin ofrecer excesivos apoyos. La idea laminó a Lucas Pérez, que debía partir desde cerca de la cal, primero en su banda natural, más tarde en la derecha, siempre sufriendo porque su entrenador lo alejó de la portería. Sin esa referencia, sin interpretar cuándo debía caer hacia posiciones más centradas, desconectado del partido, el Deportivo perdió a su habitual catalizador ofensivo y apenas importunó al Atlético antes del descanso con un remate de Sidnei tras un saque de esquina. La tarde derivaba entonces en plácida para los chicos de Simeone, que poco a poco encontraron espacios para tratar el balón e hicieron más hueco en el marcador tras un saque de banda de Gámez, que también entra en el inventario de la estrategia colchonera: balón al área, mal despeje local y Griezmann en solitario para cruzar a la red. Tan simple como demoledor.

Dos arriba el Atlético asomó la desazón en Riazor porque el mediocampo visitante ya se había impuesto con Koke en su médula al frente de las operaciones. El repliegue rojiblanco frustraba cualquier intento del Deportivo, incapaz de encontrar las llaves del área, de nutrir a sus delanteros al punto que Toché se fue pasada la hora de partido sin apenas haber podido tocar bola. Y a la contra siempre se asomó el Atlético, que con el paso de los minutos guardó a Arda y Griezmann y buscó con dos delanteros, Raúl Jiménez y Torres, los espacios que dejaba la ambición local. Víctor maniobró y retiró a un lateral para armarse con tres centrales y lanzar todavía más los flancos con Cavaleiro, luego Cuenca, y Juanfran hacia el ataque. Encontró a Fabricio para mantenerse vivo en el partido tras un pim pam pum de diez segundos que delató que el rival ya no estaba, tres paradas del meta a tres intentos consecutivos sin pegada de Jiménez, Torres y Raúl García y un cuarto del mexicano que sacó un zaguero en la línea de gol. Y esa falta de puntería, quizás de codicia, le pudo haber pasado factura al Atlético porque Sidnei, que es central, realizó la mejor jugada que se le ha visto a un extremo del Deportivo esta temporada, cabalgó y regateó por la izquierda para sacar un preciso centro que Oriol Riera pasaportó a la red con un cuarto de hora de partido por delante.

Riazor estalló entonces en júbilo. Futbolistas como Álex Bergantiños arengaron a la grada agitando los brazos en alto tal y como acostumbra a hacer el Cholo, que lo divisaba todo desde una cabina de la tribuna del estadio. Soñó con al menos una bala el Deportivo, pero anda escaso de pistolas.

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El Chelsea acaricia la Premier

El Chelsea tiene la Premier en el bolsillo. Sin grandes alardes, poco mando y escasa propuesta, el cuadro de Mourinho resistió las embestidas del United y se llevó el partido con un solo golpe, de Hazard, que certificó el triunfo por debajo de las piernas de De Gea. A cinco jornadas para el final, el Chelsea le saca 10 puntos al Arsenal, su máximo perseguidor, y acaricia el título de Liga.

El United, mermado por las bajas,—Carrick, Phil Jones, Blind y Marcos Rojo, se lesionaron contra el City—no pudo sumar su séptimo triunfo consecutivo. Lanzado en la recta final de Liga, solo su desastrosa primera vuelta explica que no le haya podido discutir el liderato al Chelsea, que ha visto cómo sus rivales se caían de la lucha por incomparecencia. De hecho, el cuadro de Van Gaal es el segundo mejor equipo de la Premier en 2015, solo por detrás del Arsenal, al que le podría quitar la segunda plaza, sin perder de vista al City, a cuatro puntos.

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El fogoso inicio de los diablos rojos en Stamford Bridge pilló a contrapié al equipo de Mourinho, que no acostumbra a alarmarse con el primer contratiempo. Proponía el United, esperaba su rival, ordenado defensivo y previsible, experto en sacar suculentos réditos de situaciones adversas. Rooney pudo adelantar a su equipo cuando no se habían cumplido ni cinco minutos de partido. El ariete, más retrasado en Stamford Bridge, recibió un centro desde la izquierda, se acomodó el balón y lo lanzó a la escuadra de Courtois. En la otra portería, De Gea cantó gol. Le engañó la perspectiva, que le hizo creer que el balón había entrado por donde solo pasó cerca.

Poco a poco el Chelsea empezó a acompasarse con el ritmo del partido, marcado por el United. Sin Costa ni Rémy, Mourinho apostó por Drogba en punta. El marfileño de 37 años sumó su décimo partido como titular, escoltado por Hazard, Oscar y Fàbregas. El talento blue, sin embargo, andaba desaparecido en Londres, diluido por el control del United, bien cerrado por Herrera y punzante con Mata, que volvía a Stamford Bridge. De un embrollo y un error de De Gea pudo llegar el primero del Chelsea. Un lío que acabó con Ivanovic en el suelo y De Gea mangándole un balón a Hazard con la mano fuera del área que el árbitro no vio.

El gol llegó un instante después, cuando por fin conectó el talento ausente del Chelsea. Terry robó el balón y cedió a Fàbregas, que lo condujo hasta encontrar a Oscar. El brasileño asistió de tacón a Hazard, que encontró entre las piernas de De Gea el camino directo a su red. El Chelsea volvió a sacar petróleo de un paréntesis, de un inciso en su espeso juego.

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Hazard celebra su gol al United. / Bogdan Maran (AP)

Poco cambió en la segunda parte, salvo que el Manchester bajó la intensidad. Tanto que un despiste de Herrera, obligado a hacer del lesionado Carrick, pudo costarle el segundo en contra. El español dirigió su pase a Matic, que lanzó un balón largo a Drogba. El punta se citó delante de De Gea dentro del área, acompañado por Smalling, que llegó justo para meter el pie y desviar el disparo. El balón se marchaba desviado, pero Hazard corrigió su trayectoria y, sin ángulo, lo hizo chocar con el exterior del palo derecho de De Gea.

La más clara para el United la tuvo Falcao, que también se topó con la madera. El palo evitó que el colombiano, que pide más minutos, respondiera con goles a la oportunidad que le había dado Van Gaal. El holandés movió el banquillo en busca de la agitación de Di María y Januzag, pero resultó insuficiente para evitar que el Chelsea diera un golpe prácticamente definitivo a la Liga.

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Modric y Bale, adiós al derbi

No había acabado el partido todavía y Carlo Ancelotti ya tenía a dos jugadores tratándose en las camillas del vestuario. Gareth Bale aguantó tres minutos ayer contra el Málaga. Modric una hora. El galés se retiró con un pinchazo en el gemelo. El croata, a falta de que lo confirmen las pruebas a las que será sometido hoy, con un esguince del ligamento lateral externo de la rodilla. Es el diagnóstico de la primera exploración que le hicieron en el vestuario. El de anoche podría haber sido uno de sus últimos partidos de la temporada, ya que si las pruebas confirman la lesión, estará da baja entre cinco y seis semanas. Ninguno de los dos estará el miércoles contra el Atlético en el duelo clave de los cuartos de Champions.

“Mi optimismo es que tenemos una gran oportunidad al jugar en casa, vamos a intentar hacer lo que podamos parea llegar a las semifinales de Champions, con o sin Bale”, contestó Ancelotti cuando le preguntaron si la afición madridista podía ser optimista sobre la presencia de los dos jugadores el próximo miércoles. Al técnico italiano se le vio preocupado anoche en la sala de prensa del Bernabéu. El Madrid cumplió el trámite contra el Málaga (3-1, sufriendo más de la cuenta), se mantiene a dos puntos del Barcelona , pero el italiano se juega la temporada el miércoles sin tres piezas claves: además de Modric y Bale no tendrá tampoco a Marcelo, sancionado.

Karim Benzema, con unas molestias en la rodilla, no se entrenó ayer y no entró en la convocatoria. “Benzema va a estar. Está mejorando y tenemos cuatro días más para recuperarlo bien”, aseguró Ancelotti. Tenía la cara de un náufrago en mar abierto y sin brújula el italiano. “El partido ha sido positivo salvo estos dos problemas, hemos ganado con mil dificultades, primero las lesiones, luego el fallo en el penalti. Hemos luchado y nos hemos sacrificado, es lo que me ha gustado del equipo y era lo que necesitábamos hoy”, analizó.

Modric se quedó tendido en el suelo después de un choque con Recio. Al apoyar el pie se le giró la rodilla. Sus compañeros corrieron hacia él hasta que llegaron los médicos. El croata se probó pisando fuerte el suelo mientras uno de los galenos del club pedía el cambio. “He oído un clic”, dijo. Salió del campo por su propio pie sin cojear demasiado. Y, sin embargo, la primera exploración en el vestuario, habla de esguince. Un mazazo para Ancelotti, que justo esta semana decía que la vida con Modric era mucho más fácil, y también para el jugador. El croata regresó el 10 de marzo (contra el Schalke) después de cuatro meses fuera por un arrancamiento en el tendón. El Madrid acusó mucho su baja y, justo cuando el pequeño centrocampista había hecho despegar al equipo, se frena de nuevo.

Si las pruebas confirman la lesión, Modric estará da baja entre cinco y seis semanas

Gareth Bale, por su parte, se retiró en el minuto 3 por un problema en el gemelo. Se lesionó solo. Sentado en el suelo y tocándose el gemelo izquierdo le explicaba a Cristiano Ronaldo dónde le dolía. Abandonó el campo sujetado por dos médicos, cojeando y con mala cara. Hasta le costó bajar las escaleras que llevan al túnel de vestuarios. Los fisios estuvieron tratándole durante más de una hora en la caseta con hielo y masajes.

Para averiguar si hay rotura hay que esperar 24-48 horas. Por lo que hoy el galés se someterá a una resonancia para averiguar el alcance de la lesión y los tiempos recuperación. Queda descartado para el miércoles. Bale, que había jugado 24 partidos seguidos desde noviembre, se ha perdido dos encuentros en los últimos diez días. Contra el Eibar, el pasado sábado, descansó por una sobrecarga –un par de días antes había forzado para jugar en Vallecas después de recibir un pisotón en el entrenamiento- y ayer apenas jugó tres minutos. 3.648 minutos suma el galés en lo que va de temporada en la que ha anotado 17 goles y repartidos 10 asistencias. La última lesión muscular que sufrió –aparte la sobrecarga de la semana pasada- fue en octubre. Una rotura en el piramidal le hizo perder cuatro partidos: el de Champions contra el Liverpool en Anfield, el clásico, la ida de Copa contra el Cornellá y el de Liga contra el Granada.

Las alternativas de Ancelotti para el miércoles son Isco para sustituir a Bale e Illarra, Lucas Silva o Khedira para sustituir a un insustituible Modric.

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Un gol de Guerrero deja al Sporting en la lucha por ascenso directo

Un gol de Guerrero a diez minutos para el final dio la victoria al Sporting de Gijón ante el Alavés (1-0) y le permite mantenerse en la lucha por una de las dos primera plazas que dan derecho al ascenso directo a Primera División.

Abelardo puso de inicio en el centro del campo a Rachid, el sustituto natural de Nacho Cases, y su entrada se notó a la hora de mover el balón en un Sporting necesitado de los tres puntos ante un conjunto vitoriano en su mejor momento de la temporada y que lucha a su vez por meterse en el play off por el ascenso.

Los locales dominaron durante la primera parte en la que dispusieron de varias opciones de marcar pero continuaron atascados de cara a la portería y, bien por errores en los lanzamientos o por excesiva premura en sus acciones, el marcador no se movió.

La primera gran ocasión fue una falta al borde del área en una acción en la que Laguardia derribó a Guerrero cuando éste iba a encarar a Goitia pero la falta lanzada por Jony acabó en córner.

El Sporting encontraba huecos en la defensa planteada por Alberto López, pero las acciones de peligro acababan en nada como un saque de banda largo de Luis Hernández que remata Carmona rechaza la defensa y de nuevo el sportinguista chuta, esta vez fuera. En los minutos finales de la primera parte el Alavés se acercó un poco más a las inmediaciones de la portería de Cuéllar y Toti desde lejos probó suerte con un disparo que detuvo sin problemas el meta local.

Los vitorianos no supieron aprovechar un error en el pase del lateral Lora y Manu Barreiro disparó con potencia desde lejos, pero Cuéllar acertó a despejar.

En los primeros minutos de la segunda parte Lora sufrió dos golpes, el primero en la cabeza, del que se recuperó, pero no así del segundo, en su maltrecho tobillo, y tuvo que ser sustituido por el juvenil Meré. La lesión obligó a Luis Hernández a desplazarse a la banda donde no jugaba desde la pasada temporada y donde a lo pocos minutos vio una tarjeta que le impedirá jugar la próxima jornada.

En esta segunda mitad el nivel de juego bajó notablemente y además se equilibró porque el Sporting cayó en el juego anárquico y de continuos choques que impuso el Alavés.

En medio de un periodo de mal juego con continuas faltas e interrupciones el Sporting enlazó tres pases seguidos que acabaron en gol tras un gran pase de Carlos Castro sobre Hugo Fraile que centró a la perfección sobre la llegada de Guerrero para que marcara a placer.

Los últimos minutos fueron de nervios para los espectadores que acabaron propinando una monumental bronca al árbitro ante un posible posible, el enésimo reclamado por el Sporting esta temporada, esta vez por una posible mano de Rafa.

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“Tendré que comportarme mejor”

“Cuando me arbitre él tendré que comportarme mejor”, zanjó Diego Simeone cuando al final del partido le preguntaron con David Fernández Borbalán, que le había expulsado en los minutos finales de la primera parte del partido de Riazor, el mismo árbitro que ya le había enviado a la caseta (en realidad se quedó en la grada tras el banquillo de su equipo) en el partido de la Supercopa el pasado mes de agosto contra el Real Madrid. Entonces el técnico argentino le había propinado unas collejas al cuarto árbitro que se saldaron con una sanción de ocho partidos lejos de los banquillos. En Riazor protestó una entrada de Sidnei a Griezmann. “Consideré que merecía tarjeta amarilla”, explicó Simeone, al que tras aquel episodio veraniego con Borbalán se le aplicó un partido de sanción por quedarse en el graderío en vez de irse a los vestuarios. En A Coruña vió la segunda parte del choque contra el Deportivo en una cabina radiofónica de la tribuna al costado de uno de sus ayudantes, Juan Vizcaíno.

Fue el cuarto partido que Fernández Borbalán dirigió al Atlético esta temporada. Todos los ganó el equipo de Simeone, incluido el duelo de la Supercopa y el que les enfrentó a los blancos en Liga con goleada (4-0) en el Calderón. “Era importante ganar –dedujo el entrenador- porque está la clasificación muy apretada y hay muchos nervios y responsabilidad por llegar al objetivo. Atlético, Valencia y Sevilla necesitamos estar en la próxima Liga de Campeones”. Habló de ansiedad el Cholo, de buen fútbol también, satisfecho como quedó por las prestaciones de Koke en posiciones más centradas de las que acostumbra. “Con el correr del tiempo lo veo más en el medio que en la banda. Tiene panorama, da salida al juego y recupera”. Habló en definitiva de fútbol, detalle que empieza a agradecerse en las salas de prensa. “Buscamos de inicio una línea de cinco tras Griezmann pivoteando por delante, cinco futbolistas con buena llegada. Tuvimos fluidez. Luego entendimos que con el 4-4-2 íbamos a tener más situaciones de gol que las que tuvimos. Queríamos cerrar el partido y no fue así”.

Víctor Sánchez del Amo esperaba batallar por el partido en el centro del campo, pero encontrar un resquicio en las bandas: “Queríamos que los extremos, Lucas y Cavaleiro, se metieran hacia adentro para equilibrar la superioriad numérica del Atlético en esa zona y que los laterales nuestros fueran contra los de ellos, pero nos falló la circulación del balón”. Le abandonó también el marcador, que pronto se le puso en contra. “Los goles tan temprano les impidió seguir el plan que tenían, pero fueron valientes”, resumió Simeone. En toda esa liza no resultó un buen partido, por más que la emoción del resultado lo mantuviera vivo hasta el final, pero se habló de fútbol en Riazor, con gran presencia policial, pero sin incidentes, tampoco sin enseñas del Atlético en las tribunas y un recuerdo contínuo desde el fondo de la grada de Marathón hacia Jimmy, el ultra deportivista que pereció tras ser apaleado y arrojado al río Manzanares antes del partido que enfrentó a Deportivo y Atlético en la primera vuelta.

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