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Bankia liquida el fondo del crédito del fichaje de Cristiano Ronaldo

Corría el año 2011. Los mercados estaban secos para obtener financiación. Muchos bancos empezaron a agrupar sus préstamos en fondos de titulización de forma que sirvieran para solicitar liquidez al Banco Central Europeo. Bankia, una de las entidades que tenía una posición de liquidez menos holgada, aprovechó incluso el crédito que había dado al Real Madrid para fichar a Cristiano Ronaldo para aportarlo a un vehículo financiero y lograr que el BCE le prestase el dinero que no podía obtener en los mercados. Cuatro años después, con el crédito del fichaje ya pagado y con el banco en una posición mucho más sólida, Bankia ha decidido liquidar aquel fondo.

Cuando EL PAÍS desveló que el préstamo del fichaje de Cristiano servía como garantía ante el BCE, numerosos medios internacionales como Business Insider, The Telegraph, Die Welt o Süddeutsche Zeitung se hicieron eco de la noticia, alguno de ellos exagerando la situación y yendo un poco más allá al decir que la entidad había ofrecido al propio jugador (y no al préstamo) como garantía ante el BCE.

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Bankia usará el préstamo del fichaje de Cristiano Ronaldo para pedir liquidez al BCE

El crédito de 76,5 millones de euros concedido en 2009 por Caja Madrid al Real Madrid para financiar el fichaje de Cristiano Ronaldo y de Kaká fue incluido por Bankia junto a préstamos a ACS, Abertis, Acciona, FCC o Galp dentro del fondo de titulización de activos denominado «Madrid Activos Corporativos V».

La titulización de préstamos hipotecarios, corporativos o al consumo es una práctica habitual entre las entidades financieras para poder usar los bonos resultantes como garantía al pedir financiación al Banco Central Europeo. La fórmula pasa por incluir en el activo de fondos una cantidad de crédito muy superior al volumen de bonos que se emiten. Así, los bonos de titulización tienen una alta calificación crediticia.

Esa práctica se generalizó durante la crisis financiera, cuando los inversores huían de productos estructurados y no era fácil colocarlos en el mercado. Bankia era una de las entidades con una mayor dependencia del BCE para su financiación.

El préstamo para el fichaje de Ronaldo se pagaba en tres plazos, los años 2012, 2013 y 2014. Algunos otros de los préstamos incluidos en el fondo también se han ido pagando.

Ahora, en el informe anual del fondo de titulización, registrado en la Comisión Nacional del Mercado de Valores, el auditor pone énfasis en la liquidación del fondo: «La sociedad gestora ha procedido a la liquidación anticipada del fondo con posterioridad al cierre del ejercicio, el 18 de febrero de 2015, como consecuencia de la solicitud de la entidad cedente, en su calidad de único tenedor de los bonos de titulización emitidos por el fondo y de única entidad cedente de los derechos de crédito que fueron objetos de cesión», señala textualmente.

De ese modo, Bankia recupera los créditos que cedió y los bonos se amortizan. El crédito del fichaje está pagado, Cristiano Ronaldo sigue en el Real Madrid y, pese a lo que dijeron algunos medios sensacionalistas alemanes y británicos, nunca hubo riesgo de que pasase a ser propiedad del BCE.

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El Granada vence al Getafe en el debut de Sandoval

La llegada de José Ramón Sandoval al banquillo del Granada dio aire a un equipo que sigue soñando con la permanencia tras ganar 1-2 al Getafe, que sigue coqueteando con los tres puntos que necesita para seguir en Primera División y que parece no querer conseguir. Con el agua al cuello, Sandoval, en muy pocos días, planteó un partido valiente y a cara de perro. Tenía poco que perder y el técnico madrileño, tras la destitución de Abel Resino esta semana, apostó por un partido ofensivo para sobrevivir en la categoría. El conjunto andaluz ya no tenía mucho margen de error. Una derrota en el Coliseum era casi una sentencia de muerte.

Con solo tres partidos por delante y con la salvación a seis puntos de distancia antes del inicio del choque, el Granada tenía que ganar o ganar. Enfrente, los hombres de Pablo Franco, que han sufrido en los despachos lo que no está escrito, tenían al alcance de su mano la permanencia. Solo tres puntos le bastaban para sellar su presencia un año más en la Liga BBVA.

El destino parecía tener reservado al Getafe asegurarse su duodécima temporada consecutiva en Primera División. Sin embargo, como acostumbra en muchas ocasiones desde hace ya varias temporadas, parecía que ese suculento premio no iba con los jugadores de la escuadra azulona, que decidieron alargar la siesta durante la primera media hora del encuentro. Ese fue el tramo del choque en el que el Granada aprovechó su planteamiento descarado con el que se lanzó al ataque. Suyas fueron casi todas las oportunidades y en casi todas estuvo involucrado Rubén Rochina, el mejor de los suyos durante los noventa minutos. El futbolista valenciano fue un incordio constante para la defensa del Getafe. Desde la banda izquierda, dio un pequeño recital para intentar abrir el marcador casi desde el primer instante. Lo pudo conseguir con dos oportunidades casi consecutivas y que se encargó de desbaratar Vicente Guaita con dos buenas paradas, sobre todo la primera tras un cabezazo a bocajarro en el que tuvo que emplearse a fondo. El merecido premio granadino llegó justo después de esos acercamientos de Rochina.

La recompensa vino a ver al Granada tras una mano del brasileño Naldo dentro del área tras un centro de Piti. El francés Youssef El-Arabi no falló y marcó desde los once metros el primero de la tarde. El tanto del Granada no desperezó al Getafe, que casi hasta el último cuarto no empezó a funcionar. Entre el colombiano Freddy Hinestroza, que por sorpresa jugó de delantero, y Pedro León, consiguieron reactivar a un equipo que estaba a punto de besar la lona. Hinestroza fue el primero en avisar con un zurdazo envenenado que el portero Roberto Fernández salvó con apuros. Su estirada salvó el empate, pero justo al límite del descanso no pudo detener la jugada de la tarde, obra de Pedro León, que hizo de las suyas con un control estratosférico, un recorte perfecto y un zurdazo con el que mandó la pelota al fondo de la red. El golazo del murciano no afectó al Granada, que tras dejar los vestuarios volvió al césped con la misma actitud con la que empezó el choque. De nuevo se hizo dueño y señor del partido y de nuevo la conexión Piti-El Arabi funcionó con un centro del primero que remató de cabeza a la red el segundo.

El «milagro Sandoval» comenzaba a tomar forma entre el naufragio del Getafe, incapaz de enlazar jugadas de peligro con una actuación muy desacertada de sus dos medio centros, Mehdi Lacen y Juan Rodríguez, que no dejaron de cometer errores ofensivos y defensivos. Pablo Franco quitó a Pedro León y se echó al público encima tras sustituir al único capaz de tener una idea aislada entre la poca lucidez general de sus hombres. Quedaban quince minutos y ese fue el final del Getafe, que falló en su intentona por salvarse matemáticamente. Ahora tiene que jugar en Vallecas, recibir al Eibar y terminar en el Bernabéu. Tiene seis puntos de ventaja sobre el Deportivo. Bajar sería una debacle, pero todo es posible. Como lo es en Granada, que aún sueña con alcanzar a Almería y Eibar, a tres puntos de distancia con un partido menos.

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El Valencia gana por inercia

Con profesionalidad, buenos modos, convicción y ánimo, el Valencia logró sin agobios una victoria sin contestación alguna por parte del Eibar y que le apuntala en la cuarta plaza, tres puntos por encima del Sevilla y con el goalverage a favor. No fue rival el conjunto armero vencido de antemano, deprimido y sin cuerpo para cuestionar al Valencia, superior en todas las líneas. Se dio la paradoja de que los goles che fueron anotados por Otamendi, Parejo y Alcácer, principio, continuación y final del juego del conjunto de Nuno. El centrocampista madrileño ya suma 12.

Al Valencia le queda un comodín. Se puede permitir el lujo de perder uno de los tres partidos que quedan para conservar la cuarta plaza sin mirar atrás. Necesitaría tres victorias y esperar dos tropiezos del Atlético para alcanzar el tercer puesto que ocupan los de Simeone.

Antes del inicio, recibió el Eibar una gran ovación por su primera visita a Mestalla. Ahí terminó toda la amabilidad para el conjunto armero, sometido desde el principio al ardor del Valencia, el sofocante calor en la capital del Turia y de la grada che. Se refugió muy pronto el Eibar en torno a Irureta. Tanto que Gayà pareció regresar a los orígenes, habitando en la mayor de las veces como extremo izquierdo. Y del lateral de Pedreguer, que tuvo que ser sustituido en la segunda mitad por problemas musculares, comenzó a fraguarse la victoria del Valencia. A la salida de un córner, el esférico fue a parar a Gayà y su centro combado, preciso y dulce, fue un caramelo para Otamendi, cuyo poderoso salto y cabezazo no encontró oposición de la desorganizada defensa eibarresa. El cuarto tanto del central argentino, el líder del nuevo Valencia.

El gol refrendaba las certezas del Valencia y los problemas del Eibar, que ha perdido paulatinamente fiabilidad y fe. De agradecer resulta que no recurra al anti fútbol en tiempos de penuria, que no pierda su nobleza. Visto lo mostrado en Mestalla, nada casual resulta que solo haya conseguido cuatro puntos de 48 en una segunda horrible vuelta de campeonato que le puede devolver a Segunda.

El dinámico De Paul ocupó el puesto de Rodrigo, castigado tal vez por Nuno por su tonta expulsión en Vallecas, no sancionado aún por el Comité de Competición, de puente festivo, sin proteger a Feghouli con cuatro cartulinas amarillas y con la visita al Bernabéu la próxima semana en la que no estará Rodrigo. Lo primero es lo primero, piensa Nuno. Cuentan lo mismo los puntos ante del Eibar que contra el Madrid. Aguardó también en el banquillo Enzo Pérez. Ni los 25 millones pagados por su fichaje, convencen a Nuno para prescindir de Javi Fuego como pivote en el centro del campo. Al ser sustituido en el último tramo del encuentro, el asturiano recibió una gran ovación de Mestalla. Paco Alcácer también volvió a la titularidad por Negredo. Nadie discute las decisiones de Nuno.

Se relajó en el inicio del segundo periodo el Valencia. Y un par de córners a favor del Eibar le espabilaron de inmediato. Parejo desde el borde del área batía a Irureta de un seco disparo desviado por Borja. La jugada vino precedida de un lejano y magnífico chut de De Paul que repelió el travesaño. Más tarde, un nuevo gol de Alcácer, al aprovechar un rechazo del poste a tiro de falta de Parejo, terminó por enterrar a un Eibar. El Valencia tiene más cerca la ansiada Champions.

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Pirlo: “Necesitaba volver a emocionarme”

Vinovo, la ciudad deportiva de la Juve (a unos 15 kilómetros de Turín), amaneció bajo un cielo gris el día después de que Andrea Pirlo y los suyos ganaran el cuarto scudetto consecutivo. Nada en el cuartel general bianconero hacía pensar que el equipo había ganado su liga número 31. Ni una miniatura del scudetto con los colores de la bandera italiana, ni una pancarta, ni unas fotos de las celebraciones, nada de nada. Fuera había un pequeño grupo de aficionados esperando algún autógrafo, como en cualquier día normal. El equipo está centrado en el duelo de Champions contra el Madrid de este martes. Prohibidas las distracciones. La plantilla se entrenó ayer por la mañana y después de la comida se fue a descansar al hotel de concentración en la afueras de Turín (no hay residencia en la ciudad deportiva).

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Salvo Andrea Pirlo, que se quedó a charlar con un reducido grupo de medios (italianos y extranjeros). La cita estaba fijada para el mediodía. Apareció una hora después, en chándal y camiseta de manga corta. Veinte minutos de conversación había advertido el club, y 20 minutos fueron. “¡Qué va, nada de estar conmovido! Me llevé un golpe en la cara durante los festejos, por eso tenía los ojos llorosos, fue más bien una conmoción cerebral”, dijo el pequeño centrocampista ante las carcajadas generales cuando le hicieron notar que le habían visto emocionado y al borde de las lagrimas el día anterior en el campo de la Sampdoria tras ganar la Liga.

Sentado en medio de 15 periodistas en una pequeña sala de la ciudad deportiva de la Juve, parecía uno más: cómodo y nada a la defensiva. No hacía calor pero le caían gotas de sudor en la cara. Las arrugas y un cierto aire demacrado denotan que el tiempo pasa incluso para Andrea Pirlo. En el campo, sin embargo, todavía desprende una aura mágica cada vez que toca la pelota.

Un aura que le ha hecho ganarse el respeto de todos, compañeros y rivales. ¿Cómo lo has conseguido?, le preguntan. “Intentando portarme bien, jugando bien y sin hacer tonterías… De todas formas tu puedes hacer lo que quieras, pero luego es cosa de la gente encariñarse a ciertos futbolistas”, contesta. Como si él y su forma de tratar al balón no tuviesen nada que ver. ¿Cuál es el piropo que recuerdas con más cariño? “Ninguno, no los suelo escuchar”, responde. Pirlo sólo escucha la pelota.

A sus 36 años, el talento italiano vuelve a saborear unas semifinales de Champions. La Juve no lo hace desde 2003, él desde 2007 (en la final de Atenas con el Milan consiguió, además, su segunda orejona). “Estoy emocionado, tengo ganas de jugar”, asegura. En 2003 el equipo bianconero eliminó al Real Madrid y perdió en Old Trafford contra el Milan de Pirlo. Carlo Ancelotti entrenaba al conjunto rossonero; él había transformado a Pirlo retrasando su posición y colocándole delante de la defensa. “Ancelotti ha sido como un padre, hemos vivido momentos inolvidables. Transformó mi forma de jugar inventándose otra posición para mí”, rememora ahora Pirlo recordando su época dorada.

Ancelotti transformó mi forma de jugar inventándose una posición para mí

Una época que parecía no tener que terminar nunca pero que terminó. En 2011 el Milan (de Massimiliano Allegri, su actual técnico) le abrió la puerta para que se marchara. Le dijeron que delante de la defensa habían pensado en otro jugador y que a los mayores de 30 años les ofrecían renovar de año en año. Pirlo, con 32, dijo adiós. No quería, dijo, correr el riesgo de morirse de aburrimiento. “Necesitaba otras motivaciones, volver a emocionarme, lo he hecho en la Juve, es el equipo perfecto para mí”, dice. Un equipo que tiene a Europa como asignatura pendiente. “Hemos crecido, ahora jugamos nuestro fútbol y se nos ha quitado el miedo. Antes no estábamos conscientes de nuestra fuerza”, explica.

¿La Juve es la cenicienta de las cuatro semifinalistas?, le preguntan. “Puede que no tengamos las grandes estrellas que tienen los otros. Pero somos un grupo y nos la jugamos, si hemos llegado hasta aquí por algo será. El Atlético es el espejo en el que nos miramos, llegaron a la final el año pasado y no la ganaron por poco. Su camino es nuestro camino a seguir”, contesta confesando que creció con la idea de ser como Roberto Baggio y viendo los partidos de Copa de Europa entre Real Madrid y Milan. “Y el Milan, en aquella época, solía ganar a menudo”, dice. Si el Atlético es el ejemplo a seguir como grupo, Di María y los demás talentos del equipo blanco de la pasada final de Lisboa lo son por su espíritu de sacrificio. “El Madrid juega con muchos futbolistas ofensivos pero se sacrifican en tareas defensivas: lo hizo Di María el año pasado y lo están haciendo Isco y James este. Lo importante es saber que no juegan para sí mismos, sino para el equipo”, analiza.

“El Madrid juega con muchos futbolistas ofensivos pero se sacrifican en tareas defensivas»

“Es una eliminatoria de 180 minutos”, asegura, como buen italiano. “Hay que jugar con inteligencia, como siempre hemos hecho, con cuidado pero con atrevimiento. No tenemos nada que perder, sino un sueño por cumplir”, explica. ¿Ancelotti le tendrá preparada una jaula especial? “Espero que no, espero poder moverme con libertad. No pasa nada, de todas formas, estoy acostumbrado a las jaulas, llevo 10 años jugando con un rival encima”, contesta.

¿Y usted, hasta cuándo se ve jugando? “Hasta que tenga ganas de saltar al campo, entrenarme y estar bien. Seré el primero en recoger mis cosas cuando me dé cuenta de que ya no me apetece”. Italia y los amantes del fútbol esperan que sea lo más tarde posible.

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Una eliminatoria truculenta con la Juve

Era la VII Copa de Europa. El Madrid había ganado las cinco primeras y en la sexta había sido eliminado por el Barça en octavos, con influencia decisiva de dos árbitros ingleses, Míster Ellis y Míster Leafe. El Barça acabaría llegando a la final y perdiendo, con increíble desgracia (cuatro tiros a los postes cuadrados de Berna y una tarde anómalamente mala del gran meta Ramallets) ante el Benfica.

En la nueva edición, el Madrid había eliminado sin problemas al Vasas de Budapest y al Odense, pero el cruce de cuartos era de aúpa: la Juventus de Turín. A toda Italia le roía el deseo de ganar la Copa de Europa.

Aquella Juve tenía un gran equipo, con jugadores italianos sólidos y dos extranjeros de calidad extraordinaria. Uno era galés, John Charles, un gigantón de 1,92 con buen pie y mejor sentido táctico, que podía jugar lo mismo de defensa que de medio o delantero. El otro era Sívori, de 1,61 y enorme cabeza rematada con fuerte pelambrera negra. Argentino, le apodaron Cabezón allí, El Ángel de la Cara Sucia en Italia. Tenía un regate endiablado y un genio de mil demonios. Difícil de controlar fuera del campo, su gran mentor, Cesarini, le llegó a decir: “Escuchá, acá te ficharon como jugador no como galán. Para galán hubieran escogido a uno más guapo”. Pero cuando sujetaba su vida privada y se entrenaba bien era imparable. Había ganado el Balón de Oro de 1961.

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La ida fue en Turín. El vuelo hizo escala en Niza y allí supieron que el aeropuerto de Turín estaba cerrado por la niebla. Hubo que seguir en autobús, y costó encontrarlo, por huelga en la ciudad. Al fin apareció uno, pero no un pullman, como se conocía ya en la época a los preparados para largos viajes, con ciertas comodidades como asientos reclinables, sino uno común, viejo y con poco motor. Nevó al poco de salir de Niza. El recorrido tortuoso, entre túneles y montañas, se hizo interminable. En alguna curva con fuerte pendiente se pidió a jugadores y directivos que bajaran del autobús en plena oscuridad y empujaran, porque se atascaba el autobús.

Llegaron a Turín a las cuatro y media de la madrugada del martes y fueron directos a la cama, sin cenar más que un bocadillo. Cuando despertaron, al mediodía, vieron el hotel cercado por cinco mil manifestantes con pancartas contra España y contra Franco. Eran días de agitación aquí, con intentos de manifestaciones obreras siempre disueltas a palos, y crecía la presión internacional contra Franco. Los manifestantes exigieron que una delegación entrara en el hotel a hablar con el Madrid. El primero al que se dirigieron fue a Di Stéfano, pidiéndole que se adhiriera a un manifiesto que le presentaron. Él dijo que era jugador, que hablaran al jefe de la expedición, el vicepresidente Muñoz Lusarreta, que escondió su gruesa humanidad tras una columna.

La policía tuvo que abrir paso a la fuerza para que el autobús saliera al entrenamiento el martes, y lo mismo el miércoles (día 14, San Valentín) para el partido. No hubo paseo, ni compras, ni recepción en la embajada. La prensa silenció aquello.

“Acá te ficharon como jugador no como galán”, dijo Cesarini a Sívori. “Para galán hubieran escogido a uno más guapo”

El partido se jugó con normalidad, en un Comunale abarrotado. El Madrid, de azul, alineó a: Araquistáin; Casado, Santamaría, Miera; Felo, Pachín; Canario, Del Sol, Di Stéfano, Puskas y Gento. En los prolegómenos, Sívori recoge el Balón de Oro, entre el clamor de los fervorosos tifosi. Luego le secarán bien entre Felo, cuando se retrasaba, y Pachín, cuando se acercaba al área. Frenado Sívori (que poco antes del final, harto de Pachín, le dio un cabezazo que le conmocionó) y con John Charles de defensa, el Madrid sacó el partido con un gol del omnipresente Di Stéfano en el 69′. El 0-1 era un magnífico resultado, después de tantas peripecias.

La vuelta es en el Bernabéu el miércoles siguiente, día 21. Sívori dice que no se sienten bien ni él ni el equipo. Pero Parola, el entrenador, anuncia que esta vez saldrá John Charles de interior, lo que refleja voluntad atacante. Al Madrid le faltan Felo y Pachín, lesionados ambos. Sale con: Araquistain; Casado, Santamaría, Miera; Del Sol, Antonio Ruiz; Tejada, Félix Ruiz, Di Stéfano, Puskas y Gento.

La Juve viste totalmente de negro, como en tiempos de Mussolini. No ha traído otra camiseta. Eso crea confusión con el árbitro, Monsieur Guigue, gendarme marsellés. “Le veíamos y le gambeteábamos”, me contaba Di Stéfano años después. El mismo Di Stéfano pisó el balón en el minuto diez, paró el partido y le exigió que se cambiara. Guigue se retiró al vestuario y salió con una camiseta violeta, de la segunda equipación del Madrid, que se puso con el interior hacia fuera, para que no fuera visible el escudo. Todavía, a la vuelta del descanso, Di Stéfano le insistiría en que no se distinguía lo suficiente y Guigue cambió el pantalón negro por uno blanco. Al regreso a Marsella renunció a arbitrar más. Tan mal se sintió.

Muñoz ha tomado una mala decisión: retrasar a Del Sol para que marcara a Sívori, con lo que se perdía su aportación fundamental en el medio campo. Más acierta Parola emparejando a John Charles con Di Stéfano, que juega incómodo sin Del Sol cerca. En el 39′, en una de sus apariciones en el ataque, el galés baja de cabeza para Sívori un lanzamiento largo de Stacchini, y el balón de oro remata con habilidad. Era una jugada que repetía mucho la Juve, pero esta vez pilló descuidado al Madrid. Luego, Antonio Ruiz se rompe el brazo en una mala caída, y juega el segundo tiempo de delantero, como figura decorativa. No habrá más goles, aunque los ataques del Madrid producen sendos cabezazos al travesaño de Puskas y de Di Stéfano.

En el Madrid hay desolación. Es su primera derrota en Copa de Europa en el Bernabéu tras dieciocho victorias y un empate, el del Barça con Míster Ellis el año anterior.

El desempate es a la semana justa, el miércoles 28 en París. Ahora la Juve es favorita. Bela Guttman, entrenador del Benfica, dice que la Juve es el mejor equipo de Europa, junto al suyo, y que el Madrid envejece. En París hace un frío que pela, pero las 40.000 entradas vuelan y la reventa triplica los precios. La víspera se sortean allí las semifinales. El ganador jugará contra el Standard de Lieja. Muñoz recupera a Pachín y Felo, los hombres clave de Turín. Juegan: Araquistáin; Casado, Santamaría, Miera; Felo, Pachín; Tejada, Del Sol, Di Stéfano, Puskas y Gento. Visten de azul. La Juve, con sus rayas y con John Charles esta vez de medio. Al minuto marca Felo y el Madrid juega prudente. Empata Sívori en el 35′. El partido es durísimo, salen a relucir todos los piques acumulados, y el Madrid pega más o con mejor tino, porque en el 60′ John Charles queda inútil y Stacchini también acaba cojo. Marca Del Sol el 2-1 en el 75′ y Tejada el 3-1 en el 82′. Con el pitido final, Sívori propina un patadón a Pachín.

Como en los dos partidos anteriores, hay cena por la noche. El lugar escogido es un restaurante de alto copete en los Campos Elíseos, pero los jugadores llegan como gallos de pelea. Sívori se va por Pachín, Del Sol le intercepta y le desafía a salir a la calle. Di Stéfano les frena como puede. Mal que bien, se consigue que unos y otros se sienten, pero se corta el aire entre silencios y murmuraciones. Cuando llega el discurso de Bernabéu, los juventinos giran ostensiblemente sus sillas y se ponen de espaldas. Bernabéu dice que es más fácil hacer un discurso en la derrota que en la victoria, “porque con felicitar al ganador ya has cumplido”. Luego interviene el vicepresidente de la Juve (el presidente, un entonces jovencísimo Agnelli, de veintitrés años, no acude a la cena), y dice que les gustaría haber jugado con once, no con diez ni con nueve. Los jugadores de la Juve aplauden a rabiar.

Se levantan las mesas, salen entre voces y gestos. Del Sol, encendido, se va al autobús de la Juve y les desafía a bajar uno a uno. Un gendarme le aparta de allí.

El Madrid eliminará en semifinales al Standard de Lieja, pero luego perderá la final ante el Benfica, 5-3, en estrepitosa noche de Eusebio, que se quedó como recuerdo la camiseta de Di Stéfano. Puskas marcó tres goles que no sirvieron para nada.

Ese verano, Del Sol fichó por la Juve. Allí hizo una amistad entrañable con Sívori.

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El Elche certifica su salvación

No le sale nada al Málaga. Son ocho los partidos que lleva sin ganar el equipo andaluz, lo que le aleja de Europa. Mereció más ante el Elche, que certificó la salvación con 40 puntos cuando faltan tres jornadas para el final. Todo un éxito para el equipo que tan bien dirige Fran Escribá, feliz el día de su cumpleaños. El Málaga tuvo muchas opciones, pero no está en racha aunque disfrutara del regreso de Camacho, uno de sus mejores jugadores. Por ejemplo, fue incapaz de meter un penalti que había provocado la expulsión de Tyton 20 minutos antes del final. Duda, un veterano, erró el lanzamiento, demasiado excitado.

El equipo andaluz peleó hasta el final por el empate e incluso pudo lograrlo en el alargue de seis minutos que dio Undiano Mallenco. Manu Herrera detuvo un lanzamiento de Amrabat y luego el remate de Javi Guerra. La fortuna le dio la espalda a este buen Málaga, que ha perdido la séptima plaza en beneficio del Athletic. El Elche seguirá otro año más en Primera, lo que le permitirá aliviar sus graves problemas institucionales.

Se le está haciendo larga la Liga a este joven y pujante Málaga. Se nota que es un equipo en construcción, que necesita ese punto de madurez necesario para consolidar sus objetivos, en este caso ese séptimo puesto con sabor europeo. El equipo andaluz se ha parado. Todo lo contrario que el Elche, que ha soltado amarras y ha dejado atrás sus complejos para jugar muy bien al fútbol. Sin la presión de pelear por el descenso, el Elche se desempeña con tranquilidad. Además, tiene a algunos jugadores en muy buena forma. Es el caso de Víctor Rodríguez o Jonathas.

La mejor muestra del buen momento del Elche se plasmó en el contragolpe que supuso el gol de Jonathas. Un prodigio de jugada donde se mezclaron la visión de juego de Fayçal, la velocidad y el desborde de Víctor y el remate preciso de Jonathas. Al Málaga se le notó ansioso. La racha de siete partidos sin ganar le pesa demasiado. Lo intenta siempre, pero ni Samu ni Castillejo están igual de finos que hace unas semanas. El equipo de Gracia llevó el peso del encuentro, con un buen Amrabat, pero careció de eficacia. Juanmi, demasiado nervioso, anotó, pero estaba ligeramente adelantado. Las prisas le pudieron de nuevo al internacional cuando no fue capaz de rematar un medido pase de Amrabat en el minuto 34.

Gracia movió bien las piezas al descanso. Samuel se colocó en ataque junto a Javi Guerra y Amrabat. Juanmi pasó a la banda. Llegaron las ocasiones a favor de los andaluces, que merecieron el empate. Tyton salvó ante Amrabat y Boka no acertó. Incluso se le anuló un gol al Málaga algo dudoso por falta del propio Amrabat al meta polaco. Fueron los mejores momentos del Málaga, que acarició el empate. Sobre todo después de la justa expulsión de Tyton por penalti a Javi Guerra. Tardó mucho en lanzar el penalti Duda, demasiado picado con los rivales. El partido, muy entretenido, pareció definido con el segundo gol del Elche, producto de otro gran contragolpe forjado en inferioridad numérica. Sin embargo, el Málaga insistió. Acortó distancias por mediación de Guerra y mereció el empate en un final muy loco. No lo logró. Su flor se ha marchitado.

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Pep me abroncó por escribir tan poco

Resulta habitual que, tras asistir a la presentación en sociedad de un nuevo libro, poco importan su temática e intenciones, emprendamos el regreso al hogar con un ejemplar de dicho texto dedicado por el puño y letra del autor, menos dinero encima del que contamos mientras cerrábamos la puerta con llave, al salir de casa, y si acaso un par de teléfonos a los que llamar las tardes de domingo sin fútbol, en especial las de verano. Sin embargo, y como toda norma tiene su excepción, supongo, el pasado mes de septiembre yo mismo salí de la presentación en Madrid del esperado Herr Pep,de Martí Perarnau, sin el pertinente libro ni dedicatoria alguna del autor, un reguero de calderilla en los bolsillos, y unas palabras del propio Martí rondándome la existencia, casi a modo de amenaza: “En Alemania hay un señor que te quiere conocer”.

El señor resultó ser Pep Guardiola, como me temía, y la citación oficial llegó hace pocas semanas, aprovechando su obligada visita a Oporto para afrontar el encuentro de ida de los cuartos de final de la Champions League. Luciendo mi mejor camisa y con un libro de José Luis Alvite en la mano, a modo de sencilla ofrenda, me presenté en el lugar convenido, puntual, y a mi encuentro apareció Manel Estiarte, todavía oliendo a laureles, metales nobles y agua bendita. “Entiendo que estas no deben ser las mejores horas para quien madruga a las doce pero encantado de conocerte, Cabeleira”. Pasaban diez minutos de las siete de la tarde.

Luciendo mi mejor camisa me presenté en el lugar convenido y a mi encuentro apareció Manel Estiarte, todavía oliendo a laureles y agua bendita

Guardiola apareció un poco después, también muy sonriente, amable y disculpándose por habernos hecho esperar. Me preguntó si ya había cenado o si me apetecía alguna cosa, a lo que respondí que una hamburguesa y una cerveza serían un comienzo tan digno para una buena amistad como el aeropuerto de Casablanca, y él aprovechó la repentina confianza para abroncarme por escribir tan poco y levantarme tan tarde. Luego se empeñó en que nos hiciésemos una fotografía juntos y yo no supe decir que no, claro. Poco antes, el propio Pep había atendido la solicitud de una señora desde la distancia, placada suavemente por un miembro de la seguridad del club alemán: “¡A ver, Pep!… Te tienes que hacer una foto conmigo que yo soy gallega, ¿oíste?”.

Ya de regreso al hotel, incapaz de controlar tantas emociones y con el bar cerrado, decidí llamar a mi amigo Pablo para contarle que, por fin, había conocido al cromo de cromos, al rey de todos los álbumes, pese a que mi reloj marcaba las dos y media de la madrugada, franja horaria portuguesa.

—¿Y qué te contó ese hombre?, me preguntó intrigado, con voz de no haberse acostado todavía.

—Me dijo que Lewandowski opina lo mismo que tú.

—¿Lewandowski dice que Thiago es Dios?

—Tal cual, neno…

—¡Te lo dije! ¿Y sabes si piensa volver al Barça algún día, el Pep? Bueno… Es igual. Cuelga, anda, que tengo que llamar a estos para contarles lo del polaco y es muy tarde.

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“Hasta mañana, Ludwig”

Josep Guardiola acostumbra a madrugar, por hábito y por vocación; porque entendió de niño que a quien madruga, Dios le ayuda; porque, como ya dijo, quien se pone en danza bien pronto, bien pronto tiene el cielo ganado. Pero básicamente de lo que se trata en casa de los Guardiola, en Múnich, a la seis y media de la mañana, es de vivir en familia y en su caso de ejercer de padre antes que de entrenador del Bayern, su pasión y profesión. El jueves pasado, como acostumbra, a las siete y media, Guardiola saludó a Ludwig, el conserje de la finca en la que vive frente al río Isar, a diez minutos paseando de la céntrica Marienplatz, y con sus tres hijos caminó hasta la parada del bus escolar. Ya de vuelta a casa desayunó con Cristina, con la que se casó hace un año en Marruecos.

Antes de las ocho y media salió de casa. “Hasta mañana, Ludwig”, le dijo al conserje. Al volante de un Audi gris, en media hora, llegó al número 51 de la Säbener Straße, donde está la ciudad deportiva del Bayern Múnich. Tan pronto que a Manel Estiarte incluso le extrañó. Su asesor suele ser el primero en llegar y cuando lo hizo vio la puerta del despacho del entrenador abierta. Allí le encontró, escribiendo compulsivamente en la pared, pintada especialmente para tal menester: “Lo tengo claro; igual nos meten siete, pero lo tengo muy claro”, le dijo. Nadie sabe la fórmula, pero al parecer sabe desde el jueves la mejor manera de que Messi “no nos haga mucho daño”. “Está on fire” se comenta desde el jueves en el Bayern. “Así lleva todo el año. Inventando ante cada contratiempo”. “Hombre, a Messi pararle no le vamos a parar, igual le molestamos”, se le ha escuchado decir a Pep, entre risas, desde el sorteo.

Ha reinventado defensivamente al equipo”, dicen los jugadores

“Lo de este año es un milagro” cuentan. “Se ha pasado el curso reinventado defensivamente el equipo”. A cada lesión —hasta 14, con nueve operados—, una solución. “Ha sido impresionante”. “Si le dice a Rafinha [lateral derecho brasileño] que se case con él, se casa”, se ríen. “Le ha hecho jugar de todo. Si le pide que salga de portero, de portero juega”. “Pep ha elevado el juego del Bayern a la categoría científica”, se le reconoce incluso en los bares. O eso cuenta el hincha Florian Merk en la barra del Schall & Rauch, un bar del barrio universitario, el jueves por la noche: “Ir al Allianz es como ir a ver un espectáculo de teatro”, asegura mientras Teresa, su pareja, va mas allá. “Pep es guapo y viste muy bien”, dice mientras presume de que los hijos del catalán se calcen en la zapatería de su madre. “Pep ha hecho suyo al equipo. Creen en él como no creían el año pasado”, cuentan en el club, donde están locos por renovarle el contrato que acaba en junio de la próxima temporada.

“Conociéndole, ya habrá visto diez partidos del Barça”, dijo el miércoles medio en broma Javi Martínez. Ese día, tras caer eliminado contra el Borussia Dortmund en la semifinal de la Copa, Pep vio cinco, y el jueves seis más. “Son muchos detalles, pero entiendes por qué es un entrenador distinto”, reconoce Xabi Alonso, que destaca “la capacidad que tiene para tomarse en serio cualquiera partido de la Liga como si fuera una final de la Champions. El análisis y el trabajo, las herramientas, son idénticas y así construye las bases del juego durante el curso”. El exmadridista añade: “Sabe aunar y ganarse al vestuario. Estoy aprendiendo mucho de él”.

“Es mejor entrenador desde que ha llegado a Múnich”, le reconocen los que compartieron con él los años en el Barça. “Por una razón principal: la manera como ha trabajado defensivamente al equipo”, admite Carles Planchart, analista de partidos. “Con el Barça nos atacaban con un delantero o ninguno. Aquí van a por ti y eso te obliga mucho”. “Bueno, la experiencia tal vez te hace mejor, pero no tengo esa sensación, no sabría decir”, se escapa Guardiola.

El técnico busca la fórmula para que Messi “no nos haga mucho daño”

Martínez da la razón a quien señala que el Bayern ha experimentado un crecimiento defensivo brutal, “y en una situación complicada. La defensa la hemos trabajado muchísimo. Pep no te dice ‘juegas de central’ y ya está. Te explica el porqué, el cómo. Yo soy muy curioso y le pregunto mucho. Incluso lesionado le he preguntado por sus elecciones, por qué esta manera de jugar…”, explica el navarro. Nadie, en cualquier caso, más interesado en esos temas que Thiago. “Tienen conversaciones de entrenador”, reconocen testigos de las visitas del centrocampista al despacho del técnico. “Me interesa mucho. Suelo preguntar: ‘¿Y el Nuremberg, qué?’ Y él me cuenta: ‘Nos atacarán por banda derecha, tienen un punta muy grande’. Y me encanta”, explica el futbolista.

“Pep es pasión y en consecuencia, mucha intensidad en los entrenamientos”, dice Reina, que amplía las claves que han llevado al Bayern a ser el equipo menos goleado de Europa: 15 goles encajados y 207 remates recibidos, menos que nadie en el continente; el año del triplete, con Heynckes, el Bayern encajó 18. ¿La clave? “Defender con el balón, recuperarlo lo antes posible, ser intensos en la presión, tener al rival lo más lejos posible de nuestra portería”, explica Reina, que reconoce estar aprendiendo mucho “por cómo prepara los partidos y analiza al rival. Ayuda a que cada jugador sea mejor y al final la sensación que tengo es que sé más de fútbol por haber trabajado con él”.

Guardiola miró con un ojo al Leverkusen —hizo debutar a Strieder, capitán del filial, y a Görtler, con lo que son 11 los que se han estrenado con el catalán en la Bundesliga— y con el otro miraba al Barça de Luis Enrique, al tiempo que atendía a los mensajes de su esposa, que se pasó el día acompañando niños a la consulta del dentista. El jueves comió un poco de sushi y por supuesto no le hizo ni caso a Mona Nemmer, la dietista del equipo, que lleva todo el curso pidiéndole que por el bien de su espalda, si debe pasarse 300 horas delante del ordenador, lo haga sentado en una bola de goma de las que se utilizan para ejercicios de pilates, una bola que está arrinconada en una esquina del despacho. Tampoco pisó el gimnasio, al que parece tenerle alergia. Pasadas las nueve de la noche, Guardiola volvió a casa. Los niños habían cenado; Ludwig ya no estaba en la puerta.

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