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Romance chileno

“Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de Dios”. San Mateo, 19:24


Mucha emoción, claro, por las semifinales de la Champions que se avecinan y por los desenlaces de las ligas europeas, por ver quiénes llorarán, quiénes celebrarán, de quiénes nos reiremos. Pero antes, atención. Atención, por favor, a la Primera División chilena —sí, hagan caso, a la chilena— porque este domingo o el fin de semana que viene es probable que por allá se celebre un acontecimiento deliciosamente romántico, digno de repercusión mundial.

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El equipo se llama Cobresal. Su sede es un campamento minero llamado El Salvador con una población de 6.000 habitantes ubicado en uno de los lugares más remotos de la tierra, un cerro en el desierto de Atacama a 13 horas por tierra de Santiago, la capital chilena. El estadio tiene capacidad para 25.000 personas pero su promedio de público como local esta temporada ha sido de 898 espectadores.

Sin embargo, faltando dos partidos para que acabe el campeonato, Cobresal va primero en la tabla con dos puntos de ventaja sobre Universidad Católica. Esta temporada Cobresal ya ha ganado a Universida. Este domingo le toca en casa contra Barnechea, que ya está descendido. Según Aldo Schiappacasse, el periodista deportivo más simpático de Chile (y con el apellido más difícil de deletrear), “dieron el turno libre en la mina para que puedan ir todos”, aunque “difícilmente llegarán a los 4.000 espectadores”, para la que podría ser la primera vez en la historia que Cobresal se corone campeón.

El hecho de que el partido se dispute en casa ya es motivo de celebración. El estadio había estado cerrado durante un mes como consecuencia de un desastre natural que afligió la zona del Atacama donde está montado el campamento de El Salvador. Es el lugar más árido del mundo, pero el 25 de marzo cayó más lluvia en cuatro horas que en los tres años anteriores. Murieron 26 personas, 2.000 casas fueron destruidas y pueblos enteros quedaron sumergidos en lodo.

La historia del modesto FC Cobresal no solo es David contra Goliat, es la del fénix que resurge de las cenizas

La historia de FC Cobresal no solo es David contra Goliat, es la del fénix que resurge de las cenizas. Hazañas comparables a las que parece estar a punto de completar ha habido pocas. Quizá la victoria de Corea del Norte contra Italia en el Mundial de 1966, o la del Steaua de Bucarest contra el Barcelona en la final de la Copa de Europa de 1986, o la del Real Madrid en la Copa del Rey contra el Barcelona de Guardiola en 2011. Pero ni siquiera.

Todo empezó gracias al dictador militar Augusto Pinochet que decidió fundar un club de fútbol en 1979 con dinero de la empresa minera estatal de cobre Codelco. No fue un gesto caritativo. Los mineros en Chile tenían fama de rebeldes. Podían representar un problema político para Pinochet. Tenían pan, ya que los mineros chilenos eran la pieza clave de la economía nacional, pero el general calculó que haría bien, como medida de precaución, si les regalaba circo también.

El nuevo club prosperó más de lo esperado. Se clasificó en 1986 para la Copa Libertadores, la Champions latinoamericana, lo que lo vio obligado a construir un estadio para 25.000 personas. Dada la población de El Salvador, esto sería como construir en Madrid un recinto con aforo para 12 millones. Pese a que el 98 por ciento del estadio ha estado vacío en la mayoría de los partidos disputados desde entonces, el Cobresal ha dejado huella no solo en el fútbol nacional sino en el internacional. Ahí inició su carrera profesional el goleador chileno más ilustre de todos los tiempos, Iván Zamorano, que acabaría siendo figura en el Real Madrid y en el Inter de Milán. Cuentan en Chile que fue tras perder un duelo contra el Cobresal de Zamorano que el entonces central Manuel Pellegrini, hoy entrenador del Manchester City, decidió poner fin a su carrera como futbolista.

Pellegrini, que gana 60 veces más que su homólogo en el Cobresal pero cuyo megamillonario City está teniendo una temporada lamentable, podría estar reflexionando hoy, como lo podrían estar haciendo otros, que el dinero no siempre es garantía de amor o títulos en el fútbol; que no hay gloria más grande que triunfar cuando todo está en contra —sin excluir, en el caso del Cobresal, a la despiadada naturaleza—. Juegan el domingo 26 de abril a las 16.30, hora chilena. La causa es justa. Futboleros del mundo, ¡uníos!

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El Celta ya no se embarra

La temporada que viene el Real Club Celta cumplirá cincuenta campañas en Primera División. Solo nueve equipos han jugado más tiempo entre los grandes. Se trata también del club que más veces ha estado a ese nivel sin haber levantado un trofeo, vacío que duele a su gente por el recuerdo de tres finales de Copa del Rey (1948, 1994, 2001), pero no impide que antes de cada partido cante con orgullo un himno que retrata la historia de la camiseta celeste y la cruz de Santiago: “Hala Celta a demostrar/ por historia y tradición/ que tu lema es noble juego/ valentía y corazón”.

Ese es el Celta de siempre. El de ahora agrega otros matices. “Antes no se tocaba tanto y cuando dabas muchos pases Balaídos no lo aceptaba. Vino un técnico argentino, Dellacha, que quería que jugásemos desde atrás y la gente no lo entendía y se aburría”, recuerda Manolo Rodríguez Alfonso, que entre 1966 y 1982 cultivó la leyenda del Gran Capitán, el hombre que más veces (432) ha vestido la camiseta del Celta. Hoy su equipo toca, gusta y gana. En los 32 partidos de Liga que ha disputado esta temporada solo en cuatro (Espanyol y Sevilla lejos de Balaídos y los dos duelos contra el Barça) tuvo la pelota menos tiempo que el rival. Incluso en el Bernabéu contra el Real Madrid, al que recibe esta noche en Vigo (21 horas, Canal +1), disfrutó más tiempo de ella. “Hay una clara evolución”, colige Manolo.

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Durante años el Celta forjó un estilo condicionado por el medio. Un vistazo al podio histórico de sus futbolistas más alineados muestra a Manolo y Atilano, dos coriáceos centrales, Maté, un meta de carácter, y Vicente, un todoterreno de los que nada se guardaban. Tras ellos dos ferrolanos, Juan Fernández Vilela y Santiago Castro, dos futbolistas contemporáneos con un enfoque diferente al que se cultivaba en Vigo. El primero fue esencial para que el Celta llegase a su primera participación en competición europea, un debut y despedida contra el Aberdeen en 1971. “Era un equipo un poco diferente. Teníamos una defensa que daba, pero delante éramos más técnicos que de perseguir la pelota”, recuerda Rodilla, uno de los referentes de la época, que se rebaja ante el bloque actual. “No éramos tan buenos. Ahora apenas los tres grandes juegan mejor que el Celta”.

Rodilla rescata una fotografía de un Celta aguerrido, “de fuerza, presión y empuje”, de sudor y barro, de estrecheces porque el equipo fue sexto, llegó a Europa, pero no pudo quedarse en lo alto. “Sin capacidad económica no se pudo reforzar la plantilla”, lamenta. Tres temporadas después el equipo bajó a Segunda, encadenó dos ascensos y tres descensos. Durante diez campañas no repitió en la misma categoría, del tirón bajó de Primera a Segunda B y del tirón volvió adonde estaba. Los ochenta fueron corajudos. “Luego el Celta cambió”, concluye Moncho Carnero.

«Antes no se tocaba tanto y cuando dabas muchos pases Balaídos no lo aceptaba», recuerda el veterano Manolo

Carnero ejerció de segundo entrenador en los primeros noventa con Chechu Rojo, Castro Santos, Irureta, Víctor Fernández, Lotina, Fernando Vázquez y Antic. “Pasamos de un fútbol físico a uno técnico, vinieron Mostovoi, Karpin, Mazinho o Makelele y se vivió la etapa más gloriosa del club”.

Hay detalles que varían respecto a aquel tiempo en el que el dinero de los primeros grandes contratos televisivos ofreció réditos de un fútbol de postín o cuando un poco antes, en 1994, un grupo aguerrido y con carácter (Cañizares, Patxi Salinas, Engonga, Alejo, Otero, Gudelj, Vicente…) se quedó a un penalti de ganar una Copa del Rey. Dos décadas después, salido de un desierto de cinco años en Segunda, en este Celta se percibe que hay un filón en la cantera. Partieron Rodrigo y Yoel, ahora en Valencia; Denis Suárez y Iago Aspas están Sevilla; Joselu en Hannover y Peleteiro se fue al Brentford. Pero los talentos no dejan de brotar y en las últimas convocatorias de la selección sub-19 ningún otro club aportó más futbolistas. “Santi Mina es muy bueno”, alerta Carnero. “Jonny durará poco en Vigo”, avisa Rodilla.

Cuentan los veteranos del coliseo vigués que a Maguregui la grada, harta de tanto cerrojo, le exigía sacar al equipo de la cueva. “Cuando me subió me pidió trabajo, sacrificio e intensidad”, rememora Otero, internacional con Clemente. “Todo cambió con la gente porque antes las pitadas eran monumentales aunque fueras un debutante. ¡Ceder la pelota al portero era como un sacrilegio! Y las condiciones de trabajo variaron porque en invierno peregrinábamos por la provincia en busca de un campo para trabajar”. En cuanto dispuso el Celta de buenos campos se le dio un impulso a toda una estructura, y a un estilo que ya no solo exhibe corazón.

“Durante años entrenamos y jugamos en lameiras [barrizales] y sacamos partido ante muchos rivales que no estaban acostumbrados”, se defiende Carnero. “El balón no circulaba por abajo, con el agua se quedaba”, se explica Manolo. “Y hay que atreverse. Pasamos de centrarnos en lo físico a fijarnos en que al fútbol se juega con un balón”, concluye Otero, que con todo se guarda un último despeje: “Hay que saber que a veces no está de más sacar el carácter y pegar un pelotazo”.

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El Betis quiebra la racha del Alavés en casa y apuntala el liderato

El Betis sumó, tras derrotar a domicilio al Alavés (1-2) tres puntos vitales en su carrera por el ascenso a Primera, y se afianzó en el liderato de la Liga Adelante, con 71 puntos, gracias a los tantos de Jorge Molina y Rubén Castro. El líder de la segunda división ratificó su dominio y buena racha en la visita a un exigente estadio en el que el Alavés había ganado sus últimos seis partidos.

Los de Pepe Mel demostraron su calidad y ejercieron como líderes en un partido con la terrible pegada de sus dos referencias ofensivas, Jorge Molina y Rubén Castro, desequilibraron el marcador.

Puso emoción el Alavés en los nueve minutos finales gracias al gol de Toti y a punto estuvo de salvar un punto con el balón de Barreiro que tocó el larguero y el remate posterior del gallego que logró repeler Adán, con el tiempo cumplido.

Alavés y Betis comparecieron dispuestos a prolongar su buena racha de triunfos. Los béticos salieron a demostrar su condición de líder y Molinero dio el primer aviso con un zapatazo cruzado desde fuera del área a los cinco minutos. No tuvo respuesta ese aviso verdiblanco por parte de los locales y al llegar el cuarto de hora los de Pepe Mel encontraron su premio.

Una meteórica contra le sirvió para poner el balón en los pies de Jorge Molina y la calidad del ariete hizo el resto para poner en ventaja al líder de la Liga Adelante. Le costó al Alavés aparecer con peligro ante Adán y hasta la media hora no dio señales de existencia. En menos de un minuto encadenó dos ocasiones por medio de Manu García.

Primero peinó un cabezazo al ver adelantado a Adán que el meta sevillano desvió a saque de esquina. En esa acción de nuevo Manu García remató forzado en el área pequeña y un providencial manotazo de Adán envió el balón de nuevo a la esquina.

Vivió el cuadro local sus mejores minutos ante un Betis que le cedió toda la iniciativa. Se adueño del balón y los de Pepe Mel no volvieron a generar peligro.

Manu Barreiro, en el 39, tuvo un remate cruzado que cabeza que se marchó a la izquierda de Adán en la última ocasión alavesista antes del intermedio.

Arrancó el segundo tiempo con menos brío y el Alavés adueñándose del balón pero generando menos peligro y ocasiones que en la primera mitad.

El Betis tardó en elaborar jugadas de ataque y a la hora de partido dio un nuevo zarpazo. En una jugada hilvanada por N’Diaye cedió en la frontal del área para que el zapatazo de Jorge Molina se topara con el poste izquierdo como impedimento para hacer el segundo.

El partido perdió el rigor táctico y se descontroló quedando más favorable para el Betis. Se evaporó la claridad de ideas de los vitorianos, mientras el líder mostró su pólvora y peligro en cada acción ofensiva. Rubén Castró avisó, en el minuto 67, con un zapatazo desde la frontal del área. Ajustó el punto de mira y en el 72 sorprendió a Goitia en el lanzamiento directo de una falta desde la frontal del área que superó al vizcaíno y fue el segundo para los béticos y el tanto 23 de su cuenta esta temporada.

Añadió emoción el Alavés en la recta final gracias al gol de Toti a falta de nueve para la conclusión, al resolver una buena acción ofensiva. Pudo lograr la igualada después con un balón de Barreiro que tocó el larguero cuando solo restaban cuatro. De nuevo el gallego rozó la igualada con el tiempo cumplido en un remate que salvó de manera milagrosa.

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Nueva York acoge la vida discreta de Raúl

El pasado 18 de abril, Raúl, el exjugador del Real Madrid, debutaba en el Shuart Stadium del New York Cosmos. Semanas llevaba anunciado este inicio de temporada en vallas por toda la ciudad. No marcó ninguno de los dos goles con los que su equipo ganó pero la prensa celebró “su energía” y cómo aún “demostraba su clase”. Dos días antes, Raúl y su mujer Mamen Sanz debutaban también en la vida social y pública neoyorquina. Escogieron un evento que la marca de relojes IWC Schaffhausen organiza cada año en el marco del Festival de Cine de Tribeca. Una fiesta en la que estuvieron rodeados de estrellas de Hollywood, como Robert De Niro, Christoph Waltz o Dakota Fanning. Días antes acudían sin focos a la actuación de la bailarina Sara Baras en la que coincidieron con parte de la colonia española en Manhattan.

Raúl, Mamen y sus cinco hijos se mudaron el pasado otoño cuando el jugador fue fichado como el nuevo héroe del club de fútbol neoyorquino en el que se retiró Pelé. En diciembre se hizo la presentación oficial, en la que le acompañó Mamen, el torero Enrique Ponce, gran amigo de la pareja, y el cónsul español, pero desde entonces han llevado una vida tranquila y muy privada. Lo que buscaban.

Tras su paso por Alemania y Qatar, la familia quería seguir aprovechando el anonimato del que no disfrutaban en Madrid. “Por supuesto, siempre echamos de menos Madrid, pero nos encanta vivir en Nueva York”, dijo después de la presentación oficial. “Nueva York es una de las mejores ciudades del mundo, sino la mejor. Es muy relajada. De alguna forma, te sientes un poco anónimo y lo agradezco, porque da la posibilidad de dar un paseo, jugar o tener momentos familiares, tener una experiencia normal, que ayudan a desconectar de todo”. A Nueva York se escapó la pareja unas navidades nada más comenzar su relación.

Es una maravillosa oportunidad para mi familia y lo estamos disfrutando”

Debido al inicio de la temporada de fútbol, es probable que se le vea en más actos públicos solo o con Mamen, como una forma de promocionar al New York. Sus hijos están yendo al mismo colegio al que fueron los de Pep Guardiola, cuando el exentrenador del Barça estuvo en la ciudad de año sabático, y donde están muy contentos con Mamen, por su nivel de implicación en las actividades escolares.

Raúl ha declarado estar, en sus palabras, encantado: “Es una maravillosa oportunidad para mi familia y lo estamos disfrutando mucho. Una ciudad como esta es un gran lugar para vivir y permitirá a mi mujer y a mí dar a nuestros hijos una gran educación y oportunidades para el futuro”. Y añade: “Vivir aquí es como vivir en una película. No es fácil mudarse a una nueva ciudad con una familia grande, pero después de seis meses, los niños están bien integrados en su nueva escuela, han hecho nuevos amigos, y mi mujer está muy feliz, que, como sabrás, es bastante importante”.

En diciembre Raúl contó que había hablado con David Villa, quien lleva en la ciudad desde el verano pasado, cuando le fichó el otro equipo neoyorquino, New York City FC, pero aún no se habían visto. Cinco meses después, según parece, los dos futbolistas aún no se han visto. Quizá ahora que empieza la temporada y el buen tiempo.

Raúl torea con una bandera española tras vencer en la final de la Liga de Campeones al Bayer Leverkusen por 2-1 en Hampden Park, Glasgow (Escocia), en 2002. / REUTER

Raúl ha sido fichado en el Cosmos no solo como jugador bandera, sino que además se involucrará en el entrenamiento de los jugadores jóvenes, la tarea que más le ilusiona ahora mismo, porque se ve como entrenador en un futuro quizá no tan lejano. “La capacidad de jugar con estos talentos futuros y enseñarles mis propias experiencias adquiridas en más de dos décadas como jugador es por lo que estoy en Nueva York”. Aun así, el futbolista, de 37 años, se resiste a pensar en el adiós: “Puedo estar mucho tiempo aquí. Si en seis meses veo que mi cuerpo dice basta, pararé. Hace 20 años que debuté. He jugado en el Real Madrid, en Alemania, en Qatar… Esto es lo que quería para el final de mi carrera. No hay ciudad como Nueva York ni club como el Cosmos. Quiero contribuir al esfuerzo que están haciendo. Si vuelvo a España, por supuesto, sería al Real Madrid. Es mi casa”.

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Empate a porteros en Anoeta

Si al fútbol le quitas la tensión es como si a la ópera le quitas la música. En ambos casos, es otra cosa. Y la Real sufre una bajada de tensión prolongada que le saca de los partidos y apenas funciona con pequeñas dosis de adrenalina. El Villarreal se maneja con pulsaciones normales, aunque a veces también le entran ganas de relajarse en su objetivo de defender su plaza en la Liga Europa, apenas amenazada. Por eso el partido de Anoeta tenía aires de pretemporada, por momentos, solo rotos por los golpes de ambición del Villarreal. La calidad le impulsaba tanto o más que el ánimo. Trigueros y Pina tienen la brújula siempre orientada. El primero lo intentó con un zurdazo precioso, el segundo con dos cabezazos no menos preciosos a los que respondió Rulli con la agilidad habitual. Por delante, Jaume Costa era un tormento para la defensa realista, apareciendo por todos los lados, siempre veloz, tragando kilómetros con la ansiedad de un maratoniano. Para alegría de la Real, el pequeño centrocampista cerró los ojos cuando cabeceó un centro a placer. No se puede tener todo.

El principal problema de la Real es que no tenía nada. Apenas le rescataba del sopor la profundidad de Carlos Vela. El resto estaba maniatado por el Villarreal en todas las líneas del campo. Ningún blanquiazul superaba a ningún amarillo, y aún así al equipo de Marcelino le faltaba punch. Campbell atolondrado y Gerard desactivado proponían poca garra a la fortaleza del Villarreal. Pero Marcelino, acosado por las bajas, no tenía recambios, con cuatro futbolistas del filial en el banquillo. Para colmo, mediada la segunda mitad se lesionó Dorado, continuando una plaga que ha diezmado al equipo castellonense.

El descanso movilizó a la Real, como si un rayo hubiera caído en mitad del vestuario A la obligación de ganar se añade la necesidad de agradar al entrenador que bien pudiera estar urdiendo una renovación amplia de la plantilla para la próxima temporada. Fue otra Real, le había subido la tensión y la elevó al máximo Canales, con su verticalidad.

Pero era noche de porteros. El protagonismo de Rulli lo heredó en la segunda mitad Asenjo, con dos ejercicios soberbios ante un cabezazo de Íñigo Martínez y un zurdazo de Chory Castro. Fueron acciones de reflejos sublimes, como las del argentino Rulli.

Pero la gloria la pudo conseguir un chaval que debutaba, Fran Sol, al poco de ingresar en el partido y en la Primera División. Fue un centro precioso de Moi Gómez al que bastaba con ponerle la uña para empujarlo. Pero el muchacho abrió demasiado el compás e incomprensiblemente lo envió fuera. Parecía la última oportunidad de inclinar el partido hacia uno de los lados: el del Villarreal jerárquico de la primera mitad o el de la Real rabiosilla de la segunda. Pero aún hubo un gol anulado a Victor Ruiz (por el pelo del flequillo) y un cabezazo en el minuto 93 de Víctor Ruiz que repelió el poste. ¿Justo o injusto? El fútbol no entiende de eso.

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El Madrid hace los únicos méritos y pasa a semifinales

Casi dos partidos completos le llevó al Madrid despachar al Atlético, demasiada pesadumbre para el equipo que hizo todos los méritos, superior en la ida y el único con vocación en la vuelta. Prueba de ello es que los rojiblancos mantuvieron el culebrón a hombros de Oblak, su oxígeno toda la eliminatoria. En el Madrid, otro héroe inesperado, Chicharito, autor de un gol agónico. Tan inopinado, que el mexicano, quien más hizo por derribar la muralla colchonera, llevaba 895 días sin marcar en Champions y solo había jugado el 17% de los minutos en lo que va de temporada. Con él al frente, el Madrid encadenó su quinta semifinal consecutiva, lo que no lograba desde 1956-1960. Un hecho más que estimable por las ausencias y por lo crudo de su adversario, que le tenía tomada la medida. Pero en esta ocasión, el Atlético, rácano y con urticaria por la pelota, solo quiso que le tocara la lotería. Cada mensaje que mandó Simeone así lo certificó. Le salió cruz y esta vez el fútbol se alió con quien le hizo mimos en exclusiva en un partido difícil de rebobinar salvo para los muy forofos.

Ni las carencias locales animaron al Atlético, mancomunado para defender y la nadería con el balón. El partido arrancó con un tumbo en la alineación del Madrid. Peritado el banquillo, Ancelotti optó por no desaliñar aún más el grupo. Mejor tres jugadores que le son fiables, como Pepe, Varane y Ramos, que reclutar a quienes tantos recelos han despertado, por mucho que la tasación de Khedira, Illarramendi y Lucas Silva rondara los 60 millones de euros. Con Ramos en la media, como en el fallido experimento de la pasada temporada en el Camp Nou, el Madrid apostaba por contrarrestar el juego espacial y sumar un llegador, pero no inventiva. Por desesperada y comprensible que fuera la medida del técnico italiano, el ensayo no resultó, sobremanera porque Ramos, lejos de ejercer de centinela de los centrocampistas, se situó un escalón por delante de Kroos, más sutil para crear, para armonizar el último tramo del ataque. Ante un Atlético con dos trincheras por delante de Oblak, no hubo madridista que agitara entre líneas. Abiertos James e Isco, nadie se infiltraba.

Con todo, el gobierno era del Madrid, de un Madrid precavido, sí, pero al menos con más intención, de tertulia con la pelota. Nada que ver con el Atlético, para el que el cuero tenía arsénico, para desesperación de su mejor domador, Arda. Ni un pase, ni dos. Los rojiblancos solo planteaban cepos. Su mejor remedio, jugar a que no se jugara. Para Griezmann y Mandzukic, también con la escoba, Casillas estaba en Marte. Como el balón le resultaba un artefacto solo encontraba vías con saques de banda, que ya los aplaude como los de esquina. Al Atlético no se le veían las cejas.

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Entre la poca marcha del Madrid y el pedrero de su adversario, el único motor del partido era el emotivo. El encuentro no tenía curvas, salvo por Chicharito, el más chisposo con su revoloteo. El mexicano y CR se saltaron el guion y se aproximaron al gol y se toparon la misma cerradura de la ida: Oblak, la bandera colchonera en estos cuartos, lo que revela el papel general del equipo. Por motivos bien diferentes, tampoco olvidará el reto Saúl, vencido desde el inicio, superado hasta que en el intermedio se quedó a la sombra. Poco antes, un despiste suyo dejó a CR frente al meta esloveno, otra vez lúcido.

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Chicharito marca el gol decisivo para el Madrid. / Alejandro ruesga

De regreso del descanso, al Madrid se le vio más suelto. A ello contribuyó un mayor goteo de Isco, en el cuarto oscuro todo el primer acto. Una asistencia con su sello a Chicharito estuvo a punto de descorchar por fin el duelo, pero el ariete cruzó demasiado el remate. Fue otro preludio de que el único con vocación ofensiva era el cuadro local. Quedó acentuada la intención visitante con el cambio de Simeone pasada la hora. Retiró a Griezmann, su mejor goleador, lo más picante del equipo, en favor de Raúl García. Para el Atlético todo quedaba supeditado a un bingo aéreo, a una jugada espasmódica, por mucho que en el fútbol lo casual a veces sea la lógica. No fue así, porque el conjunto de Simeone fue puro barbecho, máxime tras la expulsión de Arda, que con una tarjeta en el cartón planchó a Sergio Ramos. Demasiado imprudente el turco.

Hubo más sorpresas del técnico argentino. Al rato de quedarse el Atlético con diez, con Mandzukic con el tobillo dolorido, recién auxiliado por el equipo médico, entró el central Giménez por Tiago. La fe de Simeone con el croata rozó lo sobrenatural. Con un relevo y otro, el Atlético dimitía ya por completo del juego.

Con un relevo y otro, el cuadro rojiblanco dimitía ya por completo del juego

Con tres centrales no se refugió mejor el Atlético. Cristiano despegó por la derecha, James le dio hilo con un caño a Godín. Avanzó el portugués, ya dentro del área, y su servicio lo embocó Chicharito. Saltó la banca y el mexicano hizo justicia a quien fue superior de largo, en el Calderón y en Chamartín. Sin bajas y con ellas. Del Atlético hay versiones mucho más positivas. Esta vez dio demasiado la espalda al fútbol. Ganó el mejor.

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La Juventus elimina al Mónaco con lo justo

La Juve apostó por jugar en el desfiladero ante el Mónaco, y le salió bien. El empate sin goles dio el pasaporte a los italianos tras 12 años en el limbo europeo. Es el retorno de un histórico que hace bastante poco se quemó en el infierno de segunda por asuntos bastante turbios. Dominadora absoluta en el campeonato italiano, a esta Juventus le faltaba dar un salto y mirarse a la cara con los grandes del continente. Y vaya si lo hará. Ahora esperan Barcelona, Bayern y Madrid, los tres gigantes del fútbol.

Un gol, un penalti. Eso fue todo lo que la vechia signora necesitó para despachar al Mónaco, el invitado inesperado en el baile de cuartos de final, pero que vendió muy caro su pellejo. Nadie como los italianos para rentabilizar un tanto, que para más inri llegó tras un error arbitral hace una semana en Turín. Pero esa diana fue una losa para los monegascos, que salieron obligados a atacar.

El balón era de los locales y solo se jugaba en campo visitante, aunque la Juve no parecía muy incómoda. Muy ordenada, con los tres centrales atrás barriendo cualquier internada de Eduardo Silva o Ferreira-Carrasco, solo concedía disparos lejanos a Kondogbia o centros laterales bastante improductivos. Las continuas faltas de los italianos para cortar el ritmo espesaron el partido y aturdieron a los jugadores del Mónaco. Los juventinos solo se estiraban para meter algo de miedo con algunas contras conducidas por Tévez o Morata.

Para el Mónaco era todo o nada. Había que marcar y tras el descanso los de Jardim salieron con una intensidad no vista en la eliminatoria. Presión muy arriba para arrinconar al rival e inquietar un par de veces a Buffon. Fue el peor rato para la Juventus, los únicos 15 minutos que pensó que la eliminatoria se le podía ir, pese a las apreturas del resultado. Pero Pirlo mandó parar. El eterno mediocentro cogió la bola, no mucho, lo justo para que su equipo respirase, contase hasta 10 y se serenase. Ahí se acabó todo. El campeón italiano volvió a la comodidad en defensa y fue un muro insalvable para el Mónaco. Incluso Pirlo mandó al balón para que besase la escuadra en un magistral libre directo.

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La gran noche de Chicharito

Javier Hernández Chicharito, en su primera gran noche como titular en el Real Madrid, sacó el mazo. Segundos antes de que el árbitro diera el pitido inicial, con el público todavía extasiado por la musiquilla de la Liga de Campeones que precede a los grandes choques, el mexicano se arrodilló en el Bernabéu con los brazos extendidos al cielo, como un monje en un templo, pero una vez iniciado el partido se fajó como un guerrero. El delantero lo intentó una y otra vez ante una de las mejores parejas de centrales que existe —los atléticos Godín y Miranda— y tanto empeño puso que al final acabó cantando bingo en el minuto 88, a pase de Cristiano Ronaldo (1-0).

El de Jalisco, la tierra de los mariachis y el tequila, había avisado ocho minutos antes. Al borde del área recibió un balón raso, aguantó la embestida del corpulento Godín y reptó como un contorsionista a un metro del suelo. Cuando parecía que iba a morder el césped, volvió a ponerse en pie y encaró a Oblak. El esloveno, muy seguro durante todo el partido, no se venció, aguantó el duelo al sol que le propuso Chícharo y adivinó que el mexicano buscaba el palo largo. El balón acabó en córner. Era su sexto remate, el primero entre los tres palos. A esas alturas, con plomo en las piernas, mandó un mensaje contradictorio, como esos boxeadores, al borde del k.o, que no ven de tan hinchados que tienen los párpados pero le ruegan a su manager que no arroje la toalla: estaba cansado pero nunca dispuesto a rendirse.

Los centrales del Atlético se habían librado de Benzema pero tenían enfrente a uno de esos tipos que no se rinde nunca

Chicharito, en la primera parte, fue el primero de los 22 sobre el campo en agitar el avispero. A centro de Carvajal desde la derecha, cuando los vecinos de Madrid todavía se estaban desperezando, empaló con la la resistencia de Miranda, siempre pendiente de los movimientos al espacio del mexicano. Remató mordido y el balón salió despedido a la grada. Fue la primera señal de que los centrales del Atlético se habían librado de Benzema pero tenían enfrente a uno de esos tipos que no se rinde nunca. Un plomo para cualquiera.

México rememoró, por momentos, la gloriosa época de Hugo Sánchez en el Real Madrid. Esos días en los que la mayoría de los mexicanos profesó la religión merengue. Toda una generación que todavía camina por la calle con la camiseta blanca que lleva la publicidad de Otaysa o Teka. «¡Hala Madrid!», calentaba el ambiente, antes del comienzo, el empresario Raúl Montiel, quien tuvo un déjà vu con sabor a su infancia al ver a un mexicano como punto y final del club de Chamartín.

«Lo mocho (creyente fervoroso) le hace a Chicharito tener fe y pelear todas las jugadas», opinaba el encargado de bar Valentín Flores. Sería una exageración decir que las calles de la eternamente colapsada ciudad de México se vaciaron durante el partido pero a fe que las cantinas se llenaron y el mezcal se volvió un buen aliado de los empleados que, aprovechando la hora mexicana (13:45), tenían una excusa para ausentarse de la oficina.

El diario deportivo Récord ensalzó a su compatriota: «¡Chícharo toca el cielo!». La publicación, en una segunda pieza, preguntó a sus lectores que si esta era la noche más gloriosa del futbolista. «No. Lo más importante de su carrera habrá sido la semifinal contra el Chelsea, en la que anotó a Cech, o en el mundial del 2014», opinaba un lector. El generalista Reforma, en su línea, optó por un titular informativo ( Pone Chicharito a Real Madrid en semifinal).

El último mexicano titular en unos cuartos de final de la Copa de Europa como jugador del Real Madrid fue precisamente Hugo Sánchez, en 1991. El escenario fue el mismo, el Santiago Bernabéu. El resultado, muy distinto. Los blancos cayeron 1-3 ante el Spartak de Moscú. Esta vez el cuento no tuvo nada que ver. Porque el héroe de esta noche, después de haber pasado a la sombra buena parte de la temporada, fue ese muchacho que llegó al vestuario con mucho tiento, tímido, como dando las gracias por vestir una camiseta con tanta historia, pero ha sido quien a la postre ha acabado dándole el billete a semifinales al equipo del presidente Florentino Pérez.

El guisante chocó con Godín, codeó con Miranda, se estampó con Gámez, fajó con Giménez el poco rato que jugó. El delantero acudía como un poseso a cada balón que centraban al área. En ocasiones se taponó con Cristiano, los dos buscando el mismo remate. Otras se encontraron, como en la jugada del gol. James le tiró la pared a Cristiano, que se internó en el área. Chícharo aguantó en el punto de penalti. Un delantero díscolo hubiera acabado haciendo una diagonal hacia la portería, pero el mexicano, intuitivo como pocos, aguantó uno, dos, tres segundos, hasta que recibió el pase del portugués y remató de primeras. Vencido Oblak, remando con la desesperación de un náufrago Juanfran, el balón por fin entró entre los tres palos.

Esta era la noche de Chícharo.

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