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El Sevilla nunca se rinde

Fue una nueva delicia. Un episodio que sigue engrandeciendo la leyenda europea de este Sevilla que nunca se rinde. El equipo que tan bien dirige Unai Emery sigue vivo en su torneo preferido, del que es campeón, después de superar en un segundo tiempo para enmarcar a un gran rival como fue el Zenit. Un equipo de Liga de Campeones que maniató al Sevilla en un buen primer acto, pero que no tuvo más remedio que rendirse al talento, velocidad e intensidad del Sevilla en la segunda mitad. Un periodo donde el equipo andaluz fue activado por los cambios de Emery, quien supo reaccionar ante el planteamiento de tres centrales ordenado por Villas-Boas, que llegaba a Sevilla con importantes bajas en su equipo.

Mbia, Bacca y Denis Suárez obraron la remontada. Mbia, con su empuje habitual y su capacidad para incomodar al contrario. Bacca, porque metió el empate, tuvo el 3-1 en sus botas y hoy por hoy es mejor que su compañero Gameiro, mejor casi siempre como revulsivo. Y Denis Suárez, porque además de meter un golazo de bandera mostró una personalidad insultante. Siempre quiso el balón para darle a Banega y Reyes ese apoyo que tanto ansiaron en la primera mitad. Además, su espíritu contagió al resto. Por ejemplo, a Krychowiak, que volvió por sus fueros en esa deliciosa segunda mitad. También los laterales, en este caso Aleix Vidal y Tremoulinas, que volaron para llegar una y otra vez al área del Zenit. El Sevilla, que nunca se rinde, tiene opciones serias de volver a colarse en las semifinales de la Liga Europa. Aunque haya recibido un gol, ha tenido la capacidad de golpear primero. El Zenit será mucho Zenit en Rusia, pero al Sevilla le vale el empate y, sobre todo, siempre es competitivo.

Ryazantsev había avisado con un remate de cabeza que no entró de milagro. El interior ruso, rápido y vertical, acertó en el minuto 29, cuando Iborra no acertó a pelear un despeje de pareja. Ryazantsev se internó y remató, en dos ocasiones, para batir a Rico. El tanto plasmó la superioridad del Zenit. Un señor equipo, que se presentó en Nervión sin dos de sus mejores jugadores, Danny y Hulk, sancionados, y ofreció una lección de pragmatismo y orden en el primer acto. Emery se olía el repliegue intensivo planteado por Villas-Boas, asentado en una línea de tres centrales, y varió su once titular. Buscó en Reyes el desequilibrio y el pase a Gameiro, prescindiendo de los oficios de Vitolo y Bacca. Buscando el desborde y la velocidad, Emery se encontró con el pase imposible de Reyes y la limitación de espacios para Gameiro. Ese tipo de cambios no suele salir demasiado bien.

El Sevilla fue un manojo de nervios, entregado a Reyes, con Banega ausente y sin capacidad para penetrar por las bandas. Por primera vez en mucho tiempo, fue un equipo desafinado, sin mostrar ese fútbol intenso que tantos beneficios le ha dado a lo largo de la temporada. El oficio del Zenit lo acogotó. Villas-Boas apostó por el repliegue y le salió bien, puesto que sus laterales también sabían atacar y acababan reconvertidos en extremos. En el duelo, de escasas ocasiones, acertó primero el Zenit, más entero, más equipo, asentado en el descomunal trabajo de Javi García.

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Al Sevilla no le funcionaba ni el adelantamiento de Iborra, sobre el que percutían el propio Javi García o Garay, dos auténticas torres que impidieron con su anticipación las irrupciones del futbolista valenciano en su área. El Sevilla necesitaba agitarse y buscar la fórmula para desbordar a un equipo serio, con las ideas muy claras. A los jugadores de Emery le resultaba extraño no haber gozado de ninguna ocasión en un primer acto en el que fue superado ampliamente.

El entrenador vasco lo vio claro. No era la noche para que Iborra percutiera o Gameiro buscara el desmarque ante una ordenada defensa de tres centrales. Tocaba jugar por bajo hasta hacer enloquecer a los rusos. Los cambios estuvieron perfectos. Denis Suárez entendió a la perfección su papel combinativo, Bacca fue un preciado estilete y Mbia agotó a los rusos. Una combinación perfecta para lograr unas fantástica remontada y seguir manteniendo a salvo la fortaleza de Nervión (33 partidos sin perder). Ganó el Sevilla y se permite el lujo de seguir soñando con el pase a semifinales. Ha golpeado primero y tocará rematar la faena ante un gran rival.

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El señor de los récords

Hay futbolistas que escriben su historia en un libro aparte. Conquistado el juego, rendida la afición, parecen saltar al césped dispuestos a atrapar registros. El 18 de agosto de 1998, Xavi Hernández (Terrassa, 1980) se estrenó en un partido oficial con la camiseta del Barcelona. Nadie en el fútbol actual ha abierto tanto sus vitrinas (25 copas, tres con la selección española). Nadie ha disputado más encuentros con el Barça (755). Y, desde el miércoles, nadie se ha visitado tantos campos en Europa. Leyenda entre leyendas, frente al PSG el capitán del Barça sumó su partido 169 en competiciones europeas. En el retrovisor quedaron Maldini (168), Seedorf (161), Zanetti (160) y Raúl (158). Récords al margen, los partidos no oxidan su fútbol.

En el verano Xavi se tapó los oídos frente a las suculentas ofertas del fútbol catarí y de la MLS de Estados Unidos. Sabía, en cualquier caso, que la recompensa no pagaría con minutos en el Camp Nou. “Si te quedas, para mí perfecto; pero si no te pongo, no me toques las pelotas”, le advirtió Luis Enrique. Así sucedió. La temporada pasada Xavi participó en el 85% de los minutos disputados por el Barça. En este curso, con el asturiano en el banquillo, el 6 vio cómo su participación se adelgazaba hasta un 40%. No le importó. No se recuerda ninguna cara larga del campeón del mundo ni al entrenador ni a los compañeros. A sus 35 años tiene claro su rol.

“Xavi siempre nos aporta grandes cosas. No es una novedad. Es lo de siempre”, elogió Luis Enrique al interior de Terrassa, tras la victoria azulgrana en el Parque de los Príncipes. Al centrocampista no se le gastó su tiza en el último pase: suma ocho asistencias esta temporada. Una cada cuatro partidos, cifras, incluso, superiores a las de la temporada pasada (cuando promedio 0,12 pases de gol), pero estadísticas calcadas al último curso de Guardiola en el banquillo del Barcelona.

Desde que Luis Enrique cogió las riendas del Barcelona, el juego azulgrana cambia de piel. A veces, punzantes en ataque; otras, pacientes con el balón. Y aunque Xavi se contamina con el vértigo de sus compañeros (da un 30% menos de pases que, por ejemplo, cuando Tito Vilanova era el técnico del Barça), no pierde su acierto: 93% de eficacia. Ocurre, en cualquier caso, que cuando el técnico asturiano quiere guardar el cuero, encuentra siempre el mismo nombre para la misma pregunta: Xavi. Revulsivo con pausa, el capitán saltó desde el banquillo en 17 de los 32 partidos que ha disputado en esta temporada.

Cuando los encuentros se le alocan al Barcelona, la cabeza de Xavi devuelve la sensatez al fútbol. Pasó en Vigo (0-1), pero la fórmula no funcionó en Nervión (2-2). Sin embargo, la receta volvió a tener éxito en el Parque de los Príncipes. Cuando Blanc mandó al campo a Lucas Moura en lugar de Rabiot, el partido dio lugar a una vorágine que no ayudaba a los intereses del Barça. Pero, toda vez que el campeón del mundo con España cogió el timón, el cuadro de Luis Enrique cocinó el partido que se le extravió en el Sánchez Pizjuán.

Aunque pasó de jugar el 85% de minutosal 40%, su presencia resulta determinante

Xavi tiene un imán con la pelota y su presencia funciona de analgésico a la asidua (en esta temporada) desesperación del Barcelona. Tranquilidad para Luis Enrique y también para Leo Messi. El argentino descansa en el catalán. El 6 es un manto de seguridad que arropa al juego del 10. En los 37 minutos en el campo de Xavi frente al PSG, Messi le cedió el cuero en 12 ocasiones, sólo superado por Busquets (jugó todo el partido) al que le pasó la pelota 16 veces.

Ya no esconde Luis Enrique su equipo de gala; sin embargo, con Iniesta en la enfermería — sufre una fuerte contusión en la articulación sacroilíaca—, Xavi está disponible para entrar en el once frente al Valencia. El sábado el Barça defiende su liderato en su casa y el presente del interior no olvida su pasado. Un poco de Xavi es mucho, y tiene ventaja sobre Rafinha y Sergi Roberto para relevar a Iniesta. Quizá son las últimas pinceladas del fútbol de Xavi con la camiseta azulgrana. Nostalgia anticipada en el Camp Nou, que se empieza a despedir de su hombre récord.

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Las cañerías del Barça funcionan muy bien

Cuando yo era un crío de nueve años, en mi barrio del Abasto de Buenos Aires, existía una forma de distracción que consistía en hacer un círculo y pasarnos un balón unos a los otros con alguien en el medio tratando de quitárnoslo. El que interceptaba el balón dejaba el centro para pasar a disfrutar con su nueva posición. Así, hasta que nos cansábamos y pasábamos a jugar un partidillo. Todo esto ocurría en la calle. A ese ejercicio le llamábamos “medio”. “¿Hacemos un medio?”, era la pregunta de rigor, cada tarde, después del colegio. Así que el famoso rondo que hizo escuela en el Barça, en mi barrio se llamaba medio. En el partidillo se imponía otro ejercicio más insolente. Y más necesario, porque además de contrarios, había que sortear coches. El caño.

En el Barça de los últimos años, el medio, además de clave de su filosofía futbolística, es esa exasperante minis-asociaciones que urden sus jugadores para controlar el partido, para ralentizarlo o para llegar a la portería contraria, donde sus defensas ven la pelota cuando ya los ha esquivado. Últimamente en el Barça comienza a contagiarse el uso indiscriminado del caño. Creímos por un momento que Aimar era el dueño absoluto del invento. Pero en recientes partidos, Messi se sumó a la fiesta. Ahora, desde el partido contra el PSG, parece que Luis Suárez, no queriendo ser menos, le propinó dos consecutivos a David Luiz como para retirar al zaguero más intratable.

Creímos por un momento que Aymar era el dueño absoluto del invento del caño. Pero en recientes partidos, Messi se sumó a la fiesta

El caño no es una jugada cualquiera en el fútbol. No es una provocación aunque lo parezca, ni una ocurrencia manierista. Es la única que puede atravesar a una figura de carne y hueso. Y es la única que hace que balón y jugador se separen y se reencuentren en fracción de décimas de segundos para acortar distancia hacia la portería adversaria. El caño parece un adorno, pero no lo es. Es un dispositivo para ahorrar tiempo y espacio. Es una elipsis.

Aimar, Suárez y Messi entregados al mismo arte del escapismo. Ni Houdini lo hubiera mejor haría mejor.

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El beso de Lucas Pérez

Concreto, punzante, vertical, en cada acción suya hay como algo que se rasga, como si en cada una de sus jugadas guiase la pelota con el alma. Expansivo como es dentro y fuera del campo, si se juega al fútbol como se vive, Lucas Pérez Martínez (A Coruña, 1988) esparce sobre el verde jirones de pasión. Y cuando llega el gol la explosión suele culminar con un gesto cada vez más banalizado en el fútbol: el beso al escudo. Hay quien le llama tribunero por ello e incluso en el vestuario brotan las bromas ante tanto ardor, pero quizás sea algo más que un beso.

Coruñés, de barrio, siempre destacó de niño en el fútbol base de la ciudad. Nunca jugó en el Deportivo, que lo preseleccionó y lo descartó para jugar un torneo de Brunete cuando el club aún no tenía equipo alevín. Lucas despuntaba entonces en el Victoria, el equipo del que había partido en su día Amancio Amaro. Un club referencial en la ciudad del que muchos de sus compañeros sí dieron el salto al fútbol base blanquiazul. Ninguno de ellos llegó a ser profesional. Lucas sí, mediapunta con más carácter que sutileza. “Jugué con gente que tenía muchísimas condiciones, pero pienso que llegar es una cuestión mental, no sólo de talento”, explica. La cabeza debe funcionar cuando sin pelo en la cara hay que salir de casa para tratar de ser futbolista con una camiseta blanquiazul que no es la que soñaste de niño, cuando tras regresar de esa primera experiencia en el juvenil del Alavés vuelves a hacer el petate para irte a Madrid o para firmar con 22 años un contrato que te envía a vivir a Lviv, en Ucrania. “La sensación era que todos esos sitios estaban muy lejos… Miro atrás y no sé si se lo recomendaría a alguien, pero me movía la ilusión y querer crecer”.

Me gusta que me digan que soy un futbolista de la calle, de esos que siempre han jugado contra los mayores en los partidos del barrio

Lucas dio el salto lejos de sus sueños mientras en A Coruña se buscaban talentos en la cantera. Hay algo en esa suerte de buscarse la vida en un destino remoto que remite a su familia, a su abuelo y su padre, que durante años trabajaron en el mar, embarcados para pasar meses faenando en el Gran Sol, frente a la costa de Irlanda. “No creo que hubiese acabado ahí”, descarta. No sabe dónde estaría si no es por el fútbol, siempre en torno a la pelota y la competitividad que genera. “Con 16 años me fui a Vitoria a vivir en una residencia con más compañeros y una señora que nos cuidaba. Era una preselección de unos cuarenta chicos y quedamos dos: Pedro Oliva, un chico extremeño, y yo, pero poco después comenzaron todos los problemas con Piterman y decidí volver”, rememora. Era juvenil y despuntó unos meses en la Tercera División gallega antes de que de que le llegase una oferta del Atlético para jugar en su tercer equipo. José María Amorrortu, entonces responsable del fútbol base rojiblanco, le conocía de verle evolucionar por los campos vascos. Sin noticias del Deportivo, tomó la A-6. “Conocí un gran club que me ayudó a crecer. Y la Tercera era más dura que la gallega. Coincidí con gente como Yoel, ahora en el Everton, o Pulido, del Albacete. En mi segunda temporada lo jugué todo, pero me dijeron que mi perfil no era válido para subir al B y me fui al filial del Rayo”.

En Ucrania, en Lviv, me quitaron dinero que no me tenían que quitar, firmas contratos de aquella manera…

En Vallecas lideró al equipo en una inolvidable temporada que acabó en ascenso a Segunda B. Luego Pepe Mel le hizo debutar con el primer equipo, entonces en Segunda División. Y en enero de 2011 decidió aceptar una oferta del Karpaty Lviv, por una parte un error, por otro una experiencia, un Gran Sol futbolístico. “Me quitaron dinero que no me tenían que quitar, firmas contratos de aquella manera… No tienes la cobertura sindical que hay en España para el futbolista y convives con situaciones nada agradables que te afectan a ti y a compañeros muy cercanos porque allí estás lejos de todo y tienes que apoyarte en ellos. Yo me pensaría bien salir a según qué países. En Ucrania el 80% de la gente es pobre y el resto multimillonaria. Y el futbolista no puede estar en una burbuja porque ves el día a día en los autobuses, en la sanidad, en tantas cosas”. Partir de Lviv a Kiev, al histórico Dynamo, parecía un goloso caramelo, pero resultó agrio, cuatro meses sin jugar y una ansiada salida a Grecia, al PAOK de Salónica, que lo conocía bien tras un par de enfrentamientos en competición europea frente al Karpaty. Grecia ya era otro tipo de caladero. “Un país similar al nuestro, con un ambiente precioso para jugar al fútbol y una competición donde los grandes están al nivel de la Primera de aquí”. Disfrutó, se sintió importante y querido, pero siempre tuvo un ojo en casa, en aquella ilusión del niño descartado que se quedó a las puertas de Brunete. “Soy aficionado del Dépor porque amo mi ciudad, su cultura. Me gusta que me digan que soy un futbolista de la calle e identifico lo que es: sufrido, guerrero, peleón, con condiciones y calidad, que siempre ha jugado contra gente mayor en los partidos del barrio, que te metías a jugar y no te echaban porque podías jugar con ellos. Ese era yo”.

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Y así cuando llega el gol, cuando Lucas Pérez se agita y entra como en una especie de paroxismo, repara en que en el pecho lleva un escudo y se lo lleva a los labios. “A lo mejor hay mucha gente que no lo entiende, pero cuando lo hago estoy besando a mi ciudad, a la nostalgia que tuve de ella, al hecho de haber vivido cuatro años en el extranjero o dejar a mi familia y amigos cuando tenía 16 años”. Su deseo es que ese beso sea eterno, pero por mucho que haya amor, todo en el fútbol pasa por la chequera: el Deportivo deberá negociar por Lucas con el PAOK, al que le unen dos años más de contrato, una continuidad que en A Coruña todos, al fin, desean.

Reportaje de Canal + sobre Lucas Pérez / EL DÍA DESPUÉS

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“¿El Barça-Valencia? Iré al cine…”

Carlo Ancelotti tuvo que prescindir de Karim Benzema en el último entrenamiento previo al partido del Málaga. El francés, que apareció por el césped de Valdebebas con un vendaje en la rodilla derecha, se resintió de las molestias en esa zona y abandonó la sesión de trabajo. “No está disponible para mañana, pero lo vamos a recuperar para el miércoles. Su baja no va a cambiar el dibujo del equipo: pondré el mejor once posible para intentar ganarle al Málaga, es un rival peligroso”, explicó el entrenador italiano.

El Madrid se enfrentará al conjunto andaluz en el Bernabéu sabiendo el resultado del Barcelona. Esta vez jugarán primero los azulgrana (en casa contra al Valencia) y después de los blancos. La distancia entre el líder y su perseguidor ha bajado a dos puntos después del pinchazo culé en Sevilla. ¿El Madrid podría ponerse líder, verá el partido?, le preguntaron a Ancelotti. “No, iré al cine otra vez…”, dijo riéndose. El día que los de Luis Enrique se dejaron dos puntos en el Sánchez Pizjuán, el italiano estaba en una butaca viendo Ben Hur. “Mañana estaremos centrados en preparar nuestro partido y se me hace complicado ver el Barça-Valencia. Para un aficionado al fútbol es un partido bonito”, añadió.

Ancelotti tiene a cuatro jugadores apercibidos: si Sergio Ramos, Modric, Carvajal y Cristiano reciben una tarjeta amarilla se perderán el partido del próximo sábado en Vigo. Pese a ello y pese a tener que jugarse el miércoles el pase a semifinales de Champions contra el Atlético, el entrenador blanco asegura que no hará muchos cambios. “Es un partido peligroso, jugamos contra un equipo que mostró intensidad y dinamismo contra el Atlético. Nos preocupa que hayan ganado en Barcelona, así que tenemos que poner toda la energía que tenemos”, argumentó Ancelotti.

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Nada, por ejemplo, de sentar a Marcelo y dar minutos a Coentrão para que vaya cogiendo ritmo de competición antes del partido del miércoles en el que será, casi seguramente, titular por la baja del brasileño (sancionado). El portugués se ha quedado fuera de la lista para el duelo de este fin de semana. “El de mañana no es un partido para dar minutos a Coentrão. Tenemos que separar las cosas, el de mañana es un partido y el del miércoles otro. El del Málaga es un partido sino para ganar y seguir con la racha de victorias hasta final de temporada”, aseguró Ancelotti.

Tres días después del empate contra el Atlético en el Calderón, el técnico italiano dice que el 0-0 le deja un buen sabor de boca. “Lo que me da más felicidad es que el equipo juegue bien porque, para eso entrenamos. Después está la valoración del resultado… yo tengo buen sabor de boca porque el partido fue bueno”. Le preguntaron una y otra vez por Isco, por cómo se ha tomado la suplencia desde el regreso de James. El colombiano es un jugador diferente que da más verticalidad al juego del Madrid y más velocidad en la circulación del balón.

“Yo no estoy en la cabeza del jugador, pero creo que Isco está contento con lo que ha hecho esta temporada. Nosotros estamos contentos con lo que está haciendo. Ha jugado con más regularidad, ha mejorado mucho en el perfil defensivo. Todo el mundo hablaba de él hace un mes y ahora parece que, por haberse perdido un partido, no tiene calidad… Isco es fundamental para esta plantilla”, aseguró Ancelotti al mismo tiempo que decía que no se arrepiente de no haber rotado más a lo largo de la temporada.

“Tampoco creo que Isco piense que ha perdido el puesto; jugó contra el Eibar [fue suplente ante el Rayo y en el Calderón]. En este momento no hay partidos más o menos importantes, todos los son porque nos jugamos dos competiciones. Está fresco, está bien y en una buena condición física”, explicó Ancelotti que todavía no ha decidido quien reemplazará a Benzema en el ataque.

¿Usted se ve aquí la temporada que viene junto a Iker Casillas?, le preguntaron al técnico. “Me veo aquí con Casillas y con todos los jugadores que lo están haciendo bien, pero en este momento contestar a esta pregunta no es tan importante. Tenemos un final de temporada muy intenso y estamos centrados en lo que tenemos que hacer”, contestó. Anoche, en una entrevista en Es Radio, dijo que si llega un portero mejor que Casillas seguro que este no será titular. Esta mañana aseguró que los tres mejores porteros son los que tiene.

“No estoy aquí para hacer clasificaciones de porteros, eso lo hacemos en el bar”, contestó cuando le preguntaron cuántos guardametas hay ahora mismo que son mejores que el capitán blanco. ¿El Madrid no necesita fichar a un portero entonces?, le insistieron. “Nunca hemos hablado de esto”, zanjó.

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Cisma en la enfermería del Bayern

El Bayern de Múnich, el equipo más rico y poderoso de la liga alemana, quedó inmerso, desde el jueves pasado, en una inédita crisis en la que está en juego la credibilidad del entrenador del equipo, Pep Guardiola, y el futuro deportivo del club. Tan solo 24 horas después de la derrota en Champions ante el Oporto, el famoso jefe del equipo médico del club, Hans- Wilhelm Müller-Wohlfarht, dio a conocer un breve comunicado donde anunciaba su dimisión.

“Por razones inexplicables se hizo responsable de la derrota al equipo médico”, señaló Müller-Wohlfarht en la nota con la que puso fin a 38 años de trabajo en el club de Múnich. El comunicado del jefe del equipo médico provocó un pequeño seísmo en la sede del Bayern, pero también dejó al desnudo que el famoso médico y el también famoso entrenador, venían arrastrando problemas desde hace ya bastante tiempo.

Guardiola siempre exigió al médico que atendiera a los jugadores directamente en la sede del club y no en su consulta privada que tiene en el centro de la ciudad. La tensión aumentó cuando Guardiola decidió enviar a Thiago Alcántara a Barcelona para que se recuperara de una lesión a la rodilla que sufrió en el verano de 2014 y que lo mantuvo varios meses alejado de las canchas. El médico no estaba de acuerdo con el tratamiento de cortisona al que sería sometido el jugador.

El equipo médico entendió la decisión de Guardiola como una falta de respeto que, además, tuvo consecuencias fatales para el propio jugador. Pocos meses después de su tratamiento en Barcelona Thiago volvió a lesionarse y Guardiola admitió que la terapia había sido un “gran error”.

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Los problemas se agudizaron a causa de la larga lista de jugadores lesionados del club, con Robben, Ribéry, Schweinsteiger, Javi Martínez, Alaba y después de la derrota ante el Oporto, también Götze. Aunque las lesiones que afectan a las grandes estrellas del club no son responsabilidad de los médicos, el técnico no podía ocultar su desesperación, una actitud que quedó reflejada cuando el Bayern se enfrentó al Leverkusen en la Copa alemana.

En el partido se lesionó Medhi Benatia y, cuando el jugador tuvo que abandonar el campo de juego, Guardiola comenzó a aplaudir en dirección al banquillo que ocupan los médicos del club. “La situación es crítica, muy crítica”, dijo Guardiola después de ese partido, al referirse a la larga lista de lesionados, al tiempo que sugería que los médicos podían ser los responsables de que las estrellas del club no recibieran el alta.

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Guardiola, Schweinsteiger y el médico Müller-Wohlfahrt, durante un partido del Bayern. / ANDREAS GEBERT (EFE)

La situación, al parecer, estalló en Oporto. Según el Bild, después del partido hubo una amarga discusión entre el presidente del club, Karl-Heinz Rümmenigge y el médico jefe por la lenta recuperación de los jugadores. La discusión condujo a Müller-Wohlfarht a tirar la toalla. “La relación de confianza para un trabajo médico exitoso está seriamente dañada”, señalaron sus médicos asistentes, Peter Ueblacker y Lutz Hänsel, al justificar sus renuncias.

La dimisión del equipo médico del Bayern acaparó la curiosidad de la prensa deportiva, que acudió en masa a una rueda de prensa rutinaria de Guardiola, que tuvo lugar en la sede del equipo. Pero el encuentro con la prensa quedó marcado por un pequeño escándalo de censura. A pesar del gran interés que existía, el jefe de prensa solo autorizó una pregunta sobre el caso, a la que Guardiola respondió con una frase elegante y breve. “Fue su decisión. Le tengo un gran respeto y solo me queda aceptar esa decisión”, dijo Guardiola, quien aprovechó el momento para admitir que la derrota ante el Oporto había sido solo responsabilidad suya.

“La culpa no fue del médico ni de los jugadores. La culpa fue mía”, concluyó el técnico.

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El fin del milagro del doctor Müller-Wohlfahrt

Al principio fue el milagro.

Hace 16 años, cuando se hablaba de la sanación de José María Olazábal, que había sido capaz de pasar de una parálisis que creía progresiva e inevitable a ganar su segundo Masters, Hans-Wilhelm Müller-Wohlfahrt, el taumaturgo, se paseaba por el campo de Augusta, alto, esbelto, su melena morena bailando con la brisa habitual. A su alrededor, los periodistas susurraban y, temerosos, se acercaban a preguntarle cómo había sido capaz de curar al golfista vasco de una enfermedad que se creía crónica y progresiva. Él, jovial y accesible, agradecía primero a Olazábal porque le había invitado al exclusivo torneo y después hablaba de duchas frías, de la dura voluntad del jugador de Hondarribia y de un pinzamiento vertebral que había logrado aligerar con inyecciones de aleta de tiburón y la fe del paciente en su curación. Allí nació para muchos un mito que, sin embargo, en círculos más secretos, ya tenía bien ganado el prestigio de médico milagroso.

A Olazábal, al médico alemán se lo habían recomendado como última esperanza, porque en Alemania el prestigio de Müller-Wohlfahrt estaba bien asentado. Llegó de Berlín al Bayern Múnich en 1977, un médico de 35 años que empezó a tratar a jugadores que tenían casi su edad, como Beckenbauer, Müller, Hoennes, y que más tarde llegarían a ser los dirigentes máximos del club. No solo curaba lesiones aparentemente incurables con métodos que otros colegas no dudaban en tildar de heterodoxos, como decenas de microinyecciones de ácido hialurónico o de Actovegin, un extracto de plasma de ternera, directamente en los músculos dañados, sino que también era un magnífico psicólogo, un gran conversador, un sanador de mentes y generador de optimismo. Müller-Wohlfahrt tiene 72 años, pero mantiene la misma melena, y el mismo color oscuro que hace 30 o 40 años, y el mismo cutis juvenil, por lo que quienes le tratan de lejos no saben si llamarle Dorian Gray o si preguntarle por la fórmula de la poción de la eterna juventud: ambas posibilidades aumentan, de todas maneras, el misterio sobre su persona, lo que aumenta la confianza de sus clientes, el negocio y, sobre todo, su poder.

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REPORTAJE (2006): El doctor Manos Sanadoras
REPORTAJE (2009): Pócimas deportivas
Un año después, Usain Bolt

Como no hay nadie más dispuesto a experimentar o a creer en milagros que un deportista que no encuentra cura para su dolor, la lista de clientes conocidos del doctor que recibe en una consulta ubicada en un edificio gótico del siglo XII en Múnich es larga e importante. En su libro autobiográfico, Usain Bolt agradece varias veces a Müller-Wohlfahrt por haberle permitido ser el hombre más rápido de la historia pese a una escoliosis de columna que sin las manos del alemán le habrían limitado siempre; por su consulta también han pasado el segundo hombre más rápido, Tyson Gay, y la plusmarquista mundial de maratón, Paula Radcliffe. Y hay artículos que hablan del futbolista brasileño Ronaldo, del esquiador Bode Miller, del sprinter Maurice Greene

Es tan grande el personaje, tan importantes sus conexiones, que nadie duda de que su dimisión tras la noche de Oporto oculte seguramente una maniobra cuyo alcance se descubrirá en unos días.

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“Que se llene el Camp Nou, que tiemble el campo”

Acumulan los jugadores del Barcelona 48 partidos en los que va de temporada, seis en el último mes, y Luis Enrique le presta especial atención al físico de sus futbolistas. El Barça recibe mañana al Valencia en el Estadi (16.00) y el preparador azulgrana tiene clara cuál es la receta para remediar al cansancio. “Nunca lo hice, pero ahora llamo a los aficionados. Este partido para nosotros es muy importante. Espero que el Camp Nou esté a reventar y nos lleve en volandas. Por el horario y por lo poco que hace que jugamos. Somos más fuertes con la afición. Los necesitamos”, se arrancó el entrenador del Barça. “El partido me preocupa más físicamente que mentalmente. Cada caso es particular y hay jugadores a los que tenemos que valorar, por eso necesitamos más que nunca a la afición y ser un equipo”, completó.

Solo pienso en el Valencia”, aseguró el entrenador del Barcelona

Entiende el técnico asturiano que tras el contundente triunfo del Barcelona en el Parque de los Príncipes (1-3, por la ida en los cuartos de final de la Champions), a la espera de la final de la Copa y líderes en la Liga, haya un clima de euforia en el entorno. “Si hay euforia, mejor”, subrayó Luis Enrique; “que se llene el Camp Nou a las cuatro y que la afición esté en pie de guerra. Si hay algún momento en que el equipo no esté muy lúcido y tiene problemas, que tiemble el campo”.

No quiere distracciones Luis Enrique. “Solo pienso en el Valencia”, dijo. Sabe el entrenador del Barcelona que el conjunto de Nuno no será un hueso fácil. Es el segundo equipo que menos goleado en la Liga detrás del Barça -“Exactamente 23 goles”, recordó el asturiano-. “Es un conjunto muy bien trabajado, un bloque defensivo que no deja espacios y peligrosidad en ataque porque tiene jugadores de calidad. Es un partido difícil, pero muy atractivo. Se nota el trabajo del entrenador”, elogió el entrenador del Barça a su rival de mañana. Y machacó: “No hay margen ni la situación está para especular. Es uno de los siete partidos claves. Contra un rival en muy buena racha, entre los mejores equipos de la Liga sin duda”.

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Xavi, un revulsivo con pausa

Por último, Luis Enrique no se olvidó de su amigo Pep Guardiola y cuando le cuestionaron sobre la actual situación del técnico del Bayern. A pesar de su buena marcha en la Bundesliga, el exentrenador del Barça atraviesa un momento delicado por la caída del cuadro alemán frente al Porto, en el partido de ida de los cuartos de la Champions. “Pep es el número 1”, concluyó; “más allá de que gane más o menos títulos. Por mi percepción, su imagen y su idea de fútbol ofensivo”.

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