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Revulsivo con pausa

Cuando en el verano Xavi Hernández se tapó los oídos frente a las suculentas ofertas de Qatar y de Estados Unidos, sabía que la recompensa no serían minutos en el Camp Nou. “Si te quedas, para mí perfecto; pero si no te pongo, no me toques las pelotas”, le advirtió Luis Enrique. Así sucedió. La temporada pasada Xavi participó en el 85% de los minutos disputados por el Barça. Este curso, con el asturiano en el banquillo, el 6 vio cómo su participación se adelgazaba hasta un 40%. No le importó. No se recuerda ninguna cara larga del campeón del mundo ni al entrenador ni a los compañeros. A sus 35 años tiene claro su rol.

“Xavi siempre nos aporta grandes cosas. No es una novedad. Es lo de siempre”, elogió Luis Enrique al de Terrassa tras la victoria azulgrana en el Parque de los Príncipes. En el minuto 52, con Iniesta revolcándose en el suelo por un dolor en la espalda, Xavi saltó al campo. No era un partido cualquiera, en Paris el capitán del Barcelona se convirtió en el jugador con más presencias en competiciones europeas (169 partidos). Leyenda entre leyendas, en el retrovisor quedaron Maldini (168), Seedorf (161), Zanetti (160) y Raúl (158). Récords al margen, los partidos no oxidan su fútbol.

Xavi siempre nos aporta grandes cosas. No es una novedad. Es lo de siempre”

Luis Enrique

Xavi suma ocho asistencias esta temporada. Una cada cuatro partidos, cifras superiores a las de la temporada pasada (cuando promedió 0,12 pases de gol por encuentro), pero estadísticas calcadas al último curso de Guardiola en la banqueta del Barcelona. Aunque el juego de Barça de Luis Enrique cambia de piel, nadie duda que a Luis Enrique le gusta el vértigo. Sin embargo, cuando quiere control la respuesta tiene un nombre: Xavi. Un revulsivo con pausa. El interior participa menos y reparte menos pases, pero no pierde su acierto en los pases, 93% de eficacia, ni su feeling con Messi.

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El argentino descansa en Xavi. El 6 es un manto de seguridad que arropa al juego del 10. En los 37 minutos del catalán en el campo frente al PSG, Messi le cedió el cuero en 12 ocasiones, sólo superado por Busquets (jugó todo el partido) al que le pasó la pelota 16 veces. Tranquilidad para el rosarino y para el resto del equipo, cuando los partidos se alocan la cabeza de Xavi devuelve la sensatez al fútbol. Pasó en París y Luis Enrique intentó que suceda lo mismo en Nervión. Distinta suerte: el Barça supo cocinar en el Parque de los Príncipes el partido que se le extravió en el Sánchez Pizjuán.

Ya no esconde Luis Enrique su equipo de gala, sin embargo, con Iniesta en la enfermería, Xavi pide pista en el once frente al Valencia. El sábado el Barça defiende su liderato en su casa y el presente del interior no olvida su pasado. Poco de Xavi es mucho, y ya toma ventaja sobre Rafinha y Sergi Roberto para reemplazar al manchego. Quizá las últimas pinceladas del fútbol de Xavi con la camiseta azulgrana. Nostalgia anticipada en el Camp Nou.

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Juego de tronos deportivos

13/04 Lunes

Comienza una semana que se las trae, tanto que va a ser difícil atender a tanto compromiso sin que en un momento dado algún miembro de la familia te eche en cara el tiempo que estas pasando delante del televisor. Llegan los cuartos de final de la Champions, donde los más ilustres clubes europeos comienzan a dirimir su gran objetivo del curso. Solapándose en días y horarios, otro tanto ocurre con la Euroliga de baloncesto, que la mezcla de todos las variantes que tiene su formato competitivo (primero liga, luego playoffs para terminar en Final a Cuatro) presenta un atractivo cartel en las eliminatorias que decidirán los cuatro finalistas que se verán en Madrid el mes próximo.

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Spieth gana el Masters de Augusta
‘Juego de tronos’ sigue fiel a sí misma
Nadal y el termómetro de la tierra
Todos contentos por el Calderón

El miércoles, la NBA termina la temporada regular y quedan todavía unos cuantos asuntos de posicionamiento por resolver en apasionantes partidos. Si con esto no fuese suficiente, en Montecarlo se da el pistoletazo a la temporada de tierra en el tenis. En otras circunstancias el asunto sería menor y quizás hasta el sábado no le prestaríamos especial atención, pero Nadal está como está, por lo que cada partido se convierte en una especie de lectura de posos de café para saber si el paciente mejora. Sin solución de continuidad, el fin de semana nos trae liga futbolera y un Barça-Valencia que suscita esperanzas en el universo madridista. Que esta semana decisiva para ir descubriendo los posibles reyes de esta temporada coincida con la puesta en antena del primer capítulo de la quinta temporada de Juego de Tronos no deja de tener su gracia.

Pero eso será a partir de mañana martes. Hoy se habla de Jordan Spieth, flamante ganador del Master de Augusta, al que debido a su juventud y aplastante superioridad mostrada, ya se hacen conjeturas sobre si estamos ante el advenimiento de un nuevo Tiger Woods. Pesada carga la que colgamos a cada joven deportista que destaca a edad temprana con comparaciones grandilocuentes. La historia está llena de nuevos Jordan, Magic, Woods, Rossi, Maradona o Borg, que finalmente no lo lograron, pero el tic de las etiquetas comparativas es una afición a la que nos negamos en renunciar.

Mientras debatimos a cuenta del Día Internacional del beso si somos una sociedad besucona o no, tomemos aliento para lo que nos viene encima.

Bubba Watson, el campeón saliente, ayuda a Jordan Spieth a vestir la chaqueta verde. / J. Y. (reuters)

14/04 Martes

A veces los partidos de fútbol son como las elecciones o las oleadas del EGM. Termina el encuentro, salen los protagonistas, y todos se declaran de alguna manera vencedores. Ha ocurrido en el derbi europeo madrileño, donde después de 90 minutos nadie sabe si reír o llorar. Lo entiendo, pues no es fácil hacer un análisis de una película cuando vas solo por la mitad. Recuerdo un partido hace uno años donde el Barcelona, que jugaba en sábado, empató. Un mal resultado, le dijeron a Guardiola. Pep contestó: Esperemos a mañana, que quizás el empate de hoy que parece malo, mañana se convierte en bueno. Efectivamente, el Madrid perdió y aquel punto dejó ser agrio para convertirse en dulce. Dependiendo de lo que ocurra el próximo miércoles, sabremos quien ha ganado hoy.

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El fútbol son unas frases. Por. J. Tallón
Los reyes del estrés
Muere el escritor uruguayo Eduardo Galeano a los 74 años
Muere el premio Nobel alemán Günter Grass a los 87 años

Como la espera se puede hacer larga, recomiendo la lectura de un libro. Futbol a sol y sombra, de Eduardo Galeano, fallecido ayer en una mala jornada para la literatura mundial, pues también nos dejó Gunter Grass. Hubo un tiempo donde el deporte en general, y el fútbol en particular, sufría el desprecio de los intelectuales. Al poco de su invención y como nos cuenta Galeano en su libro, Rudyard Kipling ya se burló de él y de “las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan”. El pan y fútbol ha sido otro de los clásicos argumentos para descalificarlo. Afortunadamente el estigma ha sido superado, no totalmente, pero sí lo suficiente como para que podamos disfrutar de gente como Galeano contando, reflexionando y teorizando sobre algo que parte de un deporte pero que va mucho más allá. En el prólogo, el escrito uruguayo confiesa: “Yo quise ser jugador de fútbol. Jugaba de ocho y me fue mal porque siempre fui un pata dura. La pelota y yo nunca pudimos entendernos, fue un caso de amor no correspondido. También era un desastre en otro sentido: cuando los rivales hacían una linda jugada, yo iba y los felicitaba, lo cual es un pecado imperdonable para las reglas del fútbol moderno”. Con semejante comienzo, quien no tiene ganas de seguir leyendo.

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Mandzukic discute con Carvajal y Modric, en el derbi de cuartos. / Juan Medina (REUTERS)

15/04 Miércoles

Estoy agotado. Vaya atracón deportivo. Ha comenzado al mediodía, cuando Rafa Nadal ha debutado con éxito en Montecarlo. Tiene raqueta nueva, cuentan las crónicas, que le da mayor potencia a costa de algo de control. Ya uno no sabe si se está hablando de raquetas o de motores de F1. Horas más tarde, a la siete, en el Palau Blaugrana Barça y Olympiacos han iniciado su serie de cuartos. La cosa ha ido mucho más placentera de lo que se esperaba en este primer envite, que los azulgranas han solventado sin sobresaltos. Con Spanoulis bajo mínimos, los griegos son menos griegos, y el dolor de muelas anunciado se ha quedado, al menos hoy, en una pequeñas molestias que no han necesitado ni un ibuprofeno. Casi sin tiempo para ir al baño, a las 20.45 ha comenzado a rodar el balón en Paris, donde los de Luis Enrique se han dado un baño de confianza y autoestima ante un PSG cuyos mejores jugadores lo han tenido que ver en la grada. Seguramente David Luiz ha lamentado no haber podido estar ahí, y los chistosos de twitter le recomiendan para el partido de vuelta el jugar con sotana y así evitar lo que le ha ocurrido hoy, donde dos caños de Luis Suarez, además de costarle dos goles, le han puesto en evidencia. Como a las nueve Real Madrid y Efes se peleaban en el Palacio, el zapping ya era compulsivo cuando me entero que el Oporto le estaba pasando por encima al Bayern de Guardiola, lo que ha introducido un nuevo elemento en mi salón: el ordenador. Jugando a tres bandas no sé si he visto tres partidos a la vez o no he visto ninguno. Pero sí que me enterado que el Barça está ya en semifinales, que la defensa del Bayern ha estado penosa y que el Madrid podría tener un Carroll negro llamado K.C. Rivers y que no habíamos tenido la oportunidad de descubrir.

El Juego de Tronos deportivos continuará en los próximos días, donde unos cuantos caerán y cada vez quedarán menos aspirantes. Como ocurre en la serie, nos llevaremos alguna sorpresa inesperada, que cada cual espera que no se cebe con sus favoritos. Pero en el deporte y en los siete reinos, no siempre ocurre lo que uno desea.

Son las once y media de la noche y si hiciese caso al slogan “dormir es de cobardes”, aguantaría para ver lo que pasa en la NBA y como queda finalmente el cuadro de playoff que se dirime esta madrugada. Pero como dijo aquel, una retirada a tiempo es una victoria y con el cuerpo descansado, la cobardía se lleva mejor.

Postdata: Hay que reconocer regalar las cuatro primeras temporada de Juego de Tronos al rey Felipe como ha hecho hoy Pablo Iglesias es, como poco, de una refrescante originalidad. Los análisis políticos los dejo para otros, ya que como dijo en su momento Rajoy, “me voy a casa que estoy un poquito cansado”.

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Rivers, defendido por Osman. / JAVIER SORIANO (AFP)

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“Falta autocrítica”

Por más que se intente, encontrarle el lado positivo a una derrota resulta extremadamente complicado. La condición inamovible del resultado solapa cualquier lectura amable de lo que supone acabar un par de dígitos por debajo del rival en el marcador.

Por eso, cuando Pep Guardiola valoró así la derrota del Bayern de Múnich ante el Oporto el martes (3-1): “No estoy completamente descontento con mi equipo, lo hemos intentado todo”, la reacción de Karl Heinz Rummenigge, director general del conjunto alemán, fue recriminarle su “falta de autocrítica” durante la cena posterior al encuentro, según recogió el diario alemán Bild. “Tenemos que espabilar un poco”, se sumó después Matthias Sammer, el director deportivo, haciendo visible el malestar existente en el conjunto muniqués por el comportamiento del equipo en Europa.

Sabemos que la hemos pifiado, pero a pesar de todo pasaremos»

Manuel Neuer

Si hay una asignatura pendiente en la cuenta de resultados de Guardiola desde su llegada al Bayern en 2013 es la Liga de Campeones. La abultada derrota en semifinales ante el Real Madrid en su primera temporada (1-0 y 0-4) dejó marcado al técnico catalán para cierto sector de la dirección, de ahí que el mal resultado ante el Oporto haya rebrotado esa intranquilidad.

A pesar de que en la Bundesliga el Bayern camina con diez puntos de ventaja sobre el Wolfsburgo cuando faltan seis jornadas para el final, y rumbo a su tercer título consecutivo, el nivel de la liga alemana no ha servido para poner sobre la mesa la verdadera categoría del equipo de Guardiola. Ante el Oporto demostró una notable debilidad defensiva personificada en los errores individuales de Xabi Alonso, Dante y Boateng, que tuvieron como resultado los tres tantos del equipo de Lopetegui. “No encontramos nuestro propio juego, aunque las opciones de pasar de ronda están ahí”, aseguró Müller; “no sería la primera vez que ganamos un partido en casa”, añadió el delantero germano.

Desde que Guardiola dirige al equipo será la tercera eliminatoria en la que el Bayern se juegue el pase a la siguiente ronda en el Allianz Arena de Múnich. En la edición anterior tuvo que hacerlo tras empatar ante el Manchester United en la ida (1-1) en los cuartos de final, mientras que en la actual hizo lo propio en los octavos tras empatar a cero con el Shakhtar Donetsk en Ucrania. En las dos temporadas con Heynckes solo en una ocasión quedó la eliminatoria abierta durante. Fue en los octavos de final de la 2011-2012 ante el Basilea, con el que cayó derrotado en el primer encuentro por 1-0.

“Sabemos que la hemos pifiado, pero a pesar de todo pasaremos”, resumió con atronadora sinceridad Manuel Neuer. “Somos muy optimistas, necesitamos un partidazo pero somos capaces de ello”, añadió Sammer. Hasta la fecha el Bayern ha marcado en los cuatro partidos que ha disputado como local con un balance de 13 goles a favor y ninguno en contra. “No nos rendimos tan fácilmente”, concluyó su análisis Guardiola. De esa reacción depende en gran medida sel futuro de su proyecto.

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Alto riesgo, pero con retraso

Cinco horas de críticas, reproches y una cierta alarma incluso en esferas políticas aconsejaron a la Comisión Nacional contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte declarar el partido del próximo sábado en Riazor entre Deportivo y Atlético de Madrid como de alto riesgo, una etiqueta que no se le había asignado tras la reunión matinal que había puesto ese acento sobre los duelos de Liga de Campeones de la próxima semana (Barcelona-PSG y Real Madrid-Atlético) además del partido que enfrenta este domingo a Granada y Sevilla.

En un primer momento los clubes querían aparentar normalidad de cara al duelo

A primera hora de la tarde de ayer la Comisión hizo pública esta decisión; a primera hora de la noche ya había agregado el partido de A Coruña, el primero en el que se encuentran deportivistas y rojiblancos tras los incidentes del pasado 30 de noviembre que se saldaron con la muerte del aficionado coruñés Francisco Javier Romero Taboada.

La primera intención de los clubes era la de trufar de una normalidad previa el partido. Así se lo transmitieron a la Comisión en los días precedentes y le hicieron ver que la declaración de alto riesgo se podía obviar visto que tampoco están previstos, ni se han detectado, preparativos para desplazamientos de aficionados desde Madrid ni desde las peñas del Atlético tanto en Galicia como en comunidades cercanas. Tan sólo el club del Manzanares incidió en que se refuerce el dispositivo que vigile los desplazamientos del autocar que traslade a sus futbolistas desde entre aeropuerto, hotel de concentración y estadio.

No se han vendido entradas a aficionados atléticos porque no las han pedido

El dispositivo policial será el habitual en los partidos del Deportivo en Riazor. Ochenta policías nacionales se desplazarán al estadio y se movilizarán a las habituales dotaciones de policía local, protección civil, voluntarios de la Cruz Roja e incluso guardia civil, que se responsabiliza de los movimientos en el aeropuerto coruñés de Alvedro. Nada cambia en ese sentido por poner la etiqueta de alto riesgo, aseguran fuentes del dispositivo de seguridad que opera en el estadio coruñés. Estaba prevista, en todo caso, a primera hora de la mañana de hoy una reunión de coordinación en la Subdelegación del Gobierno de A Coruña.

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La declaración de partidos de alto riesgo se efectúa según la Comisión Nacional contra la Violencia en virtud de “antecedentes o circunstancias concretas”. Esa prevención se realiza, inciden, para establecer medidas que eviten situaciones de riesgo y contemplan medidas tales como la separación total de las aficiones rivales y la supervisión del acceso de ambas al recinto. No se han vendido entradas a aficionados colchoneros porque nadie las ha solicitado. Y, así, no se declaró el partido de alto riesgo. Pero apenas cinco horas después de publicar el listado de los que sí lo eran la Comisión puso la alarma sobre la cita del sábado en A Coruña menos de 48 horas antes de que ruede la pelota. Y trataba de explicarse en un comunicado: “De momento —pues la Comisión recaba continuamente detalles en el entorno del fútbol profesional—, no hay ningún encuentro más estipulado con este perfil, si bien no se descarta que se pueda unir alguno más a este grupo en las próximas horas”. Esa misma tarde había dejado claro en otra nota pública que la declaración de partidos de alto riesgo se establece “con la máxima anticipación”.

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El Sevilla nunca se rinde

Fue una nueva delicia. Un episodio que sigue engrandeciendo la leyenda europea de este Sevilla que nunca se rinde. El equipo que tan bien dirige Unai Emery sigue vivo en su torneo preferido, del que es campeón, después de superar en un segundo tiempo para enmarcar a un gran rival como fue el Zenit. Un equipo de Liga de Campeones que maniató al Sevilla en un buen primer acto, pero que no tuvo más remedio que rendirse al talento, velocidad e intensidad del Sevilla en la segunda mitad. Un periodo donde el equipo andaluz fue activado por los cambios de Emery, quien supo reaccionar ante el planteamiento de tres centrales ordenado por Villas-Boas, que llegaba a Sevilla con importantes bajas en su equipo.

Mbia, Bacca y Denis Suárez obraron la remontada. Mbia, con su empuje habitual y su capacidad para incomodar al contrario. Bacca, porque metió el empate, tuvo el 3-1 en sus botas y hoy por hoy es mejor que su compañero Gameiro, mejor casi siempre como revulsivo. Y Denis Suárez, porque además de meter un golazo de bandera mostró una personalidad insultante. Siempre quiso el balón para darle a Banega y Reyes ese apoyo que tanto ansiaron en la primera mitad. Además, su espíritu contagió al resto. Por ejemplo, a Krychowiak, que volvió por sus fueros en esa deliciosa segunda mitad. También los laterales, en este caso Aleix Vidal y Tremoulinas, que volaron para llegar una y otra vez al área del Zenit. El Sevilla, que nunca se rinde, tiene opciones serias de volver a colarse en las semifinales de la Liga Europa. Aunque haya recibido un gol, ha tenido la capacidad de golpear primero. El Zenit será mucho Zenit en Rusia, pero al Sevilla le vale el empate y, sobre todo, siempre es competitivo.

Ryazantsev había avisado con un remate de cabeza que no entró de milagro. El interior ruso, rápido y vertical, acertó en el minuto 29, cuando Iborra no acertó a pelear un despeje de pareja. Ryazantsev se internó y remató, en dos ocasiones, para batir a Rico. El tanto plasmó la superioridad del Zenit. Un señor equipo, que se presentó en Nervión sin dos de sus mejores jugadores, Danny y Hulk, sancionados, y ofreció una lección de pragmatismo y orden en el primer acto. Emery se olía el repliegue intensivo planteado por Villas-Boas, asentado en una línea de tres centrales, y varió su once titular. Buscó en Reyes el desequilibrio y el pase a Gameiro, prescindiendo de los oficios de Vitolo y Bacca. Buscando el desborde y la velocidad, Emery se encontró con el pase imposible de Reyes y la limitación de espacios para Gameiro. Ese tipo de cambios no suele salir demasiado bien.

El Sevilla fue un manojo de nervios, entregado a Reyes, con Banega ausente y sin capacidad para penetrar por las bandas. Por primera vez en mucho tiempo, fue un equipo desafinado, sin mostrar ese fútbol intenso que tantos beneficios le ha dado a lo largo de la temporada. El oficio del Zenit lo acogotó. Villas-Boas apostó por el repliegue y le salió bien, puesto que sus laterales también sabían atacar y acababan reconvertidos en extremos. En el duelo, de escasas ocasiones, acertó primero el Zenit, más entero, más equipo, asentado en el descomunal trabajo de Javi García.

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Al Sevilla no le funcionaba ni el adelantamiento de Iborra, sobre el que percutían el propio Javi García o Garay, dos auténticas torres que impidieron con su anticipación las irrupciones del futbolista valenciano en su área. El Sevilla necesitaba agitarse y buscar la fórmula para desbordar a un equipo serio, con las ideas muy claras. A los jugadores de Emery le resultaba extraño no haber gozado de ninguna ocasión en un primer acto en el que fue superado ampliamente.

El entrenador vasco lo vio claro. No era la noche para que Iborra percutiera o Gameiro buscara el desmarque ante una ordenada defensa de tres centrales. Tocaba jugar por bajo hasta hacer enloquecer a los rusos. Los cambios estuvieron perfectos. Denis Suárez entendió a la perfección su papel combinativo, Bacca fue un preciado estilete y Mbia agotó a los rusos. Una combinación perfecta para lograr unas fantástica remontada y seguir manteniendo a salvo la fortaleza de Nervión (33 partidos sin perder). Ganó el Sevilla y se permite el lujo de seguir soñando con el pase a semifinales. Ha golpeado primero y tocará rematar la faena ante un gran rival.

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El señor de los récords

Hay futbolistas que escriben su historia en un libro aparte. Conquistado el juego, rendida la afición, parecen saltar al césped dispuestos a atrapar registros. El 18 de agosto de 1998, Xavi Hernández (Terrassa, 1980) se estrenó en un partido oficial con la camiseta del Barcelona. Nadie en el fútbol actual ha abierto tanto sus vitrinas (25 copas, tres con la selección española). Nadie ha disputado más encuentros con el Barça (755). Y, desde el miércoles, nadie se ha visitado tantos campos en Europa. Leyenda entre leyendas, frente al PSG el capitán del Barça sumó su partido 169 en competiciones europeas. En el retrovisor quedaron Maldini (168), Seedorf (161), Zanetti (160) y Raúl (158). Récords al margen, los partidos no oxidan su fútbol.

En el verano Xavi se tapó los oídos frente a las suculentas ofertas del fútbol catarí y de la MLS de Estados Unidos. Sabía, en cualquier caso, que la recompensa no pagaría con minutos en el Camp Nou. “Si te quedas, para mí perfecto; pero si no te pongo, no me toques las pelotas”, le advirtió Luis Enrique. Así sucedió. La temporada pasada Xavi participó en el 85% de los minutos disputados por el Barça. En este curso, con el asturiano en el banquillo, el 6 vio cómo su participación se adelgazaba hasta un 40%. No le importó. No se recuerda ninguna cara larga del campeón del mundo ni al entrenador ni a los compañeros. A sus 35 años tiene claro su rol.

“Xavi siempre nos aporta grandes cosas. No es una novedad. Es lo de siempre”, elogió Luis Enrique al interior de Terrassa, tras la victoria azulgrana en el Parque de los Príncipes. Al centrocampista no se le gastó su tiza en el último pase: suma ocho asistencias esta temporada. Una cada cuatro partidos, cifras, incluso, superiores a las de la temporada pasada (cuando promedio 0,12 pases de gol), pero estadísticas calcadas al último curso de Guardiola en el banquillo del Barcelona.

Desde que Luis Enrique cogió las riendas del Barcelona, el juego azulgrana cambia de piel. A veces, punzantes en ataque; otras, pacientes con el balón. Y aunque Xavi se contamina con el vértigo de sus compañeros (da un 30% menos de pases que, por ejemplo, cuando Tito Vilanova era el técnico del Barça), no pierde su acierto: 93% de eficacia. Ocurre, en cualquier caso, que cuando el técnico asturiano quiere guardar el cuero, encuentra siempre el mismo nombre para la misma pregunta: Xavi. Revulsivo con pausa, el capitán saltó desde el banquillo en 17 de los 32 partidos que ha disputado en esta temporada.

Cuando los encuentros se le alocan al Barcelona, la cabeza de Xavi devuelve la sensatez al fútbol. Pasó en Vigo (0-1), pero la fórmula no funcionó en Nervión (2-2). Sin embargo, la receta volvió a tener éxito en el Parque de los Príncipes. Cuando Blanc mandó al campo a Lucas Moura en lugar de Rabiot, el partido dio lugar a una vorágine que no ayudaba a los intereses del Barça. Pero, toda vez que el campeón del mundo con España cogió el timón, el cuadro de Luis Enrique cocinó el partido que se le extravió en el Sánchez Pizjuán.

Aunque pasó de jugar el 85% de minutosal 40%, su presencia resulta determinante

Xavi tiene un imán con la pelota y su presencia funciona de analgésico a la asidua (en esta temporada) desesperación del Barcelona. Tranquilidad para Luis Enrique y también para Leo Messi. El argentino descansa en el catalán. El 6 es un manto de seguridad que arropa al juego del 10. En los 37 minutos en el campo de Xavi frente al PSG, Messi le cedió el cuero en 12 ocasiones, sólo superado por Busquets (jugó todo el partido) al que le pasó la pelota 16 veces.

Ya no esconde Luis Enrique su equipo de gala; sin embargo, con Iniesta en la enfermería — sufre una fuerte contusión en la articulación sacroilíaca—, Xavi está disponible para entrar en el once frente al Valencia. El sábado el Barça defiende su liderato en su casa y el presente del interior no olvida su pasado. Un poco de Xavi es mucho, y tiene ventaja sobre Rafinha y Sergi Roberto para relevar a Iniesta. Quizá son las últimas pinceladas del fútbol de Xavi con la camiseta azulgrana. Nostalgia anticipada en el Camp Nou, que se empieza a despedir de su hombre récord.

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Las cañerías del Barça funcionan muy bien

Cuando yo era un crío de nueve años, en mi barrio del Abasto de Buenos Aires, existía una forma de distracción que consistía en hacer un círculo y pasarnos un balón unos a los otros con alguien en el medio tratando de quitárnoslo. El que interceptaba el balón dejaba el centro para pasar a disfrutar con su nueva posición. Así, hasta que nos cansábamos y pasábamos a jugar un partidillo. Todo esto ocurría en la calle. A ese ejercicio le llamábamos “medio”. “¿Hacemos un medio?”, era la pregunta de rigor, cada tarde, después del colegio. Así que el famoso rondo que hizo escuela en el Barça, en mi barrio se llamaba medio. En el partidillo se imponía otro ejercicio más insolente. Y más necesario, porque además de contrarios, había que sortear coches. El caño.

En el Barça de los últimos años, el medio, además de clave de su filosofía futbolística, es esa exasperante minis-asociaciones que urden sus jugadores para controlar el partido, para ralentizarlo o para llegar a la portería contraria, donde sus defensas ven la pelota cuando ya los ha esquivado. Últimamente en el Barça comienza a contagiarse el uso indiscriminado del caño. Creímos por un momento que Aimar era el dueño absoluto del invento. Pero en recientes partidos, Messi se sumó a la fiesta. Ahora, desde el partido contra el PSG, parece que Luis Suárez, no queriendo ser menos, le propinó dos consecutivos a David Luiz como para retirar al zaguero más intratable.

Creímos por un momento que Aymar era el dueño absoluto del invento del caño. Pero en recientes partidos, Messi se sumó a la fiesta

El caño no es una jugada cualquiera en el fútbol. No es una provocación aunque lo parezca, ni una ocurrencia manierista. Es la única que puede atravesar a una figura de carne y hueso. Y es la única que hace que balón y jugador se separen y se reencuentren en fracción de décimas de segundos para acortar distancia hacia la portería adversaria. El caño parece un adorno, pero no lo es. Es un dispositivo para ahorrar tiempo y espacio. Es una elipsis.

Aimar, Suárez y Messi entregados al mismo arte del escapismo. Ni Houdini lo hubiera mejor haría mejor.

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El beso de Lucas Pérez

Concreto, punzante, vertical, en cada acción suya hay como algo que se rasga, como si en cada una de sus jugadas guiase la pelota con el alma. Expansivo como es dentro y fuera del campo, si se juega al fútbol como se vive, Lucas Pérez Martínez (A Coruña, 1988) esparce sobre el verde jirones de pasión. Y cuando llega el gol la explosión suele culminar con un gesto cada vez más banalizado en el fútbol: el beso al escudo. Hay quien le llama tribunero por ello e incluso en el vestuario brotan las bromas ante tanto ardor, pero quizás sea algo más que un beso.

Coruñés, de barrio, siempre destacó de niño en el fútbol base de la ciudad. Nunca jugó en el Deportivo, que lo preseleccionó y lo descartó para jugar un torneo de Brunete cuando el club aún no tenía equipo alevín. Lucas despuntaba entonces en el Victoria, el equipo del que había partido en su día Amancio Amaro. Un club referencial en la ciudad del que muchos de sus compañeros sí dieron el salto al fútbol base blanquiazul. Ninguno de ellos llegó a ser profesional. Lucas sí, mediapunta con más carácter que sutileza. “Jugué con gente que tenía muchísimas condiciones, pero pienso que llegar es una cuestión mental, no sólo de talento”, explica. La cabeza debe funcionar cuando sin pelo en la cara hay que salir de casa para tratar de ser futbolista con una camiseta blanquiazul que no es la que soñaste de niño, cuando tras regresar de esa primera experiencia en el juvenil del Alavés vuelves a hacer el petate para irte a Madrid o para firmar con 22 años un contrato que te envía a vivir a Lviv, en Ucrania. “La sensación era que todos esos sitios estaban muy lejos… Miro atrás y no sé si se lo recomendaría a alguien, pero me movía la ilusión y querer crecer”.

Me gusta que me digan que soy un futbolista de la calle, de esos que siempre han jugado contra los mayores en los partidos del barrio

Lucas dio el salto lejos de sus sueños mientras en A Coruña se buscaban talentos en la cantera. Hay algo en esa suerte de buscarse la vida en un destino remoto que remite a su familia, a su abuelo y su padre, que durante años trabajaron en el mar, embarcados para pasar meses faenando en el Gran Sol, frente a la costa de Irlanda. “No creo que hubiese acabado ahí”, descarta. No sabe dónde estaría si no es por el fútbol, siempre en torno a la pelota y la competitividad que genera. “Con 16 años me fui a Vitoria a vivir en una residencia con más compañeros y una señora que nos cuidaba. Era una preselección de unos cuarenta chicos y quedamos dos: Pedro Oliva, un chico extremeño, y yo, pero poco después comenzaron todos los problemas con Piterman y decidí volver”, rememora. Era juvenil y despuntó unos meses en la Tercera División gallega antes de que de que le llegase una oferta del Atlético para jugar en su tercer equipo. José María Amorrortu, entonces responsable del fútbol base rojiblanco, le conocía de verle evolucionar por los campos vascos. Sin noticias del Deportivo, tomó la A-6. “Conocí un gran club que me ayudó a crecer. Y la Tercera era más dura que la gallega. Coincidí con gente como Yoel, ahora en el Everton, o Pulido, del Albacete. En mi segunda temporada lo jugué todo, pero me dijeron que mi perfil no era válido para subir al B y me fui al filial del Rayo”.

En Ucrania, en Lviv, me quitaron dinero que no me tenían que quitar, firmas contratos de aquella manera…

En Vallecas lideró al equipo en una inolvidable temporada que acabó en ascenso a Segunda B. Luego Pepe Mel le hizo debutar con el primer equipo, entonces en Segunda División. Y en enero de 2011 decidió aceptar una oferta del Karpaty Lviv, por una parte un error, por otro una experiencia, un Gran Sol futbolístico. “Me quitaron dinero que no me tenían que quitar, firmas contratos de aquella manera… No tienes la cobertura sindical que hay en España para el futbolista y convives con situaciones nada agradables que te afectan a ti y a compañeros muy cercanos porque allí estás lejos de todo y tienes que apoyarte en ellos. Yo me pensaría bien salir a según qué países. En Ucrania el 80% de la gente es pobre y el resto multimillonaria. Y el futbolista no puede estar en una burbuja porque ves el día a día en los autobuses, en la sanidad, en tantas cosas”. Partir de Lviv a Kiev, al histórico Dynamo, parecía un goloso caramelo, pero resultó agrio, cuatro meses sin jugar y una ansiada salida a Grecia, al PAOK de Salónica, que lo conocía bien tras un par de enfrentamientos en competición europea frente al Karpaty. Grecia ya era otro tipo de caladero. “Un país similar al nuestro, con un ambiente precioso para jugar al fútbol y una competición donde los grandes están al nivel de la Primera de aquí”. Disfrutó, se sintió importante y querido, pero siempre tuvo un ojo en casa, en aquella ilusión del niño descartado que se quedó a las puertas de Brunete. “Soy aficionado del Dépor porque amo mi ciudad, su cultura. Me gusta que me digan que soy un futbolista de la calle e identifico lo que es: sufrido, guerrero, peleón, con condiciones y calidad, que siempre ha jugado contra gente mayor en los partidos del barrio, que te metías a jugar y no te echaban porque podías jugar con ellos. Ese era yo”.

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Víctor y Manuel Pablo, siempre en la misma banda
Adiós a un entrenador malquerido, Víctor Fernández

Y así cuando llega el gol, cuando Lucas Pérez se agita y entra como en una especie de paroxismo, repara en que en el pecho lleva un escudo y se lo lleva a los labios. “A lo mejor hay mucha gente que no lo entiende, pero cuando lo hago estoy besando a mi ciudad, a la nostalgia que tuve de ella, al hecho de haber vivido cuatro años en el extranjero o dejar a mi familia y amigos cuando tenía 16 años”. Su deseo es que ese beso sea eterno, pero por mucho que haya amor, todo en el fútbol pasa por la chequera: el Deportivo deberá negociar por Lucas con el PAOK, al que le unen dos años más de contrato, una continuidad que en A Coruña todos, al fin, desean.

Reportaje de Canal + sobre Lucas Pérez / EL DÍA DESPUÉS

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