Categoría: Tecnología

Tecnología

El estilo de vida occidental mata las bacterias del cuerpo

En su camino de progreso, los occidentales no solo están acabando con la vida que les rodea, también con la que llevan dentro. Una comparación entre el microbioma intestinal de estudiantes en EE UU y miembros de dos comunidades de Papúa Nueva Guinea (Oceanía) muestra que los papúes tienen mayor diversidad de bacterias. Las servidumbres del estilo occidental, con su higiene, su dieta o sus antibióticos, están llevando a la extinción a organismos que, en la mayoría de los casos, llevaban cientos de miles de años conviviendo con nosotros.

Un número creciente de biólogos sostiene que cada ser humano es en realidad un holobionte (de todo y vida, en griego) formado por el humano y su microbioma. No en vano, dentro de cada uno hay un kilo y medio de bacterias: unos 100 billones de microbios agrupados en centenares de especies. La mayoría llevan con nosotros desde que bajamos del árbol. Las hay en la piel, en los genitales, en la boca y, en especial, en el aparato digestivo donde, en un complicado equilibrio, hacen la mayor parte del trabajo que transforma la comida en nutrientes, alimentándose de los que el cuerpo no se necesita.

Sin embargo, los humanos actuales, en especial los occidentales, ya no son los mismos. La Revolución industrial y las revoluciones que la siguieron (la del transporte, la sanitaria, la del consumo o la homogeneización cultural) han creado un estilo de vida que es hostil para las bacterias. Lo bueno del progreso es que ha acabado con muchas de las infecciones de origen bacteriano en las sociedades avanzadas. Lo malo es que está atacando a las bacterias que, como organismos simbióticos, vivían por y para los humanos.

Los ocidentales tienen un 15% menos de diversidad bacteriana que los habitantes de Papúa Nueva Guinea

La última prueba la acaban de obtener un grupo de microbiólogos americanos y australianos que han estudiado el microbioma intestinal de un grupo de estudiantes de una universidad estadounidense con el de dos grupos de papúes, comprobando que los primeros tienen ecosistemas bacterianos más pobres que los segundos.

“Los individuos de Papúa Nueva Guinea alojan un promedio de 224 especies, mientras que los residentes en EE UU tenían una media de 197”, dice el biólogo de las universidades de Alberta (Canadá) y Nebraska (EE UU) y coautor del estudio Jens Walter. “Si lo expresamos en porcentaje, se puede decir que los residentes estadounidenses tiene un 15% menos de diversidad”, añade.

Con la ayuda de microbiólogos australianos y papúes, Walter y su equipo de investigadores llegaron hasta dos comunidades rurales en la ya rural Papúa Nueva Guinea. De las tierras altas de Goroka, seleccionaron a una veintena de adultos del pueblo de los asaro. De las llanuras de Madang, a otros tantos de entre los sausi. En ambos casos, bondades de la occidentalización como el agua corriente, recogida de basuras o retretes aún no han llegado. Su dieta es mayoritariamente vegetal, rica en fibra pero reducida a la batata, taro o plátano que cocinan al aire libre. Solo ocasionalmente comen carne o pescado.

El microbioma de los papúes es más homogéneo entre cada uno de ellos

Como grupo de control, los investigadores reclutaron a un grupo de estudiantes de la universidad de Nebraska. La mayoría, salvo dos, no eran estadounidenses. Los había de varios países latinoamericanos, asiáticos y algún africano. A pesar de su diversidad de origen todos encajan en lo que se llamaría estilo de vida occidental.

Los biólogos tomaron muestras fecales de todos los participantes y realizaron un análisis genético para dibujar el microbioma intestinal de cada uno. Buscaban diferencias y coincidencias tanto de grupo como entre cada individuo. Identificar todas las cepas de bacterias por su huella genética es una tarea ardua que exige una secuenciación casi completa, así que usaron una técnica que permite catalogarlas en unidades taxonómicas superiores a la especie, como género, familia, orden…

Tal y como publican en Cell Reports, los científicos encontraron un total de 1.520 de estas unidades taxonómicas. Pero, mientras entre los papúes, su microbioma estaba formado por más de 1.250 unidades, entre los estudiantes la cifra se quedó en las 931. Además, entre los asaro y los sausi, sus microbiomas se superponían y eso que ambas comunidades distan entre sí unos tres días a pie.

Entre las especies detectadas, los autores del trabajo comprobaron que la mayoría de los papúes tenían al menos unas 45 que no aparecen en la microbiota de los occidentales. Al contrario, en los estudiantes solo detectaron cuatro especies que no salían en el análisis de las heces de los indígenas.

Andrew Greenhill’);”> ampliar foto

Los asaro de Papúa Nueva Guinea tienen mayor diversidad bacteriana que los occidentales y su dieta rica en fibras es una de las causas. / Andrew Greenhill

“Un caso especial es el de la Lactobacillus reuteri, detectada en todos los participantes de Papúa Nueva Guinea pero ausente en los de EE UU”, comenta la investigadora uruguaya y principal autora del estudio, Inés Martínez. “En los años 60, esta bacteria era frecuentemente aislada en los occidentales y en un número elevado, pero hoy en día apenas se detecta”, añade. Entre las posibles razones para su desaparición podrían estar cambios en la dieta o algún factor que haya alterado su forma de dispersión.

También encontraron diferentes grados de abundancia de varias familias de bacterias. Al menos 25 familias y 45 géneros presentaban diferencias significativas en cuanto a su número entre occidentales e indígenas. Por ejemplo, la presencia del filo Bacteroidetes era mayor entre los papúes, mientras que el género Bifidobacterium era mayor en los estudiantes.

Otro dato que confirma el estudio es un fenómeno ya mostrado en trabajos anteriores. Aunque la diversidad de bacterias de los occidentales es menor, su microbioma es más diverso de individuo a individuo. Así, la microbiota de cada asaro o sausi es muy parecida a la de los demás miembros de la comunidad. En el caso de los participantes de EE UU, sus microbiomas diferían más entre sí.

Todo sobre las bacterias

Las bacterias del vello púbico podrían identificar a un violador
80 millones de bacterias en un beso
Cada familia tiene un ‘aura’ de bacterias característica
Una bacteria de la vagina muestra cómo descubrir nuevos antibióticos

“Lo más interesante es que este patrón se observa de forma similar en todos los estudios hasta el momento que han comparado la microbiota de gente en sociedades industrializadas versus no industrializadas”, recuerda Martínez. Distintos científicos han señalado a diversas causas de esta menor homogeneidad entre los occidentales, como la dieta o los distintos estilos de vida.

Para explicar este doble fenómeno de mayor diversidad y homogeneidad entre los no occidentales frente a los occidentales, los autores del estudio recurren a mecanismos ecológicos. Las bacterias están tan vinculadas a su huésped, que los cambios o continuidades en los humanos ayudan a explicar el destino de estos microbios.

“Nuestra hipótesis propone que un mecanismo importante por el que esto puede ocurrir es la mayor dispersión de bacterias entre las personas en sociedades no industrializadas”, sostiene Martínez. Las sociedades occidentales han levantado barreras contra esa dispersión en forma de mayor higiene, tratamiento del agua, antibióticos… que han combatido muchas infecciones pero que, “como daño colateral, han provocado una menor dispersión de las bacterias simbiontes”, añade la investigadora uruguaya.

Para los autores del estudio, con el estilo de vida occidental, existe el riesgo de que se pierdan bacterias que podríamos necesitar más adelante. “Si en el futuro identificamos bacterias que no son detectables en el Occidente, pero sí lo son en países no industrializados, y al estudiarlas vemos que tienen un beneficio a la salud, las podríamos administrar como probióticos a los occidentales”, mantiene Martínez.

En todo caso, el estudio concluye recordando que, a pesar de las diferencias detectadas entre la microbiota de los asaro, los sausi o la veintena de estudiantes venidos de varios países, todos comparten entre el 87% y el 97% de las bacterias fundamentales.

En esta noticia

Documento: ‘The Gut Microbiota of Rural Papua New Guineans: Composition, Diversity Patterns, and Ecological Processes’

Sigue leyendo

Desvelado el secreto del amor entre los perros y sus dueños

“El amor hacia el perro es voluntario, nadie lo fuerza […]. Y lo principal: ninguna persona puede otorgarle a otra el don del idilio. Eso sólo lo sabe hacer el animal […]. El amor entre un hombre y un perro es un idilio. En él no hay conflictos, no hay escenas desgarradoras, no hay evolución”, escribía Milan Kundera en La insoportable levedad del ser. En la novela, la protagonista, Teresa, llega a pensar que el amor que siente por su perra Karenin es mucho mejor que el que siente por su marido.

Este sentimiento se repite en un sinfín de obras artísticas y se condensa en una frase, “Cuánto más conozco a las personas, más quiero a mi perro”, que ha sido atribuida a decenas de autores, aunque posiblemente podría ser firmada por decenas de millones. Hoy, un equipo de científicos ilumina este proceso de enamoramiento entre los perros y sus dueños: retroalimentan su felicidad mirándose a los ojos.

Los investigadores, encabezados por el veterinario japonés Takefumi Kikusui, metieron a 30 perros con sus dueños en una misma habitación, durante 30 minutos, y observaron lo que ocurría: miradas, caricias, voces mimosas. Y, antes y después del experimento, midieron la cantidad de la llamada hormona del amor, la oxitocina, en la orina tanto de las mascotas como de los amos.

Las conclusiones de Kikusui, de la Universidad de Azabu (Japón), son sorprendentes: cuanto más se miraban a los ojos los perros y sus dueños, más oxitocina producían sus cerebros. A continuación repitieron el experimento con lobos criados a biberón. La hormona, ingrediente químico fundamental del cariño que sentimos en nuestro cerebro, no aumentaba.

Enviar vídeo

El equipo de científicos fue todavía más allá. En un tercer experimento, rociaron oxitocina en el hocico de algunos perros y los volvieron a meter en una habitación con su dueño y dos personas desconocidas. En los vídeos, puede verse cómo algunas mascotas se quedaban congeladas mirando a los ojos de sus dueños, que a su vez producían más oxitocina, en una cantidad correlacionada con la de sus animales.

“Estos resultados respaldan la existencia de un bucle de oxitocina que se autoperpetúa en la relación entre humanos y perros, de una manera similar a como ocurre con una madre humana y su hijo”, sostiene el equipo de Kikusui, que publica sus conclusiones en la portada de la prestigiosa revista científica Science. Durante el proceso de domesticación, a lo largo de miles de años, los perros habrían evolucionado para imitar un comportamiento, la mirada de los niños, que provocaba recompensas y mimos. “El alma que hablar puede con los ojos también puede besar con la mirada”, recitaba el poeta Gustavo Adolfo Bécquer. Kikusui dice lo mismo, pero de los perros y sus dueños.

Las implicaciones del estudio son importantes desde el punto de vista médico. Los resultados apoyan las terapias con perros para personas con autismo o trastorno de estrés postraumático, dos patologías en las que, de hecho, se está empleando la oxitocina como tratamiento experimental.

Enviar vídeo

El trabajo de Kikusui, sin embargo, tiene puntos débiles. Los perros rociados con oxitocina que se quedaban congelados mirando a sus dueños eran todos hembras. Un estudio similar en humanos, llevado a cabo en 2012 con 35 padres y sus hijos de cinco meses en Israel, no halló estas diferencias por género. Los adultos eran rociados con oxitocina y la hormona del amor subía en paralelo en los niños, fueran chicos o chicas. “Es fascinante ver que la oxitocina se disparó sólo entre los propietarios de las perras”, opina el principal autor de aquel estudio, el médico Omri Weisman, de la Universidad de Yale (EE UU).

Para el equipo de Kikusui, es posible que las perras sean más sensibles a la administración intranasal de oxitocina o, incluso, que la hormona aplicada artificialmente a los machos desencadenara un mecanismo de agresividad ante la presencia de extraños.

En 2009, el húngaro József Topál, experto en comportamiento animal, publicó otro estudio en la revista Science que mostraba que los perros y los bebés de 10 meses de edad buscaban un objeto en su escondite inicial aunque hubieran visto que se había cambiado de lugar, en parte debido a la mirada engañosa de la persona que lo escondía, que señalaba al escondrijo original. En el trabajo de Kikusui, Topál echa de menos experimentos con lobos más socializados, entrenados para mirar a los ojos de sus dueños.

El investigador, de la Academia de Ciencias Húngara, recuerda que incluso los lobos criados con biberón evitan la mirada de sus amos, porque para ellos este comportamiento está asociado a la amenaza. Pero los lobos pueden aprender a comunicarse de manera amable con la mirada, según demostró un estudio en 2011. A juicio de Topál, incluir estos lobos en los experimentos de Kikusui habría servido para discernir si esa mirada lobuna genera también la hormona del amor en el cerebro de sus dueños o si se trata de un rasgo únicamente perruno.

“El estudio de Kikusui es impresionante, pero cualquier conclusión sobre la coevolución de este proceso es prematura”, afirma. “No se puede excluir la hipótesis de que este bucle de oxitocina que se autoperpetúa pueda existir entre las personas y cualquier otro animal, siempre que el animal presente comportamientos afiliativos socialmente relevantes, como la tendencia de mirar a los humanos”, sentencia. El perro es el mejor amigo del ser humano, pero podría serlo cualquier otro bien entrenado, sugiere.

Sigue leyendo

Un centro para el mejoramiento genético del maíz y el trigo

AnteriorSiguiente

El Centro de Investigación para el Mejoramiento del Maíz y el Trigo (Cimmyt) nació en 1966 en México. Su objetivo es desarrollar nuevas y mejores variedades de cereales que puedan ser distribuidas mundialmente, sobre todo a los países en vías de desarrollo. Antes de su inauguración, durante el Gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940) el Ejecutivo mexicano había pedido ayuda a la Administración de Estados Unidos para incrementar la producción de trigo. Mediante un acuerdo entre la Fundación Rockefeller y el Gobierno de México, el científico estadounidense Norman Borlaug llegó al país para trabajar con investigadores y agricultores locales en el desarrollo de un gen que acortase el tamaño del trigo. Logró así variedades de tallo robusto, resistentes a la roya (la enfermedad más común) y que rendían más que los cultivos tradicionales.

Foto:Saúl Ruiz
AnteriorSiguiente

En la década de los cincuenta, las nuevas variedades de trigo desarrolladas por Norman Borlaug sirvieron para que México consiguiese ser autosuficiente en el abasto de esta semilla. Diez años después fueron exportadas a la India y a Pakistán, donde contribuyeron a salvar de la hambruna a millones de personas y a incrementar la producción nacional (revolución verde). Borlaug ganó el Premio Nobel de la Paz en 1970, fue científico y líder de investigación sobre trigo en el Cimmyt hasta 1979 y después ejerció como consultor del centro hasta su fallecimiento, en 2009. En la imagen, clasificación de semillas de trigo según su morfología en el Cimmyt.

Foto:Saúl Ruiz
AnteriorSiguiente

“En términos resumidos, Cimmyt es responsable de que se produzca suficiente maíz y trigo en todo el mundo de una manera sostenible, para que los actores de la cadena (el productor, el que vende tortillas…) puedan tener un ingreso y, al mismo tiempo, que se den condiciones de seguridad alimentaria”, explica el director adjunto de la organización, Bram Govaerts (Bélgica, 1978). Mientras que en las décadas de los sesenta y setenta se buscaba el aumento de la producción, en la actualidad la meta es más compleja: alto rendimiento, menor impacto al medioambiente, estabilidad de rendimiento e ingreso para el productor. El Cimmyt tiene en marcha cinco programas: el de mejoramiento del trigo, el de mejoramiento del maíz, el de recursos genéticos, el de socioeconomía y el programa global de conservación. El centro cuenta con oficinas regionales en diferentes países, entre ellos Afganistán, Irán, Pakistán, India, China y Etiopia. En México, el centro trabaja en colaboración con el Gobierno en el proyecto Más Agro, que alcanza a más de 200.000 productores. El programa, enfocado fundamentalmente en los Estados pobres del sur del país, tiene como objetivo modernizar de forma sostenible la agricultura tradicional, fortalecer la seguridad alimentaria, capacitar a los agricultores y transferir tecnologías al campo para que los pequeños productores obtengan rendimientos altos y estables, aumenten sus ingresos y contribuyan a mitigar los efectos del cambio climático.

Foto:Saúl Ruiz
AnteriorSiguiente

El objetivo de las nuevas variedades creadas en Cimmyt es que tengan mayor productividad, sean resistentes a las enfermedades del trigo (que no hagan falta fungicidas u otro tipo de químicos para controlar las plagas), toleren la sequía y el calor y, por último, que tengan la calidad necesaria para elaborar los diferentes productos. El español Carlos Guzmán es el responsable del Laboratorio de Calidad del Programa del Trigo. “Para que una variedad tenga éxito, el grano debe ser bueno para elaborar el producto específico en cada país. Analizamos los materiales del programa de mejoramiento y los clasificamos en base a su calidad: este es bueno para pan chapata, este para galletas, este para pasta… y así los distribuimos en diferentes territorios”, explica. En el laboratorio se hacen varias pruebas: análisis físicos y químicos del grano, calidad de panificación y medición de la densidad y la elasticidad, entre otras.

Foto:Saúl Ruiz
AnteriorSiguiente

La calidad nutricional ha tomado importancia en los últimos años. La comunidad científica se ha dado cuenta de que el trigo, a veces, no tiene la suficiente calidad nutricional. “El objetivo es incrementar los niveles de hierro y zinc en el grano de forma natural, mediante mejoramiento genético”, dice Guzmán. “En el suroeste asiático, que es la diana geográfica más importante para el programa del mejoramiento del trigo (donde hay mayor pobreza en personas que se alimentan de este cereal), más de la mitad de la población es deficiente en zinc, lo que acarrea problemas en el sistema inmunitario, desarrollo mental no completo en niños o tipos de anemias. En Occidente esto se soluciona cuando la industria molinera fortifica el grano. Sin embargo, en territorios con menos recursos, el agricultor recoge el cereal y se lo da de comer directamente a su familia”.

Foto:Saúl Ruiz
AnteriorSiguiente

La huella dactilar de cada variedad de trigo se obtiene mediante una técnica llamada electroforesis. En ella se comparan diferentes variedades de trigo en una especie de retícula en donde cada columna es un tipo distinto de trigo y cada renglón es una proteína distinta del cereal. La retícula separa las diferentes proteínas y las organiza de acuerdo al peso molecular de cada una, dando por resultado un esquema distinto para cada uvariedad de trigo. Los esquemas que se obtienen mediante esta técnica se comparan con modelos ya conocidos de trigo para identificar características como resistencia a determinadas condiciones climatológicas o propiedades nutricionales presentes en la semilla.

Foto:saúl ruiz
AnteriorSiguiente

El Cimmyt analiza aproximadamente 4.000 líneas de germoplasma (semillas) al año y de estas, seleccionan las 50 mejores variedades para cada mega-ambiente. Los mega-ambientes son zonas geográficas con factores similares en cuanto a la producción agrícola. Así se define el tipo de grano de maíz necesario para, por ejemplo, obtener un determinado nivel de producción por hectárea. Los resultados de estos análisis se comunican a empresas y productores que emplean maíz o trigo en sus procesos de manera que puedan optimizarlos.

Foto:Saúl Ruiz
AnteriorSiguiente

Las fundaciones del magnate mexicano Carlos Slim y de Bill y Melinda Gates también han apoyado la labor del Cimmyt. En 2013, el centro inauguró nuevos laboratorios de biociencia y bioseguridad e invernaderos. Además se ampliaron y remodelaron los dormitorios para investigadores, pues una parte de ellos residen en las instalaciones. La Fundación de Carlos Slim aportó 25 millones de dólares para ese proyecto. Los Gates financian programas en terreno desde comienzo de la década del 2000. El Cimmyt se encuentra en la ciudad de Texcoco, a 45 minutos en coche del Distrito Federal, la capital del país.

Foto:Saúl Ruiz
AnteriorSiguiente

El banco de germoplasma de Cimmyt tiene la colección más grande en el mundo de semillas de maíz y trigo: 28.000 de la primera y 150.000 de la segunda. El 40% de las muestras que poseen es material mejorado en las estaciones del centro. “Todas las semillas del banco están en dos cámaras de refrigeración (a -1° centígrados en una y a -18° en la otra). Bajo estas condiciones la semilla puede estar viva durante más de 20 años en la primera, y más de 50 en la segunda”, explica la Doctora Bibiana M. Espinosa García, responsable del banco. En este recinto se monitorea constantemente que la semilla siga viva. “No tiene sentido tenerla aquí y que al llegar al campo esté muerta, no produzca nada. Aquí garantizamos a nuestros clientes que los granos tienen más del 80% de germinación”.

Foto:Saúl Ruiz
AnteriorSiguiente

El banco funciona como un proveedor para sus clientes. “Podemos distribuir semillas de los años sesenta que ya no existen en el campo, pero que se conservaron aquí. Cuando las siembran, se recuperan estas variedades”, explica Bibiana M. Espinosa.”Nuestro deber como banco es mantener viva la semilla siempre y distribuirla a quienes la requieran para mejoramiento de estos dos cultivos, para alimentación y para agricultura”. El banco de germoplasma recibe solicitudes de todo el mundo. Cada muestra que sale, debe ser repuesta con la regeneración de la semilla en terreno. “Nos gusta hablar del banco de germoplasma como un puente entre el pasado y el futuro, porque realmente lo es”.

Foto:Saúl Ruiz
AnteriorSiguiente

El consumo de las necesidades de maíz y trigo ha aumentado durante las décadas. Se calcula que en el mundo, alrededor del 70% de las variedades de trigo sembradas tienen origen en Cimmyt.

Foto:Saúl Ruiz

Sigue leyendo

Un neandertal en la universidad

Son dos trozos de hueso pequeños y oscuros pero constituyen un tesoro de información y cuentan una historia fascinante. Investigadores de la Universidad de Barcelona (UB) han presentado esta mañana en el Aula Magna del mismo centro, en un ambiente digno del profesor Challenger de El mundo perdido, los fósiles de 55.000 años de antigüedad hallados en la cueva del Gigante de Sitges (Garraf), un yacimiento extremo al borde del mar al que hay que acceder –valientemente- con técnicas espeleológicas. Son sendos trozos de mandíbula -el lado derecho de esta, con dientes, uno de leche-, y de húmero –el izquierdo, la parte inferior- pertenecientes a un niño de neandertal (Homo neanderthaliensis) de entre cinco y siete años de edad. La cueva, que entonces se encontraba varios kilómetros tierra adentro, fue alternativamente refugio de neandertales y cubil de hienas.

Los restos, publicados por el equipo en un artículo de la revista Journal of Human Evolution, han sido puestos bajo los ojos de las cámaras sobre una mesa y sostenidos como verdaderas reliquias en las manos enguantadas de los científicos. Se trata de unos de los escasísimos fósiles de neandertal hallados jamás en Cataluña y los primeros que han sido desenterrados en el contexto de una excavación científica moderna, por tanto con todas las garantías y perfectamente enmarcados en la cronología. Son asimismo, según remarcaron los descubridores, los restos más antiguos de un individuo de corta edad encontrados en territorio catalán, lo que hace del pequeño neandertal y he ahí un título “el niño más antiguo de Cataluña”, 50.000 años más viejo que el siguiente que sería el infante de algún enterramiento neolítico de hace unos 5.500 años.

Los investigadores no descartan que los huesos pertenezcan en realidad a dos individuos aunque la proximidad en que han aparecido y la coincidencia de edad anatómica (entre cuatro años y medio y cinco años la mandíbula y entre cinco y siete el húmero) apunta a que son del mismo niño. Los estudiosos califican los fósiles de “la evidencia más clara de esta especie en Cataluña” y recuerdan que hasta ahora todos los restos de neandertal hallados en el territorio catalán habían sido resultado de hallazgos aislados, casuales o de excavaciones antiguas, aparte de que del resto más popular, la mandíbula de Banyoles, de 45.000 o 50.000 años, se discute si verdaderamente corresponde a la especie o a un humano más moderno.

En la presentación de los restos del niño, el veterano prehistoriador Josep Maria Fullola ha subrayado la importancia del hallazgo, por tratarse de un neandertal y un individuo infantil (niño y no niña, pues hay elementos que definen su sexo). Ha señalado que en Cataluña “había un vacío” con escasísimos fósiles de la especie –pese a que se conocen numerosas ocupaciones- y en puridad ninguno hallado con los requerimientos que exige la ciencia moderna. Ha recordado el caso de la mandíbula de Banyoles hallada por obreros de una cantera en 1887 y llevada al farmacéutico local, y otros, como el diente de Mollet, que no procedían de excavaciones metódicas. Los restos del niño en cambio “permiten leer toda la página”.

Los directores del equipo que realizó el hallazgo, los arqueólogos Joan Daura y Montserrat Sanz, han explicado en profundidad los fósiles. Sanz, una joven de aire prerrafaelita pero voz muy firme, ha mostrado reconstrucciones en 3D de los fósiles realizadas a partir de tomografías computadas y señalado que aparte del molar definitivo y el diente de leche de la mandíbula por debajo hay tres dientes más, dos premolares y un canino. El agujero mentoniano en la mandíbula, por el que pasan los vasos que la irrigan, es la demostración de que se trata de un neandertal, pues está en la posición retrasada característica de la especie con respecto a nosotros, los humanos anatómicamente modernos. La tomografía del húmero muestra claramente también el grosor de la pared del hueso, muy superior al de los humanos modernos y propio de la robustez de los neandertales.

E. daynès’);”> ampliar foto

Reconstrucción de un niño neandertal. / E. daynès

A los nuevos restos se los denomina Gigante 4 y 5, por el nombre de la cueva y por ser los que se han hallado después de una mandíbula de 52.000 años que se encontró en los años 50 pero no fue identificada hasta recientemente, y dos dientes. En total proceden de la cueva cinco fósiles de cuatro individuos, lo que la convierte en el yacimiento con más restos de neandertales de Cataluña, y los únicos clara e incontrovertiblemente identificados, según ha recalcado Fullola.

Los huesos del niño, ha explicado Sanz, aparecieron al fondo de la cueva y mezclados con restos de actividad de las hienas (excrementos fosilizados y huesos de animales roídos). Pero también asociados a actividad doméstica humana: evidencias de hogueras, huesos animales descarnados y herramientas de sílex. “Pensábamos que las ocupaciones humanas se realizaban en la entrada y que los carnívoros preferían los interiores, porque la zona profunda, estrecha y oscura, parece menos habitable. Pero los neandertales ocuparon aquí también las partes internas, aunque fuera esporádicamente”. Las dos hipótesis son que o los restos del niño fueron llevados al interior de la cueva por carnívoros, como presa o carroña, aunque los huesos no muestran evidencias de haber sido mordidos, o fueron depositados, “enterrados” intencionadamente –los neandertales no practicaban generalizadamente el entierro- y los carnívoros los removieron. Nuevas excavaciones tendrían que arrojar luz sobre ello.

Joan Daura ha explicado que la cueva no tiene niveles más antiguos, pero quedan por excavar seis metros cuadrados del nivel en que aparecieron los restos. El niño de la cueva sería un neandertal avanzado pero previo al contacto y coexistencia con los humanos modernos (lo que se suele llamar los cromañones, nosotros, vamos). Al individuo no se le ha puesto nombre, más allá de la indicación práctica de la procedencia y el número. Fullola sugirió medio en broma que podría denominársele Bartomeu, por el santo patrono de Sitges. Pero Daura y Sanz no son partidarios de la moda de bautizar restos paleontológicos, aparte de que al niño neandertal “le parecería raro que le pusieran el nombre de un santo”.

Sigue leyendo

“Las historias falsas de matemáticos atraen a más jóvenes que Euclides”

En el verano de 2006, Grigori Perelman se convirtió en el científico más famoso del mundo. Tenía que viajar a Madrid para recibir la medalla Fields durante el Congreso Mundial de Matemáticas que se iba a celebrar en agosto, pero nadie lograba encontrarlo. Cuando la periodista Sylvia Nasar (Rosenheim, Alemania, 1947) escuchó la historia dejó todo para dedicarse a encontrar al genio ruso que había resuelto la conjetura de Poincaré. Sospechaba que su desaparición solo podía significar una cosa: iba a rechazar el mayor reconocimiento que puede recibir un matemático. Nasar contó su proyecto al editor del New Yorker que acabó de engancharse al relato cuando supo que un matemático chino, ahora profesor en la Universidad de Harvard (EE UU), reclamaba parte del mérito de Perelman. Después de viajar a China y acechar al matemático en San Petersburgo durante días, “cuando ya había gastado 20.000 dólares del New Yorker y pensaba abandonar”, logró encontrar el refugio de aquel genio supuestamente loco que se negaba a contar su historia.

En 2006, había gastado más de 20.000 dólares en encontrar a un matemático cuando decidió abandonar la búsqueda

“Creo que finalmente decidió hablar conmigo, además de porque teníamos una traductora preciosa y encantadora, porque estaba interesado en John Nash”, contaba ayer Nasar en la Residencia de Estudiantes, donde unas horas después habló sobre los nerds como estrellas del rock en un acto organizado por el Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT). Unos años antes ella había escrito Una mente maravillosa, la biografía de John Nash, un matemático esquizofrénico que se ajusta incluso mejor que Perelman a la pauta de extrema brillantez y falta de equilibrio mental. “No he leído el libro, pero vi la película”, reconoció el ruso en un gesto de normalidad que refuerza la impresión de Nasar la primera vez que le vio: “Tenía las uñas y el pelo largos, pero llevaba un traje y mocasines italianos, no era un eremita que se ocultaba en el bosque, pese a lo que se había escrito”.

La dimensión del logro de la periodista se puede valorar aún mejor si se tiene en cuenta el fundamentalismo con que el matemático rechazaba todo tipo de reconocimiento público. En 2010, el Instituto Clay de Matemáticas anunció que su resolución de la conjetura de Poincaré cumplía los requisitos para recibir el millón de dólares que esta institución se comprometió a otorgar a quienes resuelvan alguno de los problemas del milenio. Perelman lo rechazó.

Pregunta. ¿Por qué interesa tanto un tipo como Grigori Perelman?

Respuesta. No venir es lo que le hizo famoso. Tanto como resolver la conjetura de Poincaré. Tiempo después, el presidente de la Fundación Clay me llamó cuando le iban a dar el premio para que hablase con él. Yo sabía que lo iba a rechazar, porque había rechazado la medalla Fields, pero le dije que lo aceptase, por hacerle un favor a su madre. Pero le dio igual. Es lo que le hace fascinante para la gente. Hay una tradición de artistas, de gente que rechaza la sociedad, que son más puros que el resto de nosotros. Añade misterio. Además, admiramos a gente que puede rechazar cosas a las que nosotros no podemos ni imaginar aspirar.

P. Pero, ¿todos los genios tienen algo de locos?

En matemáticas puedes hacer cosas maravillosas cuando aún eres adolescente y eso les da romanticismo 

R. Hay muchos genios creativos que son como el banquero de al lado. John von Neumann era un poco así. Hablaba y tenía el aspecto de un banquero. Hay muchos ganadores de la medalla Fields o del Nobel y pocos son conocidos. Muy pocos despiertan ese interés fuera de su campo. Estamos interesados en gente que gana carreras, en los grandes deportistas, pero los que se convierten en megaestrellas suelen tener otra historia particular que los eleva sobre otros que tienen logros similares. Terence Tao ganó también la Fields el año de Perelman, pero pocos le conocen. Es un chico muy simpático, pero no se adapta a esa imagen del genio. Es muy normal.

P. El fenómeno de convertir a los nerds, a los empollones, en estrellas, ¿es moderno?

R. Hay un elemento atemporal. Siempre nos ha interesado la gente inusual, aunque hay elementos modernos. Vivimos en una sociedad de la información, así que las matemáticas y las ciencias relacionadas están directamente conectadas con otro tipo de éxitos como el éxito financiero y tienen un vínculo con nuestra vida diaria. Si piensas por ejemplo en Jim Simons, es un matemático que aunque no ha ganado la medalla Fields ha hecho aportaciones relevantes en geometría y tiene un fondo de inversión que está entre los más exitosos del mundo y está entre los 100 millonarios de la lista Forbes. Estas artes esotéricas como las matemáticas están asociadas a la riqueza.

Ahora las matemáticas y los matemáticos están asociados al éxito financiero 

P. Admiramos a los nerds, pero ¿queremos ser como ellos? ¿Esta imagen del genio poco adaptado socialmente, como Perelman o Nash, es positiva para los jóvenes a la hora de hacer atractivas las matemáticas?

R. Lo que me sorprende de la película Una mente maravillosa es que fueron muchos chavales jóvenes a verla. Y no fueron porque tuviesen interés en la enfermedad mental o ni siquiera en las matemáticas. Fueron atraídos por la imagen de Rusell Crowe en camiseta, y por sus amigos, estos jóvenes que se divertían y ligaban y no obedecían a convenciones. Creo que muchas de las historias exageradas o incluso falsas que se cuentan sobre matemáticos han hecho más por atraer a los chicos a las matemáticas que la geometría de Euclides. Interesa la acción, ser un ganador y ser joven. En el arte, cuando reconocen tu trabajo, ya estás en la mediana edad. En matemáticas y otras ciencias teóricas puedes hacer cosas impresionantes cuando aún eres un adolescente. Creo que es parte del romanticismo de estas historias.

P. ¿Cree que en realidad, pese a que renieguen de la fama, estos genios disfrutan de que se cuente su historia?

R. Hay un deseo universal de contar la historia propia, y ellos también lo tienen. Pero creo que son reticentes a hacerlo por una negación del yo, como los santos. Rechazar premios y reconocimiento es otro superpoder que produce admiración. Si lees cualquier relato de los encuentros de occidentales como H. G. Wells o Bernard Shaw con Stalin en Rusia, después de las purgas y las hambrunas, todos destacan su modestia, la austeridad de su vestido, de su comida, que no tiene riqueza personal. La idea de la persona santa que rechaza los placeres del mundo. Creo que la gente aspira a eso. Es un punto de honor para ellos. Nash una vez me escribió una nota, cuando ya había logrado un contrato para escribir el libro, en la que me dijo que iba contra sus principios buscar notoriedad personal y nunca cooperó con Una mente maravillosa, ni con el libro ni después con la película. Solo nos hicimos amigos cuando el libro se había publicado. Creo que lo que les importa de verdad y casi exclusivamente, tanto a Perelman como a Nash, es el respeto de los pocos que consideran sus iguales, los grandes matemáticos.

Rechazar premios y reconocimiento es otro superpoder que produce admiración

P. ¿A Nash le gustó la película?

R. Sí. Ron Howard [el director] hizo un pase especial que vio Nash, y cuando le pregunté qué le había parecido dijo tres cosas. Que no era aburrida, porque a él casi únicamente le gustan las películas de acción con montajes muy rápidos. En segundo lugar, le gustaba que tenía sentido del humor; él tiene un gran sentido del humor. Y en tercer lugar, dijo que le gustó porque Russell Crowe se parecía a él. Me sorprendió, pero otro día Howard hizo un pase para estudiantes de cine de la Universidad de Nueva York y allí había también un grupo de matemáticos, que después de ver la película se acercaron a Howard para decirle que John Nash se parecía mucho a Russell Crowe cuando era joven.

P. Usted también escribió otro libro sobre economistas, La gran búsqueda, en el que da una visión bastante positiva sobre el efecto que ha tenido esta disciplina en el bienestar de la humanidad. Después de todo lo que se ha vivido en España, hay mucha gente que ve la economía como una ciencia defectuosa que además se equivoca siempre a favor de los poderosos. ¿Qué le parece este punto de vista?

R. Creo que eso se contradice con los hechos. La mayor parte de los economistas ahora son muy críticos con Angela Merkel y el BCE por sus políticas hacia España. La mayor parte de los economistas, tanto conservadores como de izquierdas, están del lado de tomar medidas más expansivas y antirrecesivas y a favor de la condonación de deuda. Los dos grandes economistas del siglo pasado, John Maynard Keines e Irving Fisher, propusieron la condonación de la deuda y las políticas de estímulo en los años 20 y 30. La gente que trata de decir que la economía es simplemente otra ideología como el marxismo, no entiende la historia o lo que la gente está diciendo hoy. Además, toda la gente que ha llamado la atención sobre la importancia de la igualdad es economista: Paul Krugman, Thomas Piketty…

Creo que en general el conocimiento económico mejora la vida de la gente.

La gente que critica la economía y dice que no es una verdadera ciencia porque se desconocen muchas cosas, no conoce lo que es la ciencia, porque hay muchas lagunas en otras disciplinas y cada una es diferente del resto. La meteorología, por ejemplo. Nadie va por ahí diciendo que es una pseudociencia porque la gente subestimó el huracán Sandy. Es una ciencia joven, pero lo que hace economía una ciencia es que es acumulativa. Sabemos más ahora que en 1870 y la economía tiene muchas más aplicaciones prácticas. Además, una ciencia es una herramienta en cualquier ámbito para diseccionar grandes problemas inabarcables, como la desigualdad o el crecimiento, en muchos problemas más pequeños que se pueden afrontar y resolver.

Creo que en general el conocimiento económico mejora la vida de la gente. Es como conocer que los gérmenes causan enfermedades y que lavándote las manos puedes evitar la gripe. Una comprensión básica de la economía ayuda a evitar muchos errores. Me gustaría que Angela Merkel supiese más. Sé que su problema es político, pero creo que eso es en parte porque por la ignorancia general de la economía aparecen otros problemas. Pasé el año pasado en Alemania y para ellos la ayuda fiscal y la relajación monetaria para beneficiar a España parece una invitación a que se siga gastando demasiado. Lo que no entienden, y es lo que Keynes y Fisher nos descubrieron, es que todos estamos en el mismo barco. Así que aplicando la disciplina más dura también se van a herir a ellos. En EE UU, donde está el origen de esta crisis, se ha superado mejor que Europa porque se siguieron políticas clásicas de expansión keinesianas. Europa ignoró las lecciones de los años 30 y lleva estancada muchos años, no solo los países del sur, también Francia o Alemania.

Sigue leyendo

Los yanomami, los humanos con mayor variedad de bacterias

Un helicóptero del ejército venezolano descubría en 2008 entre la espesura de la selva amazónica un poblado no registrado en sus mapas. Unos meses después, una misión médica científica llegaba hasta esa zona del sur de Venezuela para descubrir que se trataba de un grupo de unos 50 indios yanomami. Comprobaron que, salvo algún contacto con otros de su misma tribu, nunca habían tenido relación con el mundo exterior. Para los científicos era una ocasión única para estudiar su universo bacteriano y compararlo con el de los occidentales. Se llevaron unas cuantas sorpresas.

“Llegamos en abril de 2009. Siempre que vamos a una comunidad hacemos una reunión con todos los pobladores para explicarles que es lo que vamos a hacer, gracias a la ayuda de un traductor”, recuerda el investigador del Centro Amazónico de Investigación y Control de Enfermedades Tropicales Simón Bolívar, el venezolano Óscar Noya-Alarcón. Este médico, que participa en un programa del Gobierno de Venezuela para eliminar la oncocercosis, o ceguera de los ríos, lleva varios años buscando nuevos poblados yanomami. Esta vez tenía una misión extra.

Aunque no era el objetivo principal, los científicos consiguieron el consentimiento de una treintena de los 54 yanomami que formaban la comunidad para tomar muestras de piel de su antebrazo, su boca y de material fecal, el mejor indicador de la flora bacteriana del tracto intestinal. “Les parecía asqueroso, como a cualquier ser humano, que recogiéramos sus muestras de heces. Se burlaban de ello. Pero siempre accedieron amablemente a colaborar”, comenta Noya-Alarcón. Los materiales biológicos se conservaron en nitrógeno líquido hasta que volvieran a la civilización.

La diversidad del microbioma de los yanomami dobla a la de los occidentales

Empezaba entonces la segunda parte de la aventura. En un ejemplo de que la ciencia le puede a la política, las muestras volaron hasta un par de laboratorios de EE UU. Durante cuatro años, una veintena de científicos estadounidenses y venezolanos han desentrañado el perfil genético de las bacterias presentes en las muestras originales. También las cultivaron, para realizar ensayos que midieran su resistencia a los antibióticos, lo que se conoce como resistoma.

“Lo que hemos encontrado es que los yanomami de este estudio tiene un grado de diversidad bacteriana sin precedentes”, decía durante una conferencia de prensa el profesor de genética de la escuela Icahn de medicina del hospital Monte Sinaí (Nueva York) y principal autor del estudio, José Clemente. Los autores de la investigación compararon el microbioma de los yanomamis con una muestra de estadounidenses y otras dos de los guahibo, también amerindios amazónicos, y de indígenas de Malaui, en el sur de África. En los dos casos se trata de poblaciones con cierto grado de occidentalización. Los yanomami, añade Clemente, “tienen casi el doble de diversidad que los estadounidenses”.

De hecho, observaron un progresivo descenso de diversidad desde los yanomami hasta los occidentales, pasando por los guahibo y los malauíes. Además, los investigadores bucearon en estudios anteriores sobre microbioma y no han encontrado otros pueblos que tengan mayor variedad bacteriana. Tampoco en los archivos del proyecto Microbioma Humano. Es como si, cuanto más expuesto está uno al estilo de vida occidental, más se reduce la riqueza de su microbioma. Estos resultados colocan a los yanomamis en la cúspide en lo que a bacterias se refiere. Esta misma semana, otro estudio mostraba como comunidades rurales de Papúa Nueva Guinea tenían un 15% de mayor diversidad que los occidentales. Pero estos indios amazónicos se acercan al 100%.

Óscar Noya-Alarcón’);”> ampliar foto

El poblado yanomami fue descubierto por un helicóptero del ejército venezolano en 2008 y al año siguiente recibieron la visita de una misión científica. Era la primera vez que tenían contacto con el hombre blanco. / Óscar Noya-Alarcón

Los yanomami de este poblado, cuya ubicación no se ha revelado para protegerlos, siguen viviendo de la caza y la recogida de frutos como hacían sus antepasados hace miles de años. Lo más cerca que habían visto a un hombre blanco era cuando veían volar sobre ellos algún avión. De la medicina, solo conocían la propia palabra, que se la habían oído a otros yanomami de poblados vecinos. Y el dispensario más cercano, regentado por unos misioneros, se encuentra a dos semanas yendo a pie por entre las montañas. Para los microbiólogos, este pueblo aislado es una máquina en el tiempo con la que imaginar como era la microbiota de los humanos antes de que la modernización lo cambiara todo.

“Nuestras bacterias juegan importantes cometidos en la fisiología humana, como la respuesta inmune, el metabolismo y hasta la conducta. Pero aún no sabemos cuánto y cómo han cambiado nuestros microbiomas occidentalizados con relación al microbioma de nuestros ancestros”, recuerda la profesora de la escuela de medicina de la Universidad de Nueva York, María Gloria Domínguez, también coautora del estudio. “Tenemos muchas prácticas antimicrobianas, como el nacimiento por cesárea, el uso de los antibióticos, el jabón, los limpiadores. Pero en el mundo aún quedan poblaciones remotas de cazadores y recolectores que viven en la era pre-biótica como lo hacían nuestros antepasados”, añade. Unos pueblos, que alerta, “se están occidentalizando rápidamente”.

Antes de que el estilo de vida occidental reduzca su diversidad bacteriana, pueblos como este yanomami, pueden ayudar a la ciencia. Muchas de las enfermedades no transmisibles, como inflamación intestinal, la esclerosis múltiple, la diabetes tipo I, la artritis reumatoide, obesidad, cáncer de colon y un sinfín de alergias están mediatizadas por bacterias. La mayoría tienen una alta prevalencia en las sociedades avanzadas, siendo testimoniales en las poblaciones menos occidentalizadas. Aunque queda mucho por investigar, la degradación del microbioma puede tener mucho que ver con estas enfermedades modernas.

Resistencia adquirida a los antibióticos

La segunda gran sorpresa que se llevaron los investigadores fue que, al cultivar y secuenciar las muestras fecales, encontraron que las bacterias de los yanomami portan genes que las harían resistentes a los antibióticos, incluso a los de última generación. Para medir esta resistencia, los estudios científicos suelen fijarse en las cepas de la enterobacteria Escherichia coli. En las muestras fecales de los yanomami, encontraron que todas las cepas de E. coli contaban con genes que intervienen en el desarrollo de resistencia a la acción de los antibióticos. Entonces ampliaron su análisis a otras bacterias, encontrando unos 30 genes que podrían expresar resistencia.

Si se da por buenas las palabras del jefe del poblado, negando haber tenido contacto con otros hombres que no fueran otros yanomami y, menos aún, con la medicina moderna, ¿de dónde procede esa resistencia? La principal hipótesis de los investigadores es que viene de la íntima relación de estos indios con el medio que les rodea. Mucho antes de que Alexander Fleming descubriera casi por azar el poder antibiótico de hongos del género Penicillium, las bacterias han tenido que lidiar con otros microorganismos para sobrevivir. En el caso de los yanomami, estos microbios habrían aprendido a combatir gracias a la flora bacteriana del suelo de la selva que, por medio de transferencia horizontal, les habrían prestado los genes anti antibióticos.

Óscar Noya-Alarcón’);”> ampliar foto

Los investigadores tomaron muestras de la boca, piel y heces de 30 yanomami (el rostro de esta joven se ha recortado para respetar su privacidad). / Óscar Noya-Alarcón

“Sin embargo, también encontramos varios genes de resistencia que codifican resistencia contra las últimas generaciones de antibióticos semisintéticos y sintéticos”, recuerda el profesor de patología de la Universidad Washington en San Luis (EE UU), Gautam Dantas. “Incluyen, por ejemplo, a medicamentos de tercera y cuarta generación (las cefalosporinas) que intentamos reservar para luchar contra algunas de las peores infecciones del mundo”, añade. Son medicinas tan nuevas y tan sintéticas que la hipótesis del préstamo de la resistencia por otras bacterias no consigue explicarlo.

A los autores del estudio, publicado en Science Advances, les alarmó descubrir que la flora bacteriana de los yanomami pudiera ser resistente a tan modernas medicinas. “Pensamos en un par de explicaciones a estos resultados. La primera y quizá la más simple es que en el suelo haya versiones naturales de estos medicamentos sintéticos y que, simplemente, no las hayamos encontrado aún”, opina Dantas. Al fin y al cabo, las primeras generaciones de antibióticos copiaban a la penicilina natural.

Pero hay otra posibilidad que intriga aún más: que estos genes de resistencia tengan una gran plasticidad y sean multifuncionales. “En realidad, podrían tener otras funciones en la bacteria pero, expuestos a los antibióticos, podrían reprogramarse para desarrollar carga de resistencia”, sugiere este patólogo. De ser así, esto explicaría el rápido y extendido desarrollo de resistencia entre muchas de las bacterias patógenas que alarma tanto a los científicos y médicos por el abuso de los antibióticos.

Los antibióticos, la dieta, el jabón o el nacimiento por cesárea han reducido la diversidad bacteriana de los occidentales

En cuanto a los yanomami que tanto han ayudado a la microbiología, el doctor Noya-Alarcón comenta que han vuelto a esa comunidad solo una o dos veces al año desde 2009, “por lo que el impacto en su microbioma habría sido mínimo, pero ya no será el mismo”. Recuerda haber dado antibióticos a algún yanomami con neumonía o con alguna infección dermatológica. “Lo ético era tratarla ya que teníamos la medicina a nuestra disposición, de otra forma quizás el paciente con neumonía podría haber muerto”, explica.

“Gracias a esta oportunidad de encontrar un microbioma tan diverso, el resto de la humanidad podría verse beneficiada al conocer que probablemente tengamos que restablecer parte de nuestra flora microbiana para volver a lograr una armonía entre nuestras funciones metabólicas o fisiológicas”, opina Noya-Alarcón. El primer hombre blanco, un venezolano de ascendencia gallega, que contactó con este pueblo cree obligado, “reconocer esta diversidad bacteriana y respetar este equilibrio que se mantiene entre los yanomami e intentar extrapolarlo a lo macro, es decir, aprender del estrecho contacto que ellos tienen con la naturaleza”.

En esta noticia

Documento: ‘The microbiome of uncontacted Amerindians’

Sigue leyendo

El alucinante hombre de Altamura

Sólo un puñado de personas en todo el mundo ha tenido el privilegio de mirarle cara a cara. En 1993, un equipo de espeleólogos buscaba nuevas cuevas cerca de Altamura, una ciudad de unos 70.000 habitantes en el sur de Italia, muy cerca del tacón de la bota que forma la península. Tras bajar por una chimenea vertical de unos 15 metros encontraron tres pasillos. El del centro tenía unos 20 metros de largo. Cuando entraron, las lámparas de carburo iluminaron las paredes cubiertas de huesos de animales atrapados entre estalactitas y estalagmitas. Al final del pasillo había una pequeña cámara donde, desde una columna de material calcáreo, los exploradores descubrieron la alucinante calavera del hombre de Altamura, uno de los fósiles humanos más espectaculares del mundo.

Los científicos que bajaron a la cueva siguiendo a los espeleólogos tomaron algunas fotografías, vídeos y describieron sucintamente el hallazgo. Probablemente, dijeron, se trataba de un hombre adulto que cayó a un pozo en el que había multitud de animales muertos. Sobrevivió a la caída, pero quedó paralizado y acabó muriéndose de hambre. No sabían de qué especie era ni tampoco cuándo vivió. Sí comprobaron que bajo el cráneo, también sepultados en una tumba de mineral, había muchos otros huesos del mismo individuo, imposibles de sacar sin dañar el extrañísimo conjunto.

Creemos que es el esqueleto más completo y antiguo de un neandertal

Poco después el hombre de Altamura se convirtió en un “monumento intocable”. Las autoridades locales y regionales decidieron restringir la entrada a la cueva de Lamalunga y el excepcional hallazgo cayó en el más injusto de los olvidos, recuerda Giorgio Manzi, investigador de la Universidad de Roma La Sapienza. Ahora, más de 20 años después del descubrimiento, este paleoantropólogo italiano lidera un nuevo proyecto científico para intentar averiguar quién era el hombre de Altamura.

Manzi y otros investigadores han vuelto a bajar a la cueva y, con la ayuda de un brazo robótico, han extraído un pequeño fragmento del omóplato del homínido. David Caramelli, experto en genética de la Universidad de Florencia y colaborador de Manzi, perforó el hueso con un taladro y envió un poco de polvo a su amigo Carles Lalueza-Fox. Este paleoantropólogo español había sido uno de los expertos capaces de secuenciar el genoma del neandertal y ahora debía intentar extraer algo de ADN de este fósil. Era un más difícil todavía pues, a juzgar por las pocas fotos y vídeos grabados del cráneo, este humano podía tener hasta 400.000 años, una eternidad que suele aniquilar todo rastro de material genético. Mientras, otro equipo de Australia analizó una de las pequeñas formaciones calcáreas que había encima del hueso para intentar datarlo.

Ministero dei beni e delle attività culturali e del turismo-Soprintendenza Archeologia della Puglia’);”> ampliar foto

Extracción del fragmento de omóplato / Ministero dei beni e delle attività culturali e del turismo-Soprintendenza Archeologia della Puglia

Los resultados, publicados recientemente en el Journal of Human Evolution, arrojan unos resultados espectaculares. El hombre de Altamura vivió hace entre 130.000 y 172.000 años y su ADN demuestra que sin duda era un neandertal. “Creemos que es el esqueleto más completo y antiguo de un neandertal y además se trata del ADN más antiguo de esta especie que se ha obtenido nunca”, resalta Caramelli. La cueva ha actuado como una cápsula del tiempo, aunque aún no se sabe si podrá rescatarse suficiente ADN como para responder todas las preguntas que quedan abiertas.

La resurrección científica del hombre de Altamura también ha removido la cuestión de qué hacer con este tipo de hallazgos. Un océano de tiempo y el goteo lento del agua han cubierto parte del cráneo y el resto del esqueleto con pequeñas formaciones calcáreas en forma de coral hasta convertirlo en un ejemplar único. Los científicos creen que si se sacan los restos pueden responder muchas más preguntas sobre los neandertales, una especie tan cercana a la nuestra que llegamos a tener hijos fértiles con ellos antes de que se extinguieran, hace unos 30.000 años. Pero para hacerlo deben destruir parte del conjunto.

Un caso complejo

Manzi reconoce que hay políticos regionales y locales y también parte de la sociedad que siguen viendo al hombre de Altamura como un monumento y apoyan dejarlo tal y como está. A su equipo le interesa sobre todo el cráneo, que, por su antigüedad y conservación, es único en Europa. Pero para estudiarlo habría que extraerlo de la gran columna de calcita en la que está sepultado y después eliminar los bultos que lo recubren con un vibroincisor, un martillo hidráulico en miniatura que hay que manejar con destreza para no dañar el fósil y que no limpia del todo las impurezas, explica Antonio Rosas, experto en neandertales del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC). Para este experto, que también ha participado en el rescate de fósiles de neandertales asturianos para la secuenciación del genoma neandertal, “si se saca este fósil dejará de ser único” para convertirse en “un neandertal más”.

Los coordinadores científicos del proyecto no tienen dudas. “El único modo de conocer bien los restos es estudiarlos y para hacerlo hay que sacarlos”, resume Manzi. “Es posible extraer los huesos sin destruirlos, si no nos arriesgamos a pasar otros 20 años sin que la comunidad científica pueda estudiar estos restos y, peor aún, la cueva podría quedar cerrada por movimientos de tierra y los perderíamos para siempre”, expone Caramelli. La opción de convertir el yacimiento en un museo es imposible, dada su inaccesibilidad, por eso quieren sacar parte de los huesos y exhibirlos en un centro especializado en la misma Altamura.

Manzi y Caramelli ya tienen un plan detallado para estudiar el estado de conservación y microclima de la cueva y después extraer parte de los fósiles, siempre con el permiso de las autoridades locales y de la región de Puglia. No será antes de un año y quizás se tarden dos o más, pero es viable, dice Manzi. Al fin y al cabo, señala, el trabajo no es tan difícil como el que ya se ha hecho en Sudáfrica para rescatar a Little Foot, un fósil engastado en roca más dura que hace apenas unas semanas puso patas arriba el árbol genealógico de todos los humanos.

Sigue leyendo