Albert Einstein no sólo era un genio, ¡también un maestro del romance!

Albert Einstein no sólo era un genio, ¡también un maestro del romance!

Albert Einstein no sólo era un genio, ¡también un maestro del romance!. En un día como este pero de 1879, nació Albert Einstein, el hombre que es considerado como el rockstar de los científicos, ya que sus aportes a este mundo marcaron la historia en más de un sentido. Sin duda es importante recordarlo, pero esta vez Sopitas.com va a abordar un aspecto totalmente diferente en su vida que no es muy conocido gente conoce: el romance.

Somos muy conscientes de que ese no era el fuerte de este señor, pero si se toma en cuenta el hecho de que ya casi todo el mundo se ha educado acerca de sus logros en las matemáticas y la física, sólo queda conocer los aspectos de su vida que nos permiten ver un lado más humano de su persona.

Uno que por cierto, conocía la fórmula exacta para enamorar a más de una chica.

Según lo que nos cuenta un reporte realizado en 2006, existe mucha evidencia escrita de que Einstein solía tener una vida amorosa bastante activa y llena de aventuras. Todo se reveló mediante una serie de cartas que él escribía a su esposa, donde aseguraba que “era bombardeado con afecto no deseado” por parte de algunas señoritas (más de las que uno podría pensar).

Pero vamos por partes, que esta es una historia interesante y necesita explicación a detalle.

Las aventuras románticas de Albert Einstein

Primero que nada, deben saber que el científico judío-alemán se casó por primera vez en 1903, cuando el tenía 22 años. El matrimonio fue considerado por él como algo “miserable” y ni siquiera los dos hijos que tuvo con su esposa Mileva Maric, pudieron detener lo inevitable. En 1919 ya se habían divorciado y nuestro amigo era libre para volver a amar, así que decidió casarse con su prima Elsa.

Ehem… la broma se hace sola.

Lo cierto es que Albert quería mucho a su señora, pero cuando se trata un hombre cuya inteligencia tiene el potencial de cambiar al mundo y su corazón es tan grande como para inundarlo de amor, se debían que tomar medidas drásticas. Betty Newman, su secretaria, era muy cercana a él y no pudo evitar recibir una flecha perdida de cupido; por lo tanto, ahí comenzó su amorío.

Sin embargo, la señorita Newman sólo sería el primer capítulo de una historia de pasión, aventura y posiblemente, ciencia. Después comenzaron a llegar otras admiradoras de este hombre que no reparaban en hacer despliegue de su afecto.

Margot, la hija de Elsa, envió alrededor de 1,400 cartas a la Hebrew University, en Jerusalén, con la simple condición de que estas no fueran reveladas al público hasta después de que pasaran 20 años de la muerte de su madre (el 8 de julio de 1986). Estas hablaban acerca de seis mujeres con quienes Einstein había pasado una cantidad considerable de tiempo y que además, solían enviarle muchos regalos.

Pobre Elsa, tenía que compartir los talentos de su marido con tanta gente…

Entre los nombres de estas misteriosas damiselas, estaban incluidos: Estella, Ethel, Toni y Margarita; esta última era la “amante espía rusa” de Albert Einstein, según explica la publicación. Las demás sólo incluían iniciales como M. y L.

Algunos rumores indican que la supuesta señorita M., era en realidad una socialite conocida como Ethel Michanowski, con quien el estudioso supuestamente tuvo una aventura entre principios de los años 20 y finales de los 30. La sospecha fue fundamentada debido a que esta mujer era 15 años más joven que Einstein y tenía una relación muy cercana con hijastras.

Durante años, el erudito trató de explicar a su mujer que jamás había cometido infidelidades y que no había nada de qué preocuparse. Obviamente, nada de eso era creíble si se tomaba en cuenta que en varios de los escritos, se la pasaba haciendo alarde de cómo las mujeres lo seguían como si fueran fans enloquecidas.

Tal vez jamás sepamos exactamente qué era lo que hacía a este hombre irresistible para las personas del sexo opuesto. Podríamos asumir que era su intelecto y carisma, pero tal vez había un secreto más grande que guardó consigo hasta el día en que se fue a la tumba.

Ft: sopitas
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