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Madrid y Bayern llegan justos al tramo final

Luka Modric y Gareth Bale dejaron el Bernabéu el sábado con muletas. El croata casi dice adiós a la temporada (estará fuera entre 5 y 6 semanas por un esguince en el ligamento colateral de la rodilla derecha). El galés, con un pinchazo en el gemelo izquierdo, será sometido hoy a una resonancia para averiguar si hay o no rotura. Benzema es duda para la vuelta de cuartos de Champions contra el Atlético —tiene unas molestias en la rodilla— y Marcelo no estará disponible por sanción. Carlo Ancelotti se juega así la temporada sin tres piezas clave. Pocas veces se le vio tan preocupado como el sábado tras el partido contra el Málaga. Cuando se retiraron Bale (minuto 3) y Modric (minuto 59), él estaba al borde de la zona técnica dando instrucciones.

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En la zona técnica también estaba el sábado Pep Guardiola cuando se llevó las manos a la cabeza tras la dura entrada de Rudy a Bernat en el partido contra el Hoffenheim. El entrenador del Bayern sustituyó al defensa en el descanso para evitar males mayores. El martes tiene que remontarle un 3-1 al Oporto si quiere jugar las semifinales y su equipo está diezmado por las lesiones. No están Robben, Ribéry, Schweinsteiger, Javi Martínez ni Alaba. Götze se unió a la lista después del choque contra el Oporto. Además, Hans- Wilhelm Müller-Wohlfarht, jefe médico que llevaba 38 años en el club, dijo adiós por diferencias con Guardiola abriendo un cisma importante en la entidad.

La Juve, que ganó 1-0 al Mónaco en Turín sin Pogba ni Pirlo, podrá recuperar únicamente al italiano para la vuelta. Simeone tendrá que renunciar a Mario Suárez en el Bernabéu por sanción. A diferencia del Bayern y de la Juve, que tienen 11 y 16 puntos de ventaja sobre el segundo, respectivamente, en sus campeonatos, Barcelona, Madrid y en menor medida Atlético no pueden permitirse descansos en este tramo final de temporada.

Los suplentes de Luis Enrique suman más minutos que los utilizados por Ancelotti

Barça y Madrid mantienen un pulso para llevarse el título liguero. Ambos están sufriendo para cumplir, pero los azulgrana han rotado más a lo largo de la temporada: Luis Enrique ha ido dando más minutos a los suplentes. Los cinco suplentes que más han jugado en el Barça suman 6.815 minutos, por ejemplo, por los 4.097 que suman los del Madrid.

Ancelotti ha tirado siempre de los mismos: salvo (caso de las lesiones de Modric, James, Sergio Ramos y Pepe) cuando ha tenido que buscar alternativas por obligación. “!No!”, contestó, rotundo, Ancelotti el viernes cuando le preguntaron si se había arrepentido de no haber rotado más a lo largo de la temporada. El sábado, contra el Málaga, sí prescindió de Coentrão —que sustituirá a Marcelo en Champions— para que trabajara en Valdebebas, pero no de los titulares de siempre.

Para la vuelta contra el Atlético (0-0 en la ida) maneja alternativas para suplir las ausencias de Modric (aunque este sea insustituible ya que no hay un jugador de ese corte en la plantilla, que dé pausa y rapidez al juego cuando este lo requiere) y Bale. Si mantiene el 4-3-3, James, Kroos e Isco podrían formar la medular (solución que ya empleó el Madrid siete veces esta temporada, una de ellas, precisamente, contra el Atlético en la vuelta del derbi de Copa). Arriba, junto a Benzema y Cristiano, puede optar entre un dinámico Chicharito o un Jesé que ha perdido velocidad y habilidad en el uno contra uno.

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Cristiano se interesa por el estado de Bale, lesionado. / GERARD JULIEN (AFP)

Si, en cambio, Ancelotti opta por un 4-4-2, tiene tres alternativas para acompañar a James, Kroos e Isco. Khedira, del que tiró en la final de Lisboa del año pasado aunque viniera de seis meses de lesión; Illarramendi, en el que nunca ha confiado, y Lucas Silva. El brasileño, que dijo querer ser como Toni Kroos el día de su presentación, ha ido desapareciendo de los once de Ancelotti. Khedira se ha quedado fuera en seis de las últimas siete convocatorias e Illarra ha jugado con algo más de regularidad. Al menos, en minutos.

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Los más bellos goles en verso

Nada puede despertar más pudor que poner letras minúsculas a quien las embelleció con mayúsculas. La temeridad se acepta porque frente al inevitable sonrojo pesa más disfrutar por enésima vez del mejor poeta futbolístico. Entre otras muchas cosas, eso era Eduardo Galeano (Montevideo, 1940-13 de abril de 2015), autor de los goles orgásmicos más líricos, rapsoda de “esos carasucias que cometen el disparate de gambetear (…) por el puro goce del cuerpo que se lanza a la prohibida aventura de la libertad”. También fue exégeta del dios redondo, el fútbol, “la única religión que no tiene ateos”. Sus feligreses son “hinchas en el manicomio” cuya camiseta es “la segunda piel” y la única unanimidad es el árbitro, “al que todos odian”.

Como los pies de palo no le obedecían salvo en sueños, jugó al fútbol con la palabra. Con ella, como mendigo del buen fútbol, suplicaba “por una linda jugadita, por amor de Dios”, lo que podía llegar a neutralizar su pasión por Nacional y la Celeste. Incluso dejaron de importarle los colores de aquellos jugadores que le brindaban la alegría “del juego bien jugado” y cada vez que comenzaba un Mundial, él y su compañera Helena colgaban en la puerta de casa el siguiente cartel: “Cerrado por fútbol”. Era su estadio, “porque no hay nada menos vacío que un estadio vacío”, y él se sometía a la dictadura de la “telecracia”. Allí, como en las canchas en directo, disfrutaba del ídolo, fácil de identificar porque “la pelota lo busca, lo reconoce y lo necesita”. También se compadecía del jugador en el ocaso, “al que la fama, señora fugaz, no le dejaba ni una carita de consuelo” en su retiro.

No solo padecía por el jugador, el divo caído. Tenía sentimientos encontrados con la “orgullosa y vanidosa pelota”. La menina, caricia verbal de los brasileños, tenía motivos para la petulancia: “Bien sabe ella que a muchas almas da alegría cuando se eleva con gracia, y que son muchas las almas que se estrujan cuando ella cae de mala manera”.

Maradona llevaba la pelota atada al pie, Messi lleva la pelota dentro del pie”

En ese “triste viaje del placer al deber” por el que ha transitado el fútbol, el gol era una pesadumbre, signo de los tiempos modernos. “El gol es el orgasmo del fútbol y como el orgasmo es cada vez menos frecuente en la vida moderna”. Gran culpa tenían los arqueros, “aguafiestas del gol que bien podrían ser llamados mártires, paganinis, penitentes o payasos de las bofetadas”. Como Zamora, “pánico de los delanteros”, porque si le miraban “el arco se encogía y los postes se alejaban hasta perderse de vista”. Y Yashin, “brazos de araña y manos de tenaza”.

Para alivio orgásmico ahí estaban los grandes delanteros, los que hacían del gol un do de pecho. El brasileño Friedenreich, hijo de alemán y una lavandera negra, genio del Sudamericano de 1919 “que hizo más goles que Pelé” y cambió la geometría de todo un país: “Desde Friedenreich, el fútbol brasileño que es de veras brasileño no tiene ángulos rectos, como tampoco los tienen las montañas de Río ni los edificios de Niemeyer”. Sin olvidar a su compatriota Leónidas, “al que en el Mundial del 34 le contaron seis piernas y opinaron que era cosa de magia negra”.

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A los primeros tótems brasileños les sucedió un rey, Pelé: “Cuando iba a la carrera pasaba a través de los rivales, como un cuchillo. Cuando se detenía, los rivales se perdían en los laberintos que sus piernas dibujaban. Cuando saltaba, subía en el aire como si el aire fuera una escalera. Cuando ejecutaba un tiro libre, los rivales que formaban la barrera querían ponerse al revés, de cara a la meta, para no perderse el golazo”. Con Pelé se alistaba en la selección alguien que regateaba como “un Chaplin a cámara lenta que murió de su muerte: pobre, borracho y solo”. Tenía el apodo de un feúcho e inútil pajarillo: Garrincha.

Al entronizado Pelé solo le discutía el trono Di Stéfano, al que “todo el campo de juego cabía en sus zapatos”. La Saeta jugó en el Madrid con Kopa, “un francés al que llamaban el Napoleón del fútbol porque era bajito y conquistador de territorios”. Y por la orilla izquierda del histórico Madrid volaba Gento, “un forajido que tenía la captura recomendada por todos los equipos rivales, al que a veces conseguían encerrarlo en cárceles de alta seguridad, pero él se zafaba siempre”. Al Madrid, primer colonizador de la Copa de Europa, le exigía, y mucho, el poderoso Benfica, que por esas paradojas del fútbol lideraba Ninguém (nadie, ninguno). Había nacido “destinado a lustrar zapatos, vender maníes o robar a los distraídos”. Fue Eusebio, “un africano de Mozambique el mejor jugador de la historia de Portugal”.

Tampoco hay duda de quién fue el mejor jugador en Holanda. Cruyff fue “un director de orquesta y músico de fila, calentón, trabajador y talentoso”. Al genio naranja se le cruzó en el camino el Torpedo Müller, un depredador “disfrazado de abuelita” para el que “la red era el encaje de novia de una niña irresistible”. En los ochenta apareció Platini, que hacía “goles de ilusionista de esos que no pueden ser verdad”. Lo mismo sucedía con el brasileño, Zico, “que metía goles que los ciegos querían que les contaran”.

El fútbol fue para el escritor uruguayo, “la única religión que no tiene ateos”

De dibujos animados era Romario, “que ensayaba en su favela infantil los muchos autógrafos que iba a firmar en el futuro”. Un futbolista “que trepó a la fama sin pagar los impuestos de la mentira obligatoria: se dio el lujo de hacer siempre lo que quería”. Un enigma este Romario, de piernas con arco y culo bajo. A este juego nunca le faltaron arcanos. Como el de Baggio. “Su fútbol tiene misterio: las piernas piensan por su cuenta, el pie dispara solo, los ojos ven los goles antes de que ocurran”.

Y para gigantes futbolísticos de cuerpos recortados, Maradona y Messi. El Pelusa, “en el frígido fútbol de fin de siglo XX, que exige ganar y prohíbe gozar, es de los pocos que demuestra que la fantasía puede ser eficaz”. Ocurre que el Diego “jugó, venció, meó y perdió”. Lo de Messi en los dedos de Galeano tuvo que esperar. Hubiera merecido una edición única de Su Majestad el Fútbol (1968), pero el escritor uruguayo cerró su segundo gran partido literario en 1995. Y lo hizo así: “Escribiendo iba a hacer con las manos lo que nunca iba a ser capaz de hacer con los pies, yo no tenía más remedio que pedir a las palabras lo que la pelota, tan deseada, me había negado. De ese desafío, y de esa necesidad de expiación, ha nacido este libro (…) No sé si es lo que ha querido ser, pero ha llegado a su última página. Y yo me quedo con esa melancolía irremediable que todos sentimos después del amor y al fin del partido”. Se llamó El Fútbol a Sol y Sombra. Un incunable, goles en verso.

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Quedaba uno suelto. El de Messi, el último gran asombro para el mayor trovador del fútbol. Galeano, en una entrevista con el diario La Nación, defendió su tesis de la messiología: “Inventé una teoría, que se la hice llegar a él a través del director técnico de la selección: así como Maradona llevaba la pelota atada al pie, Messi lleva la pelota dentro del pie. Lo cual es un fenómeno físico. Inverosímil. La frase le llegó. Y se ve que le gustó, porque me mandó una camiseta de regalo. Científicamente es imposible, ¡pero es verdad!”.

Palabra de quien aprendió de Juan Carlos Onetti que las “únicas palabras que merecen existir son las que mejoran el silencio”. Lástima que el fútbol no haya guardado el suyo, un minuto silencioso por su mejor juglar, un coplista único del balón impreso.

Y perdone, maestro, que le haya tomado las palabras.

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El Celta quiere un pasaporte a Europa

Quiere ser europeo el Celta, que se ha puesto a cuatro puntos de la séptima plaza que puede valer el pasaporte a la Europa League y que ahora mismo detenta el Málaga, visitante en Balaídos dentro de dos jornadas, apenas tres dias después de que el Real Madrid, el próximo domingo, pase por Vigo. Venció en Ipurúa y condena al Eibar a un sufrimiento que se tamiza por el error ajeno, por ese paso de tortuga en la cola que le permite mirar hacia el futuro con una cierta esperanza pese a haber sumado apenas cuatro puntos en lo que va de segunda vuelta.

El partido bebió del error, que abundó. Buscó el Eibar el del Celta y encontró el Celta el del Eibar para llevarse los puntos con un penalti transformado por Nolito, que hace ya unas semanas que vuelve a estar fino. El equipo de Berizzo empezó mandón, amparado en su superioridad técnica, con ese frenesí que es marca de la casa, un ritmo alto en el que se siente cómodo. Pero al cuarto de hora ya sufría, se supo vulnerable por más que tuviera la pelota y gozase de un aparente dominio porque el Eibar empezó a sacar frutos de su idea, la de aguardar replegado el fallo para salir a la contra. Llegaron pifias en entregas o en salidas desde atrás y el Eibar, agazapado como estaba, se alzó como un tigre hambriento, plagado de inicio con mediapuntas en una alineación diseñada para la respuesta con Saúl Berjón, Capa y Javi Lara a la carrera y Arruabarrena para desgastar a los centrales y los mediocentros, para aplicar fortaleza y tesón justo donde el Celta peca por manso.

Perdió dictado el Celta en cuanto sintió el aliento del rival, también porque el partido se trabó. Que la pelota no rodase perjudicaba a los celestes y arengaba al Eibar, que además siempre sabe como trabajar en las acciones a balón parado. Llevó el partido el equipo vasco hacia aquello que convenía a sus condiciones, pero penó por una equivocación de Didac Vilà en el lateral zurdo que culminó en penalti a Santi Mina. Velasco se fue a los once metros tal y como lo había hecho minutos antes tras un piscinazo de Larrivey del que le tuvo que alertar un atento árbiro asistente. Ésta vez pocas dudas cabían. Tampoco las tuvo Nolito para transformar ni para sacarse poco después un chut desde medio campo que pudo golpear definitivamente al Eibar justo antes del descanso, tiempo que aprovechó Gaizka Garitano para cambiar de plan. Entraron Manu del Moral y Piovaccari, subió líneas el Eibar, aparcó la velocidad y se subió al tren de la fuerza y la segunda jugada.

El gol lo había hecho mudar todo, ante la mayor concreción del rival, el Celta se blindó con paciencia. Gracias a ella encontraron incluso a los laterales, siempre dispuestos a incorporarse y apoyar a sus delanteros. Con la entrada de Lekic como tercer cambio se hizo aún más largo el Eibar, presuroso por entrar en el área rival. Era una opción, pero no fue la que mejor le funcionó durante un partido del que no dejó de entrar y salir. Sacrificó Garitano a Dani García con casi media hora por delante, obvió la medular en la construcción del juego y se diluyó, apurado en la persecución de la pelota cuando más le pesaban las piernas. Fue entonces cuando más cómodo se encontró el Celta, muy cerca de la sentencia, pero no tuvo ni puntería ni habilidad para poner la rúbrica y se avino a recibir un golpe aislado que emborronara su partido. Casi se lo propina Didac Vilà para redimirse de su error en el gol con un lanzamiento que se estrelló en el larguero, el canto del cisne armero.

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El ‘cacique’ Messi

Asegura la leyenda que un día, todavía en tiempos de Pep Guardiola, entonces entrenador del Barcelona, le preguntaron a Leo Messi, “¿Cómo véis al equipo?”. Y el jugador, abrumado por la precaria situación del equipo, respondió: “Pídanselo al técnico, que tiene la solución, o así se lo oí decir. Al parecer se levanta muy pronto por la mañana y acude a un cuarto oscuro y allí encuentra la respuesta a cualquier problema”.

Messi nunca habló mal de Guardiola y el técnico siempre dispuso al equipo para que triunfara el 10 del Barça, como quedó constatado en la vigilia del clásico del 2-6 cuando el entrenador convenció al futbolista para que jugara de falso 9. La relación de ambos quedó tocada en 2012 después de la derrota en la Liga con el Madrid y la eliminación en la Champions con el Chelsea.

El delantero ya no solo ejerce de goleador, sino que funciona como futbolista total

No encontró respuesta Guardiola, que se impuso un año sabático, y Messi se entregó a Tito Vilanova. La muerte del técnico y una seria lesión provocaron la dimisión del futbolista, especialmente manifiesta con Tata Martino, hasta que despertó su alma competitiva en la entrega del tercer Balón de Oro para Cristiano Ronaldo. El portugués afirmó su propósito de igualar a cuatro con Messi. Aquel día el argentino se juró que competiría por ganar el quinto, circunstancia que pasaba porque el Barcelona montara un equipo capaz de recuperar el trono de la Liga y competir por recuperar el título de la Champions.

Y el Barça dejó de ser un equipo de autor, entregado a Guardiola, y se convirtió en el equipo de Messi sin desmerecer la figura del entrenador, Luis Enrique. El técnico asturiano, una figura intervencionista, topó con la figura del equipo, que cree merecer un trato aparte, cosa que pasa por disputar todos los partidos, no ser sustituido y mucho menos cambiado, incluso en periodos vacacionales como el de Navidad.

Luis Enrique no alineó a Messi en Anoeta y se armó la marimorena en el Camp Nou. El futbolista declaró la guerra y el entrenador tuvo que tragar quina, sobre todo cuando trascendió que en un entrenamiento ambos se tiraron los trastos a la cabeza. Al parecer el mister ejercía de árbitro, cosa nunca vista en un entrenador, que acostumbra a delegar en su segundo en los partidillos de los jugadores, siempre proclives a reyertas, y la figura del equipo le desafió por una falta no cobrada, conflicto que provocó el enfrentamiento abierto entre Luis Enrique y Messi. La mediación de Xavi evitó que la cosa fuera a mayores y el técnico desistió de expedientar al 10 por su desafío posterior a la visita a Anoeta.

El protagonismo del 10 ha aumentado con la permisividad y complicidad del técnico

El conflicto no pasó a mayores sino que cada uno asumió su responsabilidad, coincidentes en la necesidad de que el equipo recupere la ambición de ganar cuantos títulos estuvieran en litigio. No se discute hoy la importancia del entrenador ni de Messi. La prueba más evidente de la implicación del argentino es su actuación contra el Valencia. Messi ejerció de futbolista total por su implicación en el juego y en el resultado: 2-0. Marcó el segundo gol, el número 400 de su cuenta, remató previamente a la cruceta en un libre directo, asistió a Luis Suárez en el 1-0, y se convirtió en el futbolista referencial del Barcelona. El rosarino ejerció de cacique de acuerdo a la liturgia argentina, la misma que señala a los futbolistas que marcan las pautas del encuentro, normalmente desde el puesto de 5. Messi auxilió a la defensa para sacar la pelota ante la presión del Valencia, ayudó a combinar a los medios en situaciones de inferioridad numérica y fue determinante como delantero, asociado a Suárez y Messi o como punto final, aspecto que quedó claro en el 2-0.

El 10 fue un jugador universal en un partido difícil para el Barça. Asumió la responsabilidad que le tocaba desde su litigio con Luis Enrique. Jugó como nunca, compitió como no se le había visto, se desplegó por los sectores del campo, ejerció como el líder con la complicidad del técnico. Los dos se necesitan sin ser cómplices, sabedores de que el fin justifica los medios: hay que ganar y después ya discutirán sobre el botín.

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Cuando Collar volteó los pronósticos

La primera final de su historia la jugaron el Madrid y el Atlético el 24 de junio de 1960. Final de Copa, de Copa del Generalísimo se llamaba entonces. En el Bernabéu. Era el Real Madrid cuya alineación terminaba en Di Stéfano, Puskas y Gento y estaba en la cima de su gloria. Era favorito abrumador… pero ganó el Atlético.

Aquel fue el primer partido que vi en mi vida y la primera vez que vi una televisión, raro fenómeno del que se hablaba. Mi padre tenía un amigo acomodado, condiscípulo en los años del bachillerato, una de esas amistades que sobreviven al tiempo. Él nos invitó a su casa a ver el partido por el televisor, precedido por una serie de un héroe interestelar que se llamaba Diego Valor, al que debió el torero Diego Puerta que le aplicaran ese apodo.

Yo, decía, nunca había visto fútbol. El Madrid había ganado cinco Copas de Europa, pero a mis nueve años eso no era más que un run-rún entre los mayores. Los mayores, en mi caso, eran mi padre, mi hermano y mis tíos, todos madridistas felices y henchidos de legítimo orgullo. El Madrid acababa de ganar su quinta Copa de Europa en un partido arrasador, 7-3 al Eintracht de Frankfurt, cuatro de Puskas y tres de Di Stéfano. Y no era sólo eso: esa final se había jugado a caballo de la semifinal de Copa con el Athletic de Bilbao. En San Mamés había perdido el Madrid 3-0 en la ida. A nadie le extrañó mucho: la mente en la final europea, lo buenísimo y copero que era el Athletic… Se daba por eliminado al Madrid, que era precisamente todo menos copero. ¡Y sin embargo, en la vuelta barrió al Athletic, 8-1, ocho goles al gran Carmelo!

Así que en vísperas de la final (en el Bernabéu, además), era frecuente escuchar: “Siete al Eintracht, ocho al Athletic… ¡A estos nueve!”.

El Atlético además tenía sus apuros. Le faltaban Griffa y Calleja, lesionados. Le faltaban Mendonça y Vavá, que como extranjeros no podían jugar la Copa. En la Liga sólo había sido quinto, a trece puntos del Madrid.

Realmente, en las vísperas había que ser muy osado para dar favorito al Atlético.

El mismo día empieza el Tour, al que Bahamontes acude en plena gloria, ganador de la edición anterior. Farolea en la prensa francesa, a la que sabe dar lo que le gusta. Asegura que se le da bien torear y que un empresario le ha ofrecido 12 millones por seis corridas. (La bola es descomunal: aún faltan seis años para que El Cordobés cobre un millón por corrida).

Bernabéu y Saporta pasan la víspera en Lausana: se están atando los detalles de la primera Intercontinental. El Madrid jugará el domingo siguiente en Montevideo, el partido de vuelta se fija para primeros de septiembre, en el Bernabéu. Todo es el Madrid. Todo lo que no es Bahamontes, por lo menos.

Ambos equipos se concentran en El Escorial. José Villalonga es el entrenador del Atlético. Lo había sido del Madrid en las dos primeras Copas de Europa. Militar de carrera, entró en el fútbol como preparador físico. La Escuela de Mandos de Toledo fue la primera cantera de preparadores físicos del deporte. Había ascendido a entrenador tras una pelea entre Ipiña, secretario técnico, y Enrique Fernández. Después de esos éxitos europeos pidió aumento de sueldo y Bernabéu le despachó con cajas destempladas. La mañana del partido tuvo una inspiración. Llama a Collar:

—Vas a ser el capitán. Vamos a ganar el partido por ti y vas a ser tú el que coja la Copa.

A Collar le extraña, porque el más antiguo es Callejo. Hoy piensa que Villalonga lo hizo por cábala. Él ya había cogido una Copa de manos de Franco, en la final juvenil del 52.

En las vísperas había que ser muy osado para dar como favorito al Atlético, pero acabó ganando al Madrid

Al Madrid le entrenaba Miguel Muñoz, jugador en las tres primeras Copas de Europa. Había entrenado ese mismo curso al Plus Ultra y Bernabéu le había reclamado cuando echó sobre la marcha a Fleitas Solich, arrastrado por el fracaso de Didí. Muñoz acababa de empezar, pero tenía el laurel de la semifinal de Copa de Europa sobre el Barça de HH (3-1 y 1-3) y de la final del 7-3. Aunque se suponía que quien mandaba era Di Stéfano.

También el Madrid tenía bajas: Marquitos, Pachín y Canario. Canario era extranjero. Marquitos estaba lesionado. Pachín arrastraba una suspensión en España por un caso previo de doble contratación (fichó a un tiempo por Osasuna y Burgos) que no le impedía jugar en la selección ni en la Copa de Europa.

El partido es a las 20:30. Antes, el Firestone de Basauri, con un hermano del famoso Maguregui en sus filas, ha ganado la final juvenil por 5-2 al Murcia. Llega Franco, con el himno, los cuatro finalistas forman, el capitán del Firestone sube a por la Copa. Empieza el partido, se espera una masacre. Los equipos salen así:

Real Madrid: Domínguez; Pantaleón, Santamaría, Miche; Vidal, Zárraga; Herrera, Del Sol, Di Stéfano, Puskas y Gento.

Atlético de Madrid: Madinabeytia; Rivilla, Callejo, Alvarito; Ramiro, Chuzo; Polo, Adelardo, Jones, Peiró y Collar.

Arbitra Birigay. El Madrid no ha ganado la Copa desde 1947. El Atleti, nunca.

El Atlético sale a aguantar. Callejo se coloca de defensa escoba. Los laterales fijan a los extremos. Ramiro marca a Di Stéfano, Chuzo a Puskas, Polo, supuesto extremo, baja a la media a vigilar a Del Sol. Adelardo les ayuda a todos. El ataque queda fiado a la velocidad de Peiró y Collar (el ala infernal) y a la constancia del guineano Jones.

El Madrid, dueño del campo y el balón, marca el 1-0 en el 20′. Raro gol, un córner directo lanzado por Puskas, desde la izquierda y con la izquierda, pegándole con el exterior. Madinabeytia no queda en buen lugar. Luego hará un buen partido.

Pero al tiempo se lesiona Gento, al que se le reproduce un tirón mal curado. Quedará inútil para el resto del partido y servirá de explicación a la derrota. Aún con él de figura decorativa, el Madrid domina, manda. Hay un cabezazo de Di Stéfano al palo, hay paradas de Madinabeytia, hay un penalti a Del Sol que Birigay saca fuera del área. Hay un par de fallos inesperados de Puskas en el remate. Precisamente él, siempre infalible. Al descanso se llega 1-0. El Atlético ha hecho poco, pero algo inquieta a los madridistas: Collar le ha ganado todas a Pantaleón. “Como carguen el juego por ahí…”.

En el 51′ llega el 1-1 precisamente por Collar. Se va, tira y falla estrepitosamente Domínguez, cuyo paso por el Madrid se caracterizó por parar bien todo menos lo que le enviaba Collar. La facilidad con que este le hacía goles se hizo legendaria.

El Madrid aprieta, pero el partido se le ha puesto cuesta arriba. Liquidado Gento, Polo se va al extremo, a apoyar el ataque, para que Adelardo tome a Del Sol y Rivilla apoye. Herrera juega mal, no gana ni una. El Madrid ataca por el centro, con calidad, pero progresivamente más lento. El paso de los minutos le empeora. Al Atlético le mejora.

Se empieza a especular con la prórroga cuando en el 76′ Collar se va una vez más de Pantaleón, tira, rechaza Domínguez como puede y Jones, atento, remacha desde cerca. Me figuro que Domínguez pensaría: “Para una que le paro a Collar…”. Es el 1-2. El Madrid gasta lo que le queda en un último arreón, pero la salud está del lado del Atlético. En el 86′, Collar se va por enésima vez de Pantaleón y envía un centro raso, claro y medido, a Peiró, que machaca desde cerca. El Atlético es campeón.

Collar sube los escalones para coger la Copa de manos de Franco. La intuición de Villalonga se ha cumplido. El Madrid, abajo, aplaude agotado.

El Madrid es campeón de toda Europa menos España. Así lo dirán los atléticos.

Y Bahamontes, con ictericia, pierde ocho minutos el primer día del Tour.

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El Madrid, entre la persecución en Liga y la angustia por la Champions

La Liga obliga a Carlo Ancelotti a aparcar, momentáneamente, las preocupaciones de la Champions. Pero, aunque el técnico del Madrid insista en recordar que son dos los títulos que se juega el equipo, la sensación es que la temporada dependa de cómo acabará el derbi de cuartos del próximo miércoles. De ahí que todo lo que ocurra en Valdebebas estos días: la lesión de Benzema ayer y la ausencia de Coentrão en la convocatoria, sea analizado con vistas al miércoles.

Mientras que para ganar la Liga el conjunto blanco depende de tropiezos ajenos, para disputar las semifinales de Champions depende de sus aciertos. Se divide así el Madrid entre la persecución al Barcelona —a dos puntos con 21 en juego— y la angustia de jugársela ante el Atlético. En mitad de los dilemas llega un Málaga con objetivos europeos.

Ni después de haber jugado su mejor partido en meses consiguió el Madrid golpear al Atlético. Remataron 18 veces los blancos y no festejaron ni un gol. Ancelotti aseguró el martes que eso no tendrá repercusiones en la cabeza de sus jugadores y ayer dijo que ese 0-0 no resultó amargo. “Lo que me da más felicidad es que el equipo juegue bien porque para eso entrenamos. Después está la valoración del resultado y yo tengo buen sabor de boca porque el partido fue bueno”, aseguró.

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Respecto a ese partido, el técnico recupera a Pepe —no estaba al cien por cien— y podría dar descanso a Modric y Carvajal (apercibidos igual que Ramos y Coentrão). Pierde, sin embargo, a Karim Benzema. El delantero francés apareció ayer por el césped de Valdebebas con un vendaje en la rodilla derecha y abandonó la sesión de trabajo al resentirse de unas molestias en esa zona.

“No estará disponible ante el Málaga, pero lo vamos a recuperar para el miércoles. La baja de Karim no va a cambiar el dibujo. Pondré el mejor once posible para intentar ganar este partido. El Málaga es un rival peligroso”, analizó Ancelotti, que no se fía un pelo de un equipo que ya ganó al Barça en el Camp Nou. “Juegan con intensidad y dinamismo. Nos preocupa que hayan ganado en Barcelona. Tenemos que poner toda la energía que tenemos”.

Rotaciones, por lo tanto, las justas. Nada nuevo en la hoja de ruta de Ancelotti. “El de mañana [por hoy] es un partido y el del miércoles otro. El del Málaga no es un partido para dar minutos a Coentrão sino para ganar y seguir con la racha”, contestó el técnico cuando le preguntaron si hoy alinearía al lateral portugués para que coja ritmo de cara al partido de Champions. Con la ausencia de Marcelo por sanción, Coentrão es, a priori, la opción más natural que tiene Ancelotti para la vuelta de cuartos ante el Atlético. Pero el caso es que el lateral portugués se ha quedado fuera de la convocatoria y Marcelo será titular esta noche. ¿El miércoles? Ya se verá.

Coentrão, relevo natural de Marcelo para el miércoles, se queda fuera de la convocatoria

Tres son las opciones [cuatro con Bale, pero esa queda prácticamente descartada] que tiene para el carril izquierdo. Arbeloa y Nacho, los comodines de la defensa, y Coentrão. Nacho siempre que ha jugado ha cumplido: suma 924 minutos. No tiene, sin embargo, la experiencia de Arbeloa (1.669 minutos) para partidos decisivos. Por su parte, Coentrão apenas ha jugado 774 minutos esta temporada y no es titular desde el partido ante el Schalke (10 de marzo).

En una entrevista en Es Radio Ancelotti dijo que, si está bien, jugará el miércoles ya que hizo “una semifinal fantástica con el Bayern el año pasado”. El estado de forma del portugués es una incógnita. Lo ha sido toda la temporada. Los distintos problemas que ha ido sufriendo le han impedido jugar con el Madrid pero no con su selección. “Es muy intenso en los partidos, pero debe mantener esa intensidad en los entrenamientos, no siempre lo hace y eso repercute en su estado físico. Debe hacerlo para no tener riesgo de lesiones”, le criticó el técnico en Es Radio. En el Allianz Arena en las semifinales de Champions ante el Bayern sustituyó a Marcelo (entonces lesionado) con siete partidos de rodaje en las piernas. Venía, además, de jugar todas las eliminatorias desde la vuelta de octavos. Ahora no juega desde el 10 de marzo.

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Casadesús alivia al Levante

Con orgullo y corazón, limitado en el juego, el Levante alcanzó al final un empate balsámico, en el clásico arreón final del conjunto granota al calor de su afición. Víctor Casadesús, en la jugada más básica del fútbol cuando escasea el tiempo, un lanzamiento al aire desde la lejanía buscando un rematador en el área, logró marcar tras una dejada de Kalu Uche. Un gol, un punto que puede valer su peso en oro para el Levante, inferior al Espanyol en gran parte del partido, convencido el equipo de Sergio González de que la victoria que abastaba con orden y criterio, no se le escaparía. Perdonó el Espanyol y el Levante encontró alivio.

Con juego directo el Espanyol, con escasas y selectivas transiciones, obviando el centro del campo, al Levante le tocó llevar la iniciativa en el partido, poco dado a tales menesteres. El guión beneficiaba al conjunto de Sergio González, especialista en sacar rédito de la nada. El dominio ficticio del equipo granota no hacía cosquilla alguna al grupo perico. Un cuarto de hora tardó el Espanyol en cruzar el centro del campo. Y, en su primera acción ofensiva, cantó bingo. Un centro desde el costado izquierdo mal despejado por Simao, fue a parar a Víctor Sánchez cuyo tiro fue rechazado inocentemente por Mariño que dejó el esférico a los pies de Lucas Vázquez atento a la jugada.

El Espanyol sabe gestionar como pocos un resultado favorable. Pero en el fútbol suceden a menudo acciones episódicas que desmontan tácticas y equilibran el trabajo grupal. Si el conjunto catalán se adelantó en el marcador casi si proponérselo en una acción aislada, el Levante encontró rápida respuesta en la estrategia, tras un córner mal concedido por el juez de banda, lanzado este por El Zhar y rematado de cabeza por Simao de manera imponente, sin opción alguna para Kiko Casilla.

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Se encuentra cómodo el Espanyol en partidos de escaso ritmo y a ello se aplica. El orden le define. Lucas Vázquez pone la velocidad y verticalidad. Y Sergio García la distinción. Equilibrado el choque, del capitán perico nació la jugada del segundo gol españolista, culminado finalmente por Caicedo de un zurdazo a la escuadra de Mariño tras un pase filtrado de Víctor Álvarez. El delantero ecuatoriano, que no celebró el gol por su pasado levantinista, anotaba su noveno tanto del curso. Ya nadie discute en Cornellà-El Prat las prestaciones de Caicedo tildado de displicente en el inicio de temporada en la que le costó encontrar la forma y su espacio en el equipo. Aplaudió el Ciutat de València a Caicedo sustituido por Stuani al cuarto de hora del segundo tiempo.

Intensificó el ritmo y la presión el Levante en el segundo acto, descoordinado y discontinuo. Poca cosa para el Espanyol que creció con el avance del encuentro y que no supo concretar su dominio de la escena. Y al final, en una acción directa, el Levante encontró un empate de consuelo.

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Gaël Kakuta (Lille, 23 años) se toma las cosas con tranquilidad. “Este siempre es de los últimos…Sigue en la camilla, dice que en un rato sale”, advierten los utilleros del Rayo que aguardan su salida para cerrar el vestuario e irse a casa. El rato se convierte en horas de espera. La cita era a las 14 horas, después del entrenamiento, y el extremo francés aparece a las 15.45. “Perdón por el retraso”, se disculpa en inglés. No habla nada de castellano pero asegura entender a Paco Jémez y su lenguaje futbolero. Titular indiscutible esta temporada (es el jugador más utilizado por el técnico) ha marcado 5 goles y dado 6 asistencias en 31 partidos. En Vallecas ha tenido la continuidad que le había faltado en los últimos seis años en los que ha cambiado seis equipos. A final de temporada volverá al Chelsea por el que fichó con 16 años en 2007. Ese traspaso le costó a él y al club una sanción de la FIFA.

Pregunta. ¿Qué es lo primero que hace cuando llega a una ciudad nueva?

Respuesta. Buscar buenos restaurantes para llevar a mis amigos a comer.

P. ¿Cuáles son sus restaurantes favoritos de Madrid?

R. Kabuki y Ten Con Ten.

P. ¿Dónde vive?

R. En Vallecas, cerca de la Ciudad Deportiva.

P. ¿Es cierto que venía a entrenarse en bicicleta?

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R. Sí, estoy a 5 minutos en bici de aquí y al principio siempre me movía con ella.

P. ¿Y después?

R. Los entrenamientos se hacían cada vez más duros y tuve que dejar la bici en casa porque acababa muerto. Ahora voy y vengo en taxi; a veces me llevan mis amigos.

P. ¿Cómo fue su infancia?

R. Crecí en Lille. Jugaba al fútbol todo el rato, antes de ir al colegio, después del colegio e incluso en el colegio en el descanso.

P. ¿Recuerda su primera pelota?

R. Era de plástico y duró muy poco. Acabó en el jardín de los vecinos y nos la pincharon.

P. ¿Qué fotos tenía en su habitación?

R. Zidane, Ronaldinho y, aunque suene extraño, Steven Gerrard. Zidane es el futbolista más elegante que se ha visto en un campo: conduciendo la pelota y pasándola. Todo lo hacía bien. ¡Y esas ruletas! Ronaldinho era magia. De Gerrard me encanta su garra y disparo.

Al principio venía a los entrenamientos en bici. Acababa muerto… ahora vengo en taxi”

P. ¿Qué le gusta del fútbol?

R. Marcar goles y tener el control del balón.

P. ¿Ha llorado alguna vez por el fútbol?

R. Llorar no, cabrearme sí, mucho, porque no me gusta perder.

P. ¿Qué sabía del Rayo antes de llegar?

R. Todo lo que me contó Mohamed Diamé de cuando estuvo aquí: que más que un club era una familia. Y es verdad, a mí me encanta además esta forma que tienen de ver y vivir la vida. La gente es cercana, solemos juntarnos todos a comer a menudo. Para mí esto es muy importante, te sientes parte de algo.

P. Paco Jémez es un personaje peculiar, más debe serlo para alguien que no habla castellano. ¿Cómo lo entiende?

R. Entiendo todo cuando habla porque el lenguaje del fútbol me lo sé, lo aprendí.

P. ¿Qué tipo es?

En mi habitación tenía

fotos de Zidane, Ronaldinho y Gerrard: la elegancia, la magia y la garra”

R. Es muy buen entrenador, siempre está encima de todos y eso para un futbolista es fundamental, para que mejore a diario. Si no sale bien algo a la primera lo repite y lo repite hasta que conseguimos hacerlo bien. Es un perfeccionista. Y cuando ve que te relajas y bajas el pistón, ahí está pidiéndote el doble. Con él no puedes desconectar, si desconectas, está fuera del equipo. Era el entrenador que yo necesitaba.

P. ¿Ha tenido algún entrenador parecido?

R. Sí, Fred Rutten en el Vitesse. Cuando bajaba la guardia y me relajaba era como Paco: me mataba. Me han venido muy bien ambos porque antes apagaba el interruptor y ahora ya no lo hago, siempre me mantengo alerta y centrado cuando hay que trabajar.

P. ¿Cuál es el secreto de este Rayo?

R. ¡Paco! El secreto es Paco y su forma de trabajar. Con otros entrenadores el Rayo no estaría donde está.

P. ¿Qué le pide en el campo?

R. Que dé el cien por cien. Me gusta esto porque ha habido partidos, por ejemplo, en los que no he jugado tan bien y pese a ello no me ha sustituido. Yo sabía que me merecía ir al banquillo y pensaba: vale, me está dando confianza, ahora se la tengo que devolver. Recuerdo el día del Almería que tuve un mal partido y en los últimos 10-15 minutos me decía a mí mismo: tengo que marcar, tengo que marcar para devolverle la confianza porque a estas horas debería estar sentado en el banquillo. Lo hice, esprinté y marqué.

P. ¿Por qué el Chelsea lleva años cediéndole todas las temporadas?

R. No sé, creo que para jugar en el Chelsea tienes que estar preparado porque es un club grande. No puedes bajar el nivel, siempre te piden lo máximo.

P. ¿Y ahora lo está?

R. Estoy cerca del mejor nivel: he jugado con continuidad, he sumado experiencia. Pero necesitaría jugar allí para verlo y responderle.

Con Paco [Jémez] no puedes desconectar, si desconectas, está fuera del equipo. Era el entrenador que yo necesitaba”

[Jémez]

P. ¿Cómo vive tener que hacer las maletas cada año?

R. Como una experiencia.

P. ¿Qué aprendió en Holanda?

R. La concentración, los movimientos defensivos y aguantar. Normalmente, cuando tenía algún dolorcillo o molestia no quería jugar. Recuerdo que antes de un partido contra el Feyenoord, le dije al entrenador: ‘Me duele una pierna, no voy a poder jugar’. Me dijo: OK. Me fui a casa y recibí un SMS suyo que ponía: ‘Creía que eras un hombre, me esperaba más de ti’. Fue duro, pensé: Dios mío, no voy a volver a jugar, los que jueguen ahora lo harán tan bien que me van a quitar el sitio. Así que al día siguiente le dije: oye, lo intento. Jugué contra el Feyenoord y jugué muy bien. El entrenador me dijo después del partido: ‘Felicidades, ahora eres un hombre. Te puse a prueba’. Desde entonces me dije: voy a jugarlo todo salvo que tenga una pierna rota.

P. ¿Y en Italia?

En Holanda aprendí los movimientos defensivos y a aguantar. Italia fue una prueba de vida. En España he aprendido a darlo todo por el equipo y a luchar” 

R. Jugué 20 minutos [en la Lazio]. Pero todos los días llegaba el primero a los entrenamientos, siempre iba encabezando las carreras y los ejercicios. Hasta el entrenador estaba sorprendido de verme así teniendo en cuenta que no jugaba nunca. Me lo tomé como una prueba de vida. Pensaba: si no superas esto, no vales para el fútbol. Me hizo aún más fuerte porque veía que pese a tener cualidades y a trabajar duro no me ponían. Y eso quería decir que no dependía de mí. Por eso me esforzaba tanto: para que, llegado el momento, podía demostrarles lo que valía. Me hicieron jugar un partido benéfico a final de temporada en Bulgaria, marqué un gol y di una asistencia. Después de aquello me dijeron que querían hacerse con mi ficha. ¿Me estáis tomando el pelo o qué? ¿Llevo un año trabajando y os fijáis en mí ahora?

P. ¿Y en Inglaterra?

R. Es un poco diferente porque llegué allí siendo muy joven.

P. ¿El hecho de que el Chelsea le fichara con sólo 16 años creó demasiada expectación y la cargó de demasiadas responsabilidades?

R. No creo, llegué allí siendo el mejor jugador de mi generación. No me ficharon por ficharme. Lo que pasó es que hubo tantos cambios de entrenador que tenía que empezar de cero todas las veces y fue difícil. Además, como iba con las selecciones inferiores de Francia, siempre llegaba con las pretemporadas ya empezadas y sin un sitio en el equipo.

P. ¿Y en España que ha aprendido?

R. A darlo todo por el equipo y a luchar en cada partido.

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