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Cuando Collar volteó los pronósticos

La primera final de su historia la jugaron el Madrid y el Atlético el 24 de junio de 1960. Final de Copa, de Copa del Generalísimo se llamaba entonces. En el Bernabéu. Era el Real Madrid cuya alineación terminaba en Di Stéfano, Puskas y Gento y estaba en la cima de su gloria. Era favorito abrumador… pero ganó el Atlético.

Aquel fue el primer partido que vi en mi vida y la primera vez que vi una televisión, raro fenómeno del que se hablaba. Mi padre tenía un amigo acomodado, condiscípulo en los años del bachillerato, una de esas amistades que sobreviven al tiempo. Él nos invitó a su casa a ver el partido por el televisor, precedido por una serie de un héroe interestelar que se llamaba Diego Valor, al que debió el torero Diego Puerta que le aplicaran ese apodo.

Yo, decía, nunca había visto fútbol. El Madrid había ganado cinco Copas de Europa, pero a mis nueve años eso no era más que un run-rún entre los mayores. Los mayores, en mi caso, eran mi padre, mi hermano y mis tíos, todos madridistas felices y henchidos de legítimo orgullo. El Madrid acababa de ganar su quinta Copa de Europa en un partido arrasador, 7-3 al Eintracht de Frankfurt, cuatro de Puskas y tres de Di Stéfano. Y no era sólo eso: esa final se había jugado a caballo de la semifinal de Copa con el Athletic de Bilbao. En San Mamés había perdido el Madrid 3-0 en la ida. A nadie le extrañó mucho: la mente en la final europea, lo buenísimo y copero que era el Athletic… Se daba por eliminado al Madrid, que era precisamente todo menos copero. ¡Y sin embargo, en la vuelta barrió al Athletic, 8-1, ocho goles al gran Carmelo!

Así que en vísperas de la final (en el Bernabéu, además), era frecuente escuchar: “Siete al Eintracht, ocho al Athletic… ¡A estos nueve!”.

El Atlético además tenía sus apuros. Le faltaban Griffa y Calleja, lesionados. Le faltaban Mendonça y Vavá, que como extranjeros no podían jugar la Copa. En la Liga sólo había sido quinto, a trece puntos del Madrid.

Realmente, en las vísperas había que ser muy osado para dar favorito al Atlético.

El mismo día empieza el Tour, al que Bahamontes acude en plena gloria, ganador de la edición anterior. Farolea en la prensa francesa, a la que sabe dar lo que le gusta. Asegura que se le da bien torear y que un empresario le ha ofrecido 12 millones por seis corridas. (La bola es descomunal: aún faltan seis años para que El Cordobés cobre un millón por corrida).

Bernabéu y Saporta pasan la víspera en Lausana: se están atando los detalles de la primera Intercontinental. El Madrid jugará el domingo siguiente en Montevideo, el partido de vuelta se fija para primeros de septiembre, en el Bernabéu. Todo es el Madrid. Todo lo que no es Bahamontes, por lo menos.

Ambos equipos se concentran en El Escorial. José Villalonga es el entrenador del Atlético. Lo había sido del Madrid en las dos primeras Copas de Europa. Militar de carrera, entró en el fútbol como preparador físico. La Escuela de Mandos de Toledo fue la primera cantera de preparadores físicos del deporte. Había ascendido a entrenador tras una pelea entre Ipiña, secretario técnico, y Enrique Fernández. Después de esos éxitos europeos pidió aumento de sueldo y Bernabéu le despachó con cajas destempladas. La mañana del partido tuvo una inspiración. Llama a Collar:

—Vas a ser el capitán. Vamos a ganar el partido por ti y vas a ser tú el que coja la Copa.

A Collar le extraña, porque el más antiguo es Callejo. Hoy piensa que Villalonga lo hizo por cábala. Él ya había cogido una Copa de manos de Franco, en la final juvenil del 52.

En las vísperas había que ser muy osado para dar como favorito al Atlético, pero acabó ganando al Madrid

Al Madrid le entrenaba Miguel Muñoz, jugador en las tres primeras Copas de Europa. Había entrenado ese mismo curso al Plus Ultra y Bernabéu le había reclamado cuando echó sobre la marcha a Fleitas Solich, arrastrado por el fracaso de Didí. Muñoz acababa de empezar, pero tenía el laurel de la semifinal de Copa de Europa sobre el Barça de HH (3-1 y 1-3) y de la final del 7-3. Aunque se suponía que quien mandaba era Di Stéfano.

También el Madrid tenía bajas: Marquitos, Pachín y Canario. Canario era extranjero. Marquitos estaba lesionado. Pachín arrastraba una suspensión en España por un caso previo de doble contratación (fichó a un tiempo por Osasuna y Burgos) que no le impedía jugar en la selección ni en la Copa de Europa.

El partido es a las 20:30. Antes, el Firestone de Basauri, con un hermano del famoso Maguregui en sus filas, ha ganado la final juvenil por 5-2 al Murcia. Llega Franco, con el himno, los cuatro finalistas forman, el capitán del Firestone sube a por la Copa. Empieza el partido, se espera una masacre. Los equipos salen así:

Real Madrid: Domínguez; Pantaleón, Santamaría, Miche; Vidal, Zárraga; Herrera, Del Sol, Di Stéfano, Puskas y Gento.

Atlético de Madrid: Madinabeytia; Rivilla, Callejo, Alvarito; Ramiro, Chuzo; Polo, Adelardo, Jones, Peiró y Collar.

Arbitra Birigay. El Madrid no ha ganado la Copa desde 1947. El Atleti, nunca.

El Atlético sale a aguantar. Callejo se coloca de defensa escoba. Los laterales fijan a los extremos. Ramiro marca a Di Stéfano, Chuzo a Puskas, Polo, supuesto extremo, baja a la media a vigilar a Del Sol. Adelardo les ayuda a todos. El ataque queda fiado a la velocidad de Peiró y Collar (el ala infernal) y a la constancia del guineano Jones.

El Madrid, dueño del campo y el balón, marca el 1-0 en el 20′. Raro gol, un córner directo lanzado por Puskas, desde la izquierda y con la izquierda, pegándole con el exterior. Madinabeytia no queda en buen lugar. Luego hará un buen partido.

Pero al tiempo se lesiona Gento, al que se le reproduce un tirón mal curado. Quedará inútil para el resto del partido y servirá de explicación a la derrota. Aún con él de figura decorativa, el Madrid domina, manda. Hay un cabezazo de Di Stéfano al palo, hay paradas de Madinabeytia, hay un penalti a Del Sol que Birigay saca fuera del área. Hay un par de fallos inesperados de Puskas en el remate. Precisamente él, siempre infalible. Al descanso se llega 1-0. El Atlético ha hecho poco, pero algo inquieta a los madridistas: Collar le ha ganado todas a Pantaleón. “Como carguen el juego por ahí…”.

En el 51′ llega el 1-1 precisamente por Collar. Se va, tira y falla estrepitosamente Domínguez, cuyo paso por el Madrid se caracterizó por parar bien todo menos lo que le enviaba Collar. La facilidad con que este le hacía goles se hizo legendaria.

El Madrid aprieta, pero el partido se le ha puesto cuesta arriba. Liquidado Gento, Polo se va al extremo, a apoyar el ataque, para que Adelardo tome a Del Sol y Rivilla apoye. Herrera juega mal, no gana ni una. El Madrid ataca por el centro, con calidad, pero progresivamente más lento. El paso de los minutos le empeora. Al Atlético le mejora.

Se empieza a especular con la prórroga cuando en el 76′ Collar se va una vez más de Pantaleón, tira, rechaza Domínguez como puede y Jones, atento, remacha desde cerca. Me figuro que Domínguez pensaría: “Para una que le paro a Collar…”. Es el 1-2. El Madrid gasta lo que le queda en un último arreón, pero la salud está del lado del Atlético. En el 86′, Collar se va por enésima vez de Pantaleón y envía un centro raso, claro y medido, a Peiró, que machaca desde cerca. El Atlético es campeón.

Collar sube los escalones para coger la Copa de manos de Franco. La intuición de Villalonga se ha cumplido. El Madrid, abajo, aplaude agotado.

El Madrid es campeón de toda Europa menos España. Así lo dirán los atléticos.

Y Bahamontes, con ictericia, pierde ocho minutos el primer día del Tour.

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El Madrid, entre la persecución en Liga y la angustia por la Champions

La Liga obliga a Carlo Ancelotti a aparcar, momentáneamente, las preocupaciones de la Champions. Pero, aunque el técnico del Madrid insista en recordar que son dos los títulos que se juega el equipo, la sensación es que la temporada dependa de cómo acabará el derbi de cuartos del próximo miércoles. De ahí que todo lo que ocurra en Valdebebas estos días: la lesión de Benzema ayer y la ausencia de Coentrão en la convocatoria, sea analizado con vistas al miércoles.

Mientras que para ganar la Liga el conjunto blanco depende de tropiezos ajenos, para disputar las semifinales de Champions depende de sus aciertos. Se divide así el Madrid entre la persecución al Barcelona —a dos puntos con 21 en juego— y la angustia de jugársela ante el Atlético. En mitad de los dilemas llega un Málaga con objetivos europeos.

Ni después de haber jugado su mejor partido en meses consiguió el Madrid golpear al Atlético. Remataron 18 veces los blancos y no festejaron ni un gol. Ancelotti aseguró el martes que eso no tendrá repercusiones en la cabeza de sus jugadores y ayer dijo que ese 0-0 no resultó amargo. “Lo que me da más felicidad es que el equipo juegue bien porque para eso entrenamos. Después está la valoración del resultado y yo tengo buen sabor de boca porque el partido fue bueno”, aseguró.

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Respecto a ese partido, el técnico recupera a Pepe —no estaba al cien por cien— y podría dar descanso a Modric y Carvajal (apercibidos igual que Ramos y Coentrão). Pierde, sin embargo, a Karim Benzema. El delantero francés apareció ayer por el césped de Valdebebas con un vendaje en la rodilla derecha y abandonó la sesión de trabajo al resentirse de unas molestias en esa zona.

“No estará disponible ante el Málaga, pero lo vamos a recuperar para el miércoles. La baja de Karim no va a cambiar el dibujo. Pondré el mejor once posible para intentar ganar este partido. El Málaga es un rival peligroso”, analizó Ancelotti, que no se fía un pelo de un equipo que ya ganó al Barça en el Camp Nou. “Juegan con intensidad y dinamismo. Nos preocupa que hayan ganado en Barcelona. Tenemos que poner toda la energía que tenemos”.

Rotaciones, por lo tanto, las justas. Nada nuevo en la hoja de ruta de Ancelotti. “El de mañana [por hoy] es un partido y el del miércoles otro. El del Málaga no es un partido para dar minutos a Coentrão sino para ganar y seguir con la racha”, contestó el técnico cuando le preguntaron si hoy alinearía al lateral portugués para que coja ritmo de cara al partido de Champions. Con la ausencia de Marcelo por sanción, Coentrão es, a priori, la opción más natural que tiene Ancelotti para la vuelta de cuartos ante el Atlético. Pero el caso es que el lateral portugués se ha quedado fuera de la convocatoria y Marcelo será titular esta noche. ¿El miércoles? Ya se verá.

Coentrão, relevo natural de Marcelo para el miércoles, se queda fuera de la convocatoria

Tres son las opciones [cuatro con Bale, pero esa queda prácticamente descartada] que tiene para el carril izquierdo. Arbeloa y Nacho, los comodines de la defensa, y Coentrão. Nacho siempre que ha jugado ha cumplido: suma 924 minutos. No tiene, sin embargo, la experiencia de Arbeloa (1.669 minutos) para partidos decisivos. Por su parte, Coentrão apenas ha jugado 774 minutos esta temporada y no es titular desde el partido ante el Schalke (10 de marzo).

En una entrevista en Es Radio Ancelotti dijo que, si está bien, jugará el miércoles ya que hizo “una semifinal fantástica con el Bayern el año pasado”. El estado de forma del portugués es una incógnita. Lo ha sido toda la temporada. Los distintos problemas que ha ido sufriendo le han impedido jugar con el Madrid pero no con su selección. “Es muy intenso en los partidos, pero debe mantener esa intensidad en los entrenamientos, no siempre lo hace y eso repercute en su estado físico. Debe hacerlo para no tener riesgo de lesiones”, le criticó el técnico en Es Radio. En el Allianz Arena en las semifinales de Champions ante el Bayern sustituyó a Marcelo (entonces lesionado) con siete partidos de rodaje en las piernas. Venía, además, de jugar todas las eliminatorias desde la vuelta de octavos. Ahora no juega desde el 10 de marzo.

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Casadesús alivia al Levante

Con orgullo y corazón, limitado en el juego, el Levante alcanzó al final un empate balsámico, en el clásico arreón final del conjunto granota al calor de su afición. Víctor Casadesús, en la jugada más básica del fútbol cuando escasea el tiempo, un lanzamiento al aire desde la lejanía buscando un rematador en el área, logró marcar tras una dejada de Kalu Uche. Un gol, un punto que puede valer su peso en oro para el Levante, inferior al Espanyol en gran parte del partido, convencido el equipo de Sergio González de que la victoria que abastaba con orden y criterio, no se le escaparía. Perdonó el Espanyol y el Levante encontró alivio.

Con juego directo el Espanyol, con escasas y selectivas transiciones, obviando el centro del campo, al Levante le tocó llevar la iniciativa en el partido, poco dado a tales menesteres. El guión beneficiaba al conjunto de Sergio González, especialista en sacar rédito de la nada. El dominio ficticio del equipo granota no hacía cosquilla alguna al grupo perico. Un cuarto de hora tardó el Espanyol en cruzar el centro del campo. Y, en su primera acción ofensiva, cantó bingo. Un centro desde el costado izquierdo mal despejado por Simao, fue a parar a Víctor Sánchez cuyo tiro fue rechazado inocentemente por Mariño que dejó el esférico a los pies de Lucas Vázquez atento a la jugada.

El Espanyol sabe gestionar como pocos un resultado favorable. Pero en el fútbol suceden a menudo acciones episódicas que desmontan tácticas y equilibran el trabajo grupal. Si el conjunto catalán se adelantó en el marcador casi si proponérselo en una acción aislada, el Levante encontró rápida respuesta en la estrategia, tras un córner mal concedido por el juez de banda, lanzado este por El Zhar y rematado de cabeza por Simao de manera imponente, sin opción alguna para Kiko Casilla.

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Se encuentra cómodo el Espanyol en partidos de escaso ritmo y a ello se aplica. El orden le define. Lucas Vázquez pone la velocidad y verticalidad. Y Sergio García la distinción. Equilibrado el choque, del capitán perico nació la jugada del segundo gol españolista, culminado finalmente por Caicedo de un zurdazo a la escuadra de Mariño tras un pase filtrado de Víctor Álvarez. El delantero ecuatoriano, que no celebró el gol por su pasado levantinista, anotaba su noveno tanto del curso. Ya nadie discute en Cornellà-El Prat las prestaciones de Caicedo tildado de displicente en el inicio de temporada en la que le costó encontrar la forma y su espacio en el equipo. Aplaudió el Ciutat de València a Caicedo sustituido por Stuani al cuarto de hora del segundo tiempo.

Intensificó el ritmo y la presión el Levante en el segundo acto, descoordinado y discontinuo. Poca cosa para el Espanyol que creció con el avance del encuentro y que no supo concretar su dominio de la escena. Y al final, en una acción directa, el Levante encontró un empate de consuelo.

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Gaël Kakuta: “El secreto del Rayo Vallecano es Paco”

Gaël Kakuta (Lille, 23 años) se toma las cosas con tranquilidad. “Este siempre es de los últimos…Sigue en la camilla, dice que en un rato sale”, advierten los utilleros del Rayo que aguardan su salida para cerrar el vestuario e irse a casa. El rato se convierte en horas de espera. La cita era a las 14 horas, después del entrenamiento, y el extremo francés aparece a las 15.45. “Perdón por el retraso”, se disculpa en inglés. No habla nada de castellano pero asegura entender a Paco Jémez y su lenguaje futbolero. Titular indiscutible esta temporada (es el jugador más utilizado por el técnico) ha marcado 5 goles y dado 6 asistencias en 31 partidos. En Vallecas ha tenido la continuidad que le había faltado en los últimos seis años en los que ha cambiado seis equipos. A final de temporada volverá al Chelsea por el que fichó con 16 años en 2007. Ese traspaso le costó a él y al club una sanción de la FIFA.

Pregunta. ¿Qué es lo primero que hace cuando llega a una ciudad nueva?

Respuesta. Buscar buenos restaurantes para llevar a mis amigos a comer.

P. ¿Cuáles son sus restaurantes favoritos de Madrid?

R. Kabuki y Ten Con Ten.

P. ¿Dónde vive?

R. En Vallecas, cerca de la Ciudad Deportiva.

P. ¿Es cierto que venía a entrenarse en bicicleta?

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R. Sí, estoy a 5 minutos en bici de aquí y al principio siempre me movía con ella.

P. ¿Y después?

R. Los entrenamientos se hacían cada vez más duros y tuve que dejar la bici en casa porque acababa muerto. Ahora voy y vengo en taxi; a veces me llevan mis amigos.

P. ¿Cómo fue su infancia?

R. Crecí en Lille. Jugaba al fútbol todo el rato, antes de ir al colegio, después del colegio e incluso en el colegio en el descanso.

P. ¿Recuerda su primera pelota?

R. Era de plástico y duró muy poco. Acabó en el jardín de los vecinos y nos la pincharon.

P. ¿Qué fotos tenía en su habitación?

R. Zidane, Ronaldinho y, aunque suene extraño, Steven Gerrard. Zidane es el futbolista más elegante que se ha visto en un campo: conduciendo la pelota y pasándola. Todo lo hacía bien. ¡Y esas ruletas! Ronaldinho era magia. De Gerrard me encanta su garra y disparo.

Al principio venía a los entrenamientos en bici. Acababa muerto… ahora vengo en taxi”

P. ¿Qué le gusta del fútbol?

R. Marcar goles y tener el control del balón.

P. ¿Ha llorado alguna vez por el fútbol?

R. Llorar no, cabrearme sí, mucho, porque no me gusta perder.

P. ¿Qué sabía del Rayo antes de llegar?

R. Todo lo que me contó Mohamed Diamé de cuando estuvo aquí: que más que un club era una familia. Y es verdad, a mí me encanta además esta forma que tienen de ver y vivir la vida. La gente es cercana, solemos juntarnos todos a comer a menudo. Para mí esto es muy importante, te sientes parte de algo.

P. Paco Jémez es un personaje peculiar, más debe serlo para alguien que no habla castellano. ¿Cómo lo entiende?

R. Entiendo todo cuando habla porque el lenguaje del fútbol me lo sé, lo aprendí.

P. ¿Qué tipo es?

En mi habitación tenía

fotos de Zidane, Ronaldinho y Gerrard: la elegancia, la magia y la garra”

R. Es muy buen entrenador, siempre está encima de todos y eso para un futbolista es fundamental, para que mejore a diario. Si no sale bien algo a la primera lo repite y lo repite hasta que conseguimos hacerlo bien. Es un perfeccionista. Y cuando ve que te relajas y bajas el pistón, ahí está pidiéndote el doble. Con él no puedes desconectar, si desconectas, está fuera del equipo. Era el entrenador que yo necesitaba.

P. ¿Ha tenido algún entrenador parecido?

R. Sí, Fred Rutten en el Vitesse. Cuando bajaba la guardia y me relajaba era como Paco: me mataba. Me han venido muy bien ambos porque antes apagaba el interruptor y ahora ya no lo hago, siempre me mantengo alerta y centrado cuando hay que trabajar.

P. ¿Cuál es el secreto de este Rayo?

R. ¡Paco! El secreto es Paco y su forma de trabajar. Con otros entrenadores el Rayo no estaría donde está.

P. ¿Qué le pide en el campo?

R. Que dé el cien por cien. Me gusta esto porque ha habido partidos, por ejemplo, en los que no he jugado tan bien y pese a ello no me ha sustituido. Yo sabía que me merecía ir al banquillo y pensaba: vale, me está dando confianza, ahora se la tengo que devolver. Recuerdo el día del Almería que tuve un mal partido y en los últimos 10-15 minutos me decía a mí mismo: tengo que marcar, tengo que marcar para devolverle la confianza porque a estas horas debería estar sentado en el banquillo. Lo hice, esprinté y marqué.

P. ¿Por qué el Chelsea lleva años cediéndole todas las temporadas?

R. No sé, creo que para jugar en el Chelsea tienes que estar preparado porque es un club grande. No puedes bajar el nivel, siempre te piden lo máximo.

P. ¿Y ahora lo está?

R. Estoy cerca del mejor nivel: he jugado con continuidad, he sumado experiencia. Pero necesitaría jugar allí para verlo y responderle.

Con Paco [Jémez] no puedes desconectar, si desconectas, está fuera del equipo. Era el entrenador que yo necesitaba”

[Jémez]

P. ¿Cómo vive tener que hacer las maletas cada año?

R. Como una experiencia.

P. ¿Qué aprendió en Holanda?

R. La concentración, los movimientos defensivos y aguantar. Normalmente, cuando tenía algún dolorcillo o molestia no quería jugar. Recuerdo que antes de un partido contra el Feyenoord, le dije al entrenador: ‘Me duele una pierna, no voy a poder jugar’. Me dijo: OK. Me fui a casa y recibí un SMS suyo que ponía: ‘Creía que eras un hombre, me esperaba más de ti’. Fue duro, pensé: Dios mío, no voy a volver a jugar, los que jueguen ahora lo harán tan bien que me van a quitar el sitio. Así que al día siguiente le dije: oye, lo intento. Jugué contra el Feyenoord y jugué muy bien. El entrenador me dijo después del partido: ‘Felicidades, ahora eres un hombre. Te puse a prueba’. Desde entonces me dije: voy a jugarlo todo salvo que tenga una pierna rota.

P. ¿Y en Italia?

En Holanda aprendí los movimientos defensivos y a aguantar. Italia fue una prueba de vida. En España he aprendido a darlo todo por el equipo y a luchar” 

R. Jugué 20 minutos [en la Lazio]. Pero todos los días llegaba el primero a los entrenamientos, siempre iba encabezando las carreras y los ejercicios. Hasta el entrenador estaba sorprendido de verme así teniendo en cuenta que no jugaba nunca. Me lo tomé como una prueba de vida. Pensaba: si no superas esto, no vales para el fútbol. Me hizo aún más fuerte porque veía que pese a tener cualidades y a trabajar duro no me ponían. Y eso quería decir que no dependía de mí. Por eso me esforzaba tanto: para que, llegado el momento, podía demostrarles lo que valía. Me hicieron jugar un partido benéfico a final de temporada en Bulgaria, marqué un gol y di una asistencia. Después de aquello me dijeron que querían hacerse con mi ficha. ¿Me estáis tomando el pelo o qué? ¿Llevo un año trabajando y os fijáis en mí ahora?

P. ¿Y en Inglaterra?

R. Es un poco diferente porque llegué allí siendo muy joven.

P. ¿El hecho de que el Chelsea le fichara con sólo 16 años creó demasiada expectación y la cargó de demasiadas responsabilidades?

R. No creo, llegué allí siendo el mejor jugador de mi generación. No me ficharon por ficharme. Lo que pasó es que hubo tantos cambios de entrenador que tenía que empezar de cero todas las veces y fue difícil. Además, como iba con las selecciones inferiores de Francia, siempre llegaba con las pretemporadas ya empezadas y sin un sitio en el equipo.

P. ¿Y en España que ha aprendido?

R. A darlo todo por el equipo y a luchar en cada partido.

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El Barça gana sin bajarse del avión

Pendientes del teléfono móvil se subieron al avión las chicas de Xavi Llorens, con la atención puesta en el partido que enfrentaba al Atlético de Madrid y al Valencia que les podía dar el título. El empate en el campo del equipo colchonero (1-1) confirmó el título de Liga para las azulgrana, que conquistaron su cuarto campeonato seguido sin bajarse del avión. El vuelo que les llevaba a Oviedo, donde este domingo juegan en el campo del Oviedo Moderno (12.00), sirvió de escenario improvisado para la celebración. Alexia Putellas, delantera blaugrana, fotografió el momento con todas sus compañeras y el cuerpo técnico apiñados en los primeros asientos del avión.

Las azulgrana encadenan cuatro campeonatos consecutivos e igualan al Athletic Club de Bilbao y al Levante como equipos con más títulos de la Primera División Femenina (4).

El Barça sólo ha cedido un empate y tres derrotas, con un balance de 88 goles a favor y 9 en contra

El Barça se convierte en el primer equipo que gana cuatro títulos consecutivos, superando al Athletic y al Rayo Vallecano. Las vascas ganaron tres títulos entre 2003 y 2005, mientras que las madrileñas habían sido las más regulares durante los años 2009 y 2011.

Con un partido menos, y cuando aún quedan dos jornadas por disputarse, las chicas de Xavi Llorens son campeonas tras completar una campaña espectacular. Las azulgrana sólo han cedido un empate y tres derrotas en todo el campeonato, con un balance de 88 goles a favor y sólo 9 en contra. En el aspecto goleador, las azulgrana cuentan con un seguro de vida: Sonia Bermúdez. La vallecana suma un total de 20 tantos en 25 encuentros, uno cada 92 minutos. Le siguen Marta Corredera, con 11, Ana Romero, con 10 y Jenni Hermoso, con 9.

Al femenino azulgrana tan solo le falta extender su hegemonía en Europa, donde no pueden competir contra gigantes como el Wolfsburgo alemán, cuya sección está profesionalizada. La sección anhela dar un salto de calidad para poder ser competitiva también en la Champions. Para ello necesitaría un refuerzo económico que evite la fuga de talentos. Se trata de una sección semiprofesional y la mayoría de las jugadoras hacen compatible el fútbol con los estudios.

El equipo blaugrana cuenta con varias jugadoras internacionales. En el último partido de España, contra Irlanda, el seleccionador contó con Melanie Serrano, Marta Torrejón, Ruth García, Leire Landa, Virginia Torrecilla, Marta Corredera, Jenni Hermoso y Sonia Bermúdez. La selección española competirá en el Mundial de Canadá, entre el 5 de junio y el 6 de julio.

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Juega el Valencia, gana el Barça

El Barça perdió sensibilidad y ha ganado dureza y, sobre todo, tiene una admirable capacidad de supervivencia, expresada en circunstancias tan sorprendentes como la de marcar un gol en el primer minuto y el otro en el último, superior en las áreas y desbordado en la divisoria, ayer tomada por el Valencia. Hubo un momento en que pareció que al Barcelona le sobraba el balón, la cancha y el partido, y se abandonaba a la fortuna propia y a la desdicha ajena, tanto da, como quedó constancia en el penalti fallado por Parejo o parado por Bravo. El Barcelona se parece más que nunca a Luis Enrique.

El asturiano siempre fue un jugador extremadamente competitivo e indetectable para los defensas y hoy es un ciudadano aficionado a las pruebas extremas y un entrenador seguro de sí mismo, hasta cierto punto desafiante, dispuesto a desmentir a los que filosofan con el fútbol, siempre directo, resultadista a mucha honra, para nada ruborizado sobre el qué dirán sobre su equipo, si ya no seduce y solo gana, si es más guerrero que artista, si la bola puede ir de área a área y no de pie a pie, todos a una, como hace hoy por ejemplo el Valencia, abatido cruelmente por la puntera Luis Suárez y la bota de Messi.

El partido lo perdió el Valencia; no lo ganó el Camp Nou, un estadio de mosaicos más que de tambores, de cánticos y pancartas, siempre expectante, más crítico con el árbitro que intimidador con el contrario, por más que mediara la invocación de Luis Enrique. El técnico pidió que temblara el campo y llevara en volandas a sus jugadores y al final hubo muchos aficionados que ni siquiera vieron los goles porque acostumbran a llegar tarde y a retirarse antes de hora para evitar atascos en Barcelona. Así que el mérito de cuanto pasó para bien y para mal, de los tramos buenos y malos de costumbre, fue del Barça y de Luis Enrique.

El Barcelona, duro,  desafiante y competitivo, se parece más que nunca a Luis Enrique

El Valencia tiene la ideología, y también las costuras del mejor Barcelona, sobre todo por la valentía con la que afronta los partidos, la autoridad con que gobierna el juego, y más si el escenario es de la talla del Camp Nou. El equipo de Nuno nunca miró al marcador sino que se fijó en la pelota y en la portería de Bravo. Y si el resultado se puso de parte del Barça a los 55 segundos fue porque Luis Suárez acabó la jugada que había iniciado Parejo: Piqué se interpuso ante el centro del volante y armó un contragolpe vertical, muy bien conducido por la velocidad de Messi y rematado por el 9.

No sabían jugar los azulgrana con ventaja, seguramente porque se han olvidado de descansar con el balón, pendientes de ser más intensos que precisos, sometidos por la excelente presión del Valencia. El Barça solo ganó un duelo de los planteados: Messi le pudo a Orban en la acción del 1-0. No tenía más futbolista el Barça que al 10, asistente al inicio, después aglutinador del juego, siempre bien puesto en la cancha, tanto cuando daba salida al cuero desde la cancha propia como en el momento en que enfrentaba a la zaga comandaba por Otamendi y Mustafi. El fútbol y las oportunidades eran del Valencia. Bravo le paró un penalti a Parejo después que Piqué tirara a Rodrigo a la salida de un fuera de banda, Paco Alcácer remató a la base del palo y el portero le sacó dos balones de la bota al 9 de Nunes. Atrevido, armónico y bien armado, el Valencia fue el único protagonista hasta el descanso, cuando la hinchada salió disparada en busca de un buen trago para reponerse del susto, sorprendido por la vulnerabilidad del Barça, por la exuberancia del Valencia y por el arbitraje crispante de González González, incapaz de atender tanta tralla y de entender a Messi.

Atrevido, armónico y bien armado, el Valencia fue el único protagonista hasta el descanso

El 10 descifró las pocas jugadas que dibujó el Barça y marró también el 2-0 en un remate con la derecha ante Diego Alves. Los azulgrana solo sobrevivieron en las porterías, faltos de pausa y de control, desbordados por los dos costados, el de Alves y el de Adriano, confundido en la medular por la presencia de Busquets como interior y de Mascherano, igual que ya ocurrió en Mestalla. Apremiado por un calendario agotador y exigente, Luis Enrique cambió a un futbolista por línea y el Barça quedó a merced del Valencia. Mal organizado, perdía la pelota continuamente, no tenía salía desde su cancha y concedía ocasiones continuamente.

El Valencia acentuó su determinación con el cambio de un lateral defensivo por uno de ataque (Gayà-Orban) mientras el Barça se corrigió estructuralmente: dejó en la caseta a Adriano para que entrara Rakitic y Mathieu pasó al costado izquierdo de la defensa, como ya pasó en el Bernabéu. Apareció Xavi y el equipo se entregó a posesiones muy largas, dispuesto a calmar la contienda y a domar al Valencia. Ocurre que no todos los futbolistas tienen la misma concepción del juego: unos aceleran, otros retienen, los hay que pasan y también quienes regatean, los diez pendientes del decisivo Messi.

No tenía más futbolista el Barça que a Messi, asistente al inicio y después aglutinador del juego

Mejoró la mecánica del Barça. Jugaban al menos centrocampistas en el centro del campo y se estabilizó el juego para desdicha del Valencia, que desfalleció poco a poco, reventado y desengañado, contrariado porque se le negó el gol durante el meneo que ofició en el primer tiempo mientras los azulgrana acabaron cantando dos en tres remates, el último de Messi en un mano a mano con el portero después de lanzar una falta a la cruceta de Diego Alves. El 10 metió el gol 400, el 46 de la temporada, y Luis Suárez, el 19º, 12 en los últimos 12 partidos, algunos decisivos como los de París.

La efectividad azulgrana fue tan rotunda como la esterilidad del Valencia, un señor equipo, 10 partidos invicto hasta ayer, más consistente que el Barça, de nuevo ganador sin discusión: 2-0. Palabra de Luis Enrique. A ver quién le lleva la contraria.

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Narices de coliflor

Aparte de que el dueño es un siniestro magnate ruso, el entrenador es un payaso maquiavélico, el capitán es un personaje singularmente repelente, el equipo increpa a los árbitros con más deliberado cinismo que cualquier otro de la Premier League y, encima, va primero en la tabla, cuesta entender porqué el Chelsea es el equipo que más insultos recibe a través de las redes sociales ingleses.

Una organización llamada Kick It Out dedicada a combatir la discriminación en el fútbol publicó esta semana un análisis estadístico de los mensajes abusivos dirigidos a equipos y jugadores de la Premier vía Twitter, Facebook y varios foros o blogs en internet. Descubrió que desde el comienzo de la temporada actual hubo 134.400 mensajes de esta naturaleza, la cuarta parte de ellos de corte racista, la quinta parte, homófoba. También hubo referencias groseras a las mujeres, al Islam, a los judíos, a los discapacitados, a la gente mayor y a los transexuales. Las principales víctimas fueron el Chelsea, que recibió 20.000 de estos mensajes, y el jugador del Liverpool Mario Balotelli, primero en la lista individual con 8.000.

Se supone que todo esto es motivo de alarma social. Según Kick It Out, “el nivel de abuso es asombroso. Debemos hacer todo lo que podemos como colectivo para proteger a aquellos que reciben estos insultos discriminatorios”. Pero ¿realmente es tan grave la situación? ¿No podría uno argumentar que lo asombroso de estas estadísticas es más bien que son tan pocos los que insultan?

Desde agosto hubo 134.400 mensajes insultantes en las redes, la cuarta parte racistas

En Reino Unido hay diez millones de personas que usan la red social Twitter, 24 millones que están en Facebook. Si suponemos que aquellos 134.400 mensajes abusivos provienen de, digamos, 50.000 individuos (aunque seguramente la cifra real sea más baja), estamos hablando de un pequeñísimo porcentaje de la población que utiliza los medios sociales. Podemos afirmar con bastante seguridad que más de un 99% no lanza insultos feos nunca, lo cual, invirtiendo la lógica de los de Kick It Out, sugiere que el mundo futbolero inglés es, contrario a todo lo que uno suponía, admirablemente civilizado.

Que tanta gente haya reprimido la tentación trolera de escupir barbaridades al equipo de Roman Abramovich, José Mourinho y John Terry o al jugador negro italiano Balotelli (que, por cierto, tiene cierta fama de provocador en las redes) es realmente lo que más llama la atención del estudio que ha hecho Kick It Out.

Quizá deberíamos tener otras prioridades. Como combatir la pobreza, la malaria, el paro

En cuanto a la afirmación de que le incumbe al colectivo de la sociedad “proteger” al Chelsea, Balotelli y compañía, la pregunta es ¿protegerles de quién? ¿De un sector vomitivo pero minúsculo de la sociedad definido por Andrew Marr, célebre periodista político de la BBC, como un grupo de “jóvenes ineptos sociales, solteros, calvos, rancios, con granos en las caras y narices de coliflor sentados en los sótanos de las casas de sus mamás”?

Quizá deberíamos tener otras prioridades. Como combatir la pobreza, la malaria, el paro, el Estado Islámico, Goldman Sachs, Putin o la dinastía Clinton-Bush. En el ránking de los desprotegidos de la tierra el colectivo multimillonario del fútbol profesional inglés no ocupa el primer puesto. Ni los primeros 100.000. Cualquiera que se dedica a entrenar o a jugar al fútbol al máximo nivel sabe que recibir insultos viene incluido en el precio que debe pagar por el enorme salario que recibe. Es lamentable, por supuesto, que de los 8.000 insultos tuiteros o facebookeros que recibió Balotelli en los últimos nueve meses, la mitad hubieran hecho referencia al color de su piel, pero esto no significa que exista un grave problema de racismo en Inglaterra. Racistas siempre va a haber y que, según estas cifras, sean tan pocos es motivo de bastante consuelo. Un consuelo menor es que los tristes frustrados que no tienen nada mejor en sus vidas que tuitear estupideces al menos poseen el mínimo criterio moral como para señalar al Chelsea como el equipo inglés que más improperios se merece.

Pero lo mejor, repetimos, es que haya una mayoría tan abrumadora de futboleros que se resista a sucumbir a semejantes sandeces. Incluso hay gente que dice cosas muy bonitas, como el delegado de la Concacaf, la asociación de fútbol que representa a Norteamérica, Centroamérica y el Caribe, que declaró esta semana que Sepp Blatter, el presidente de la FIFA, era una figura comparable a Jesucristo, Mandela, Churchill, Lincoln, Luther King y el profeta Moisés. Indudablemente, el ejemplo a seguir.

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